Memoria y ruinas

“Los centros históricos en otras ciudades tienen a los ciudadanos como personas depositarias de una mejor calidad de vida”.

Eloy Jáuregui
05 Nov 2019 | 1:28 h

El Centro de Lima nos sigue preocupando. Se incendió el edificio Giacoletti de la Plaza San Martín. Y ahí quedó. Hace unos días se derrumbó parte de una casona del siglo XIX del jirón Carabaya y las ruinas se lucen como retrato de una ciudad sin pasado ni alma.

No voy a negar que existen intentos valiosos. Colectivos como Lima Cómo Vamos que organiza debates desde una óptica multidisciplinaria las mejoras de la capital. Igual, arquitectos y urbanistas como Augusto Ortiz de Zevallos tratan de dar soluciones a una mejor urbe azotada por las siete plagas.

O reproduzco la opinión de Vladimir Velásquez de Lima Antigua, quien afirma que al alcalde Jorge Muñoz se le ha presentado la brillante oportunidad para marcar la diferencia porque será el burgomaestre del bicentenario. Igual, ProLima tiene la ocasión de dejar de ser un ente burocrático y ser émbolo en el cambio.

Los centros históricos en otras ciudades como La Habana o Bogotá tienen a los ciudadanos como personas depositarias de una mejor calidad de vida. Y Lima no puede padecer de este desorden y caos de todos los días. Soy limeño y vivo enamorado de mi ciudad que me la arrebatan a cada momento y que espera que el municipio enrumbe el camino y nos entregue una Lima con futuro.

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