La otra Meche

“Hoy una fanática religiosa presidiendo la Comisión de Educación, arrullada por voceros de ‘Con Mis Hijos No Te Metas’, nos arrastra hacia atrás. ¿Dónde estás, Mercedes Cabello?”.

Maruja Barrig
23 09 2019 | 00:48h

Si eres una feminista que publicaste cinco novelas, escribiste en los diarios y revistas más importantes de Lima, te involucraste socialmente abogando por la justicia, y terminas tus días en un manicomio, ¿cómo se llama la obra?

Una búsqueda superficial por internet, nos cuenta que Mercedes Cabello, nacida en Moquegua en 1845, fue una escritora que perteneció a una generación de intelectuales, que se pronunciaron por los derechos de las mujeres. Pero casi invariablemente, al final de las reseñas breves sobre su vida, aparece el dato: murió recluida en el manicomio. Genera un cierto desasosiego el perfil de Mercedes, unido a un destino fatal que podría resumirse en un reproche ¿ven lo que les pasa a las feministas por respondonas?

Nuestra Meche del siglo XIX no hubiera podido imaginar que una tocaya suya fuera vicepresidenta del Perú en el siglo XXI. Nacida en una acomodada y culta familia moqueguana, migró muy joven a Lima a encontrarse con uno de los pocos destinos que su siglo le deparaba a las mujeres: el matrimonio. Según Ismael Pinto, uno de sus biógrafos más autorizados, el Carbonera, su marido, era un tarambana mujeriego que la habría contagiado de sífilis. Y aunque el matrimonio duró menos de cinco años, la infección, incurable en aquellos tiempos, le duró a Mercedes para siempre, hasta el fin de sus días. La bacteria le produjo una “neurosis” inmanejable para sus familiares, que decidieron internarla en el manicomio del Cercado hacia fines del siglo. Allí murió en 1909.

¿Qué hizo de Meche una neurótica para la sociedad limeña? Escribir a favor de la educación de las mujeres, pero especialmente del trabajo para ellas, pues la sujeción a las que se encontraban con el matrimonio les recortaba su autonomía. ¡Triste destino el que le depara a la mujer nuestras sociedades! Convertirla en un instrumento, en un objeto indispensable para la diversión y la alegría de los demás! escribió. Y al año siguiente, en 1875, aseguró que: La historia de la esclavitud y el envilecimiento de la mujer es la historia de la barbarie y el embrutecimiento de los pueblos. En Blanca Sol, una de sus novelas, arremetió contra la aristocracia limeña. Uno de los comentaristas de su vida y obra reseñó lo que podría ser una justificación para su encierro: Cabello sufría depresiones y se mostraba “intolerante” ante personas e instituciones. Y cómo no serlo.

En 1898 abrió una agria polémica pública cuando afirmó que “La religión no debe enseñarse en los colegios. Pues de esos colegios de monjas salen las mujeres ociosas, egoístas. E incluso criticó que ex – alumnas de un colegio de monjas le hubieran regalado a un destacado monseñor: “ Una cruz de brillantes que ha costado más de cinco mil soles, cuando Lima está poblada de niños anémicos que por causa de su mala alimentación, nacen raquíticos”. Así que nuestra Meche, era no solo feminista sino casi una caviar comunista, que abogaba, además, por una educación laica. Consuela pensar que no estaba loca, solo adelantada a su tiempo. Pero no: hoy una fanática religiosa presidiendo la Comisión de Educación del Congreso, arrullada en el Hemiciclo por los voceros de Con Mis Hijos No Te Metas, nos está arrastrando hacia atrás, a un retroceso de 150 años para discutir lo mismo. ¿Dónde estás, Mercedes Cabello? Te necesitamos.

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