Las torturas de “conversión”

Sigrid Bazán
14 Aug. 2019 | 05:18h

Esta columna es una alerta a las familias y un recordatorio a las autoridades. No es la primera vez que escuchamos de centros religiosos de “conversión” (que en realidad son centros de tortura) para personas gays, lesbianas, bisexuales, transexuales… todas abusadas por falsos pastores que solo buscan el dinero y el beneficio propio en la fe de la gente.

Melissa Goytizolo y Fabiola Torres son dos periodistas que decidieron investigar esto. Y es que pese a que la orientación sexual e identidad de género dejaron de ser consideradas enfermedades hace mucho tiempo, aún existen “clínicas” en donde se recetan inyecciones de hormonas, se induce a la masturbación, se muestran videos pornográficos y hasta se exige mantener relaciones sexuales para “curar” a personas LGTBIQ.

El informe de las periodistas describe estos crueles métodos llamando la atención a un problema no solo de salud pública, sino también de organizaciones que delinquen bajo la fachada de organizaciones religiosas.

Si el Comité Contra la Tortura de la ONU ha calificado a estos métodos para “curar la homosexualidad” como formas de tortura, no cabe duda que aquí debiese entrar a tallar el mismo principio apoyado en la ley.

Claro que quienes dirigen estos centros de la tortura y el delito son estafadores de grueso calibre y tienen los bolsillos llenos. El Aposento Alto es uno de ellos y su líder, el pastor Alberto Santana, posee su propio “Hogar de Restauración Espiritual de Prostitutas, Lesbianas, Gay, Transexuales y Bisexuales”. Recordemos que Santana hizo noticia por la disputa de la explanada del Matute, por haber apoyado en la campaña de Keiko Fujimori y por tener un gran patrimonio que comprende desde emisoras radiales hasta colegios.

El Movimiento Misionero Mundial, también mencionado en el reporte periodístico por tener estos “centros de conversión”, es otro negocio redondo. En su momento registró ingresos por más de 7 millones de soles anuales y también estuvo involucrado en la campaña del fujimorismo, con un discurso homofóbico dirigido a los más conservadores.

En nuestro país no hay leyes que protejan a la población LGTBIQ. No hay ley contra los crímenes de odio, no hay norma que sancione estas mal llamadas “terapias” que en realidad son tortura. Nuestro país sigue creyendo en que la homosexualidad se cura con exorcismos y no se hace nada para proteger la identidad e integridad de todas las personas por igual. Mientras periodistas como Melissa y Fabiola sigan investigando, más al descubierto quedarán estos abusadores y más en ridículo quienes no hacen nada para detenerla. Va tocando un cambio.