La noche oscura del alma del macho

“La paradoja estriba en que mientras más avanzan las mujeres en la reivindicación de sus derechos, mayor es la tasa de feminicidios”

Jorge Bruce
05 Ago 2019 | 1:04 h

Me hubiese regocijado dedicando esta nota a dos éxitos nacionales espléndidos: La Feria del Libro de Lima y los Juegos Panamericanos y Parapanamericanos. Pero la portada de La República del domingo me llevó por otra senda: la noche oscura del alma del macho. Los feminicidios en el Perú alcanzan cifras de espanto, según afirma Eliana Revollar, vocera adjunta de los Derechos de la Mujer de la Defensoría del Pueblo. Según detalla Óscar Chumpitaz en su nota, “El Perú tiene 4,7 veces más feminicidios que Luxemburgo; 3,6 más que Austria y 3,2 más que Suiza”. En ese medallero siniestro, estamos siempre en el podio.

Paradójicamente, el empoderamiento gradual de las mujeres es el que solivianta y aterra a los varones, quienes ven el desmoronamiento del predominio patriarcal con un terror sin nombre. Así, cuando Clorinda Laura Bonifacio acudió a denunciar por violencia familiar a su pareja, Calixto Charaña Chambilla, en Tacna, la lentitud de la fiscalía permitió que él continuara golpeándola hasta que la asesinó. Los celos de Calixto, aducidos como motivo del crimen, encubren el pánico a la destitución de un sistema en el que el hombre posee a “su” mujer.

La paradoja estriba en que mientras más avanzan las mujeres en la reivindicación de sus derechos -como el de decir no a una pareja tóxica y violenta-, mayor es la tasa de feminicidios. Pero, como en el caso de Clorinda, la paradoja puede operar por la incapacidad de las autoridades para asumir la defensa de las mujeres amenazadas, violentadas y asesinadas por esos machos espantados.

En la pornografía las actrices siempre dicen sí (en sentido literal y figurado). En las pornos no hay, como diría Vallejo, “Marías que se van”. En el imaginario machista, tampoco. En su entorno doméstico, ahí donde se producen la mayoría de feminicidios (56%), el macho se alucina dios. En la calle, es otra historia. Una historia a menudo tejida de frustración, fracaso y rabia.

La realidad, como lo muestra el caso de Arlette Contreras y el prófugo Adriano Pozo, es compleja. Lo invariable consiste en que para el machismo la libertad femenina es una amenaza aterradora. Esta ideología no es exclusiva de los hombres, como sabemos. De ahí que para los grupos ultraconservadores, como los de Con mis hijos no te metas, la sola mención de la palabra “género” sea una blasfemia.

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