Cultura de la violación

“Era la gran oportunidad de la justicia para redimir a Arlette y la ha tirado por la borda”

Gabriela Wiener
12 07 2019 | 00:47h

Algunos se sorprendían de que muchas rechazáramos el fallo contra Adriano Pozo, que dijéramos “solo lo han condenado por tentativa de feminicidio”. Ese “solo” les chirriaba. Sí, once años de cárcel no es poca cosa para nadie y es el delito más grave de los que se le acusaban. ¿Por qué entonces el fallo nos sabe a poco, es injusto, insuficiente, revictimizador, por qué Arlette está destrozada y va a recurrir, por qué las que defendemos los derechos de las mujeres estamos indignadas al oír a los jueces?

El caso de Arlette Contreras es emblemático: entraña un tipo de violencia de género específica, la ejercida dentro de la pareja. La sociedad peruana pudo por fin ver la diferencia entre ese horror y una bronca de enamorados, el por qué esa violencia, física y sexual, no pertenece al ámbito de lo privado, que es delito y debe castigarse. Aprendimos que no se puede seguir normalizando la violencia contra las mujeres.

Miles de mujeres son asesinadas por un hombre que las quiere suyas a cualquier precio. Por eso, admitir intento de feminicidio y desestimar la de violación de Pozo es puro machismo y cultura de la violación. Es inaudito que los jueces hayan dicho que “es poco probable que quisiera abusar de su víctima, y luego trate de victimarla”. Ni las medias desgarradas, ni la falda levantada, ni el video en el que la persigue calato. Nada es probatorio para ellos, más bien que esté borracho es atenuante.

¿De qué pleistoceno del derecho salieron? ¿Cómo es posible que los jueces en violencia de género tengan esta preparación y sensibilidad nulas? En consonancia con esta mirada patriarcal del drama de Arlette no ha sido dictada la orden de captura de Pozo y está no habido. Era la gran oportunidad de la justicia para redimir a Arlette y la ha tirado por la borda.

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