Gilda Mantilla: “En el Perú desenvolverse en un medio underground no es una decisión sino una consecuencia”

Artista plástica. Estudió pintura en la facultad de arte de la PUCP. En los 90, su obra estuvo centrada en la exploración de la imagen de la mujer. A partir de 2005, empezó una serie de colaboraciones con el artista colombiano Raimond Chaves. Cibercafé

Artista plástica. Estudió pintura en la facultad de arte de la PUCP. En los 90, su obra estuvo centrada en la exploración de la imagen de la mujer. A partir de 2005, empezó una serie de colaboraciones con el artista colombiano Raimond Chaves. Cibercafé

Desde mayo de este año (y hasta noviembre) el Perú tiene por primera vez un pabellón en la prestigiosa Bienal de Venecia, una de las cumbres globales del arte contemporáneo. La responsabilidad de esa representación ha recaído en la artista plástica Gilda Mantilla, quien junto a su pareja artística y personal, el colombiano Raimond Chaves, ha realizado la instalación titulada 'Ruinas fuera de lugar'. En ella “abren” el concepto de ruina hacia nuevas lecturas: el turismo, la debacle económica de las pasadas décadas, el deterioro moral, incluso la propia representación cultural… “Nos interesan esos momentos de cruce —dice Mantilla—, de identificación, extrañamiento y hasta cortocircuito que se generan en el roce de dos o más realidades”.
 
¿Cuál es el Perú que entiende o intuye quien visita 'Ruinas fuera de lugar' en Venecia?
 
Nunca pretendimos representar al Perú o a una idea de él en clave de retrato. Nuestra operación conceptual ha tomado como punto de partida algunas lecturas asociadas a la imagen del país, y de ahí la figura de la ruina como metáfora. Ruina en el sentido de vestigio arqueológico —una lectura muy presente gracias al boom del turismo—, pero que también se puede asociar a la idea de ruina por causa de la crisis económica y la violencia política. En ese punto, en que la metáfora de la ruina ya no se refiere sólo a un lugar particular y empieza a referirse al estado crítico de muchos de los paradigmas que hemos asociado a nuestra idea de futuro: progreso, trabajo, democracia, libertades, derechos etc… Una ruina compartida por todos.
 
¿Cómo fue el proceso de selección de la delegación peruana en un festival así de importante? 
 
Se invitó a un número de curadores de arte locales a presentar sus propuestas ante un comité convocado por la Fundación Wiese y compuesto por representantes de diversas instituciones del medio artístico. Uno de estos curadores fue Max Hernández Calvo, quien a su vez nos invitó a nosotros a pensar y elaborar un proyecto con un ánimo de abierta colaboración. A partir de nuestras discusiones con él y basándonos en nuestro trabajo previo es que llegamos al diseño de la propuesta que finalmente fue seleccionada a participar en la Bienal. 
 
Llevas más de una década trabajando a cuatro manos con el artista colombiano Raimond Chaves, que es además tu pareja. ¿Qué encuentras en esta complicidad que no encuentras en solitario? 
 
Conocí a Raimond en el 2001, en un taller que dio en Lima, y casi inmediatamente comenzamos a colaborar y trabajar en dupla. Es una forma natural de compartir el tiempo, los intereses, las preocupaciones y las pasiones. Puede ser ideal tener ambas experiencias, la del trabajo individual y la del compartido con tu pareja, pero no siempre es fácil ni fluido. Afortunadamente puedo confiar en que Raimond —aunque sea mi compañero— no me va a dar la razón en todo ni me va a hacer las cosas más fáciles necesariamente. 
 
Durante años la mujer fue tema central de tu trabajo. Tú y Natalia Iguiñiz, por ejemplo, trabajaban con la autorreferencia, algo que fue frecuente en los años 90.  ¿Cómo crees que ha evolucionado la iconografía en torno a la mujer y la reflexión política acerca de su lugar en la sociedad actual en el arte visual peruano? 
 
No estoy segura de que sea desde la pintura desde donde se están abordando esos temas hoy, quiero decir que no estoy segura de que sea en ella donde se elabora la reflexión política en el arte. Veo más bien que las cosas se están jugando en el ámbito de la acción concreta, en intervenciones en el espacio público como La Alfombra Roja y otras acciones y manifestaciones relacionadas directamente al problema de las derechos sexuales, de reproducción y de identidad de género. En el ámbito más preciso del arte contemporáneo he visto recientemente la exposición curada por Natalia en la Sala Miró Quesada, 'Pequeñas historias de maternidad', y me gustó porque pienso que es importante no dejar esos temas sólo a los medios masivos ni a la educación más convencional, ni a la publicidad.
 
Te fuiste de Art Lima y junto a Raimond enviaste un comunicado contundente de deslinde. ¿Cuáles son los principales obstáculos que tiene que enfrentar en el Perú un artista en su trato con lo institucional, ahora con este alcalde, además? 
 
La institucionalidad que existe desconoce o no se interesa por lo que puede ocurrir con o desde el arte y la cultura. No se entiende su rol, su importancia ni sus condiciones y necesidades. Se maneja un concepto que es más bien de espectáculo y que se pretende confundir con el de cultura en general. Esto la mayoría de las veces no es inocente ni desinteresado y tiene consecuencias nefastas. Desenvolverse en un medio independiente o underground en nuestro país no es siempre una elección sino simplemente la consecuencia del inexistente acceso a opciones institucionalizadas y justas. El problema es que parece que el mercado del arte termina siendo el único horizonte al que aspirar. Nadie se preocupa de fortalecer la educación artística, el acceso a recursos concursables, los espacios de crítica y discusión, etc… 
 
Cuando ves el video de la performance de Marina Abramovich en el MOMA, en la que se reencuentra con Ulay, su viejo compañero de viaje artístico, en la mesa, frente a frente, y ambos lloran… ¿qué es lo que sientes o piensas? 
 
Entiendo la intención de Abramovic con esa performance y en general aprecio mucho su obra. Pero ante ese preciso instante del registro en video pienso en ¿por qué tenemos que ver eso? y ¿cómo es que con nuestra mirada lo estamos volviendo un espectáculo? A nivel de emociones, toda la puesta en escena es un removedor de la sensibilidad sin pierde, pero es una de esas cosas que creo que no tengo por qué presenciar. Hay espacios ajenos en los que no quiero entrar y propios donde no quiero que nadie más entre.
 
Si te separaras de Raimond, no sé si después de recorrer la muralla china o alguna otra fortaleza… ¿dónde te gustaría encontrarte con él años después?
 
El lugar no importaría demasiado.
Te puede interesar

CONTINÚA
LEYENDO