Tacna: Los caídos que esperan contar su historia a 139 años de la batalla del Alto de la Alianza [FOTOS]

La Republica
Luciana Cuentas

La arena del desierto puede contar más historias que el papel. El escenario histórico de la batalla del Alto de la Alianza, situado en Tacna, guarda vestigios que tienen la capacidad de refutar y cambiar la historia oficial. La memoria de los desaparecidos en la guerra y que esperan que toda la verdad sea contada.

 

Mientras amanecía el 26 de mayo, y se iniciaban los preparativos para la ceremonia de conmemoración de la batalla que llevó a la toma de Tacna (1880), un grupo de peruanos y chilenos se alistaban a partir en caminata desde el ingreso con dirección a la meseta del cerro Intiorko en la que se encuentra el museo de sitio y zona histórica del Campo de la Alianza.

Dos horas de camino cortando las quebradas del Intiorko los llevó hasta zonas poco exploradas y desconocidas dentro de la narrativa tradicional de la guerra. Se trata de un espacio en el que se pueden encontrar objetos que nos remontan a la batalla previa a la ocupación; utensilios, municiones, restos de metralla, casquillos, botones y distintivos de los uniformes de los caídos, que parecen avisarnos de su presencia. A los extremos del terreno, unas seis fosas comunes albergan a miles de bajas, la mayoría del ejército boliviano aliado al Perú.

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Pese a ser una zona intangible, se encuentra a disposición de quienes podrían buscar piezas que forman parte de la historia de la guerra, pero no con fines de conservación. Existe un mercado negro permanente para todo tipo de material hallado en lugares históricos y que, por desinterés de los niveles de gobierno, siguen sin ser explorados y valorados en su real dimensión. La puesta en valor debería alcanzar también a la  protección del escenario para evitar la presencia de quienes pudieran pretender traficar con las piezas que son parte de este episodio de la historia.

El 2015, la arqueóloga Patricia Vega Centeno encabezó el equipo que recuperó los cuerpos de un oficial peruano y dos bolivianos. El oficial peruano de aproximados 30 años, fue llamado “Felipe”, y para el 2016 se las pruebas de ADN determinarían un grado de compatibilidad con la familia del novel Mario Vargas Llosa. El oficial Llosa fue llevado con honores a la capital, pero quedó luego en un nicho del cementerio Presbítero Maestro con una placa que lo señala como un soldado desconocido de la Guerra del Pacífico.

Gary Osorio, quien participó de dichos trabajos y organizó el recorrido en Tacna, indica que el proyecto de Vega Centeno era la de realizas una prospección en el sitio histórico, con miras a futuras excavaciones, pero el presupuesto del Estado para estas actividades es siempre limitado. Explicó que el escenario de la batalla guarda tal cantidad de restos que podría convertirse en un espacio para años de estudio. Lo que falta, es el apoyo gubernamental e incentivos para que privados ayuden a financiar proyectos de investigación, difusión, y producción que fomente la puesta en valor de la zona histórica.

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Al hallazgo de “Felipe” siguió una ley que declaraba el interés por la intangibilidad del espacio y el proyecto para la instalación de un santuario de guerra. El Comando Conjunto avanzó un anteproyecto para un mausoleo, pero toda la idea quedó observada por el Ejecutivo, debido a la falta de presupuesto para mantener a un batallón encargado del espacio. 

Cuando los primeros rayos del sol empiezan a calentar, las capas más bajas de la arena permanecen frías y recuerdan que han estado inmóviles por los últimos 139 años. Ni los lejanos cañonazos de salva, que anuncian el fin de la ceremonia oficial, parecen retumbar tanto, como el pedido de la tierra por contar la historia.  

NOTA

Los restos hallados fueron dejados en su lugar luego de registrar su geolocalización.