Soberbia y tráfico vehicular

Roxana Mamani
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Para disminuir el caos vehicular, en Perú se debió implementar medida similar a la aplicada en Colombia conocido como "pico y placa". 

César Caro

Hace casi un año, osé sugerir a un importante personaje del gobierno actual la posibilidad de implementar como una medida temporal —aunque en el Perú usualmente lo transitorio se hace eterno—, con el objeto de amenguar el caos vehicular, una norma similar a la existente en varias ciudades de Colombia, la cual se conoce como “Pico y placa”. 

Esta guarda cierta similitud con el sistema de calcomanías, implantado durante el gobierno del general Velasco para disminuir el consumo de combustible, cuyo precio se había disparado por la situación en Medio Oriente

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Las calcomanías eran rojas (sus poseedores no podían circular ni lunes ni miércoles) o blancas (sus poseedores no podían circular ni martes ni jueves). Posteriormente, aparecería una calcomanía celeste, principalmente usada por los profesionales del volante o las movilidades escolares, que necesitaban circular los “días útiles”. Estos últimos no podían circular ni sábados ni domingos.

Pues bien, la idea le pareció buena al citado funcionario.

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Pasaron los días y tuve nuevamente la oportunidad de coincidir con aquel; entonces, abusando de la confianza y la amistad, le pregunte si habían analizado en su sector la posibilidad de implementar en algunas ciudades del Perú medidas similares, a lo que me respondió: “¡No!... El jefe no quiere porque dice que una gran parte optaría por comprarse otro carro”, a lo cual tan solo me quedó decir con una sonrisa entre labios: “¿Acaso no es cierto que aquellas familias que tienen recursos hace rato que tienen más de un vehículo? Y por último, de producirse ello, las compras contribuirán a dinamizar la economía”.

Pero, ironías aparte, me atrevo a pensar que una disposición de ese tipo disminuiría el tráfico y, por consiguiente, el caos vehicular, al menos en un 30%.

Sin embargo, al margen de que se tome o no alguna decisión al respecto, lo preocupante es la falta de capacidad o personalidad de muchos funcionarios a todo nivel, que callan u optan por el “sí, señor” ante la opinión del superior, sin intentar siquiera recurrir a estudios técnicos objetivos, dando lugar a que continúe vigente aquella frase lapidaria: “En el Perú hay dos clases de problemas: los que se arreglan solos y los que no se arreglan nunca”. En tanto, muchas autoridades siguen a cabalidad el precepto: “A mis amigos todo, a mis enemigos la ley”.