Arequipa: El soldado Nick no tiene huellas de lesiones recientes según informe médico

La República
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EXAMEN. La República obtuvo el certificado médico legal del Ministerio Público que descarta agresiones. Lo que sí confirma es un cuadro de psicosis aguda. Un examen puntual de tortura podría determinar si hubo o no violencia contra él.

Arequipa. Nueve y media de la noche del 2 de marzo pasado, la teniente Pamela Francia es alertada de que el cabo Nick César, de una de las unidades del cuartel de Tiabaya-Arequipa, estaba hablando incoherencias. Además, quería salir a pasear en buzo desafiando el frío nocturno. Lo calmaron, pero solo hasta el domingo en la madrugada. A esa hora, el técnico Luis Amanqui llamó a su tío Eleuterio Garita Mamani para informarle lo que ocurría. 

En la versión de Amanqui, Eleuterio confirmó que su sobrino no era el mismo, tenía conductas raras. Esos comportamientos extraños, presentados desde enero, también fueron referidos por la misma familia, cuando semanas después lo internaron en el Hospital Militar de Arequipa. Por ejemplo, testimoniaron haberlo encontrado desnudo y quemando papeles, también que tenía miedo a la oscuridad o a acostarse en el dormitorio de la tía y con su bata.  

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Nick pasa más tiempo en la casa de su tío Eleuterio, quien es su apoderado desde que sus padres están separados. Esa madrugada el tío se llevó al soldado y, en la unidad, le dieron permiso hasta el 8 de marzo. El comandante Bruger Huamaní Chirinos, el técnico Amanqui, el padre del soldado —Nicolás Tito— y el tío apoderado se reunieron esa misma fecha. Ahí, tío y padre pidieron asistencia médica para Nick y su baja. Pero antes de este encuentro, la familia por cuenta propia llevó a Nick al Policlínico Espíritu Santo. Le diagnosticaron trastorno paranoide y dolor en el tórax (la familia dice que esto se debe a descargas eléctricas aplicadas en el Ejército, aunque eso no está en el documento médico).

La familia Tito denunció al Ejército de tortura con descargas eléctricas, violación sexual y secuestro contra Nick, quien brinda el servicio no acuartelado hace un año y tres meses. De lunes a viernes, estudia en el Instituto Pedagógico y solo los fines de semana acude a la institución castrense. Según Bruger Huamaní, en estos últimos tres meses, se acuarteló menos de siete días. Le daban facilidades para que estudie. Era muy bueno, destacaba por sus notas, dijo Huamaní.

La denuncia de tortura contra este soldado ha movilizado a la sociedad civil. Sin embargo, ha sido puesta en entredicho por algunos documentos obtenidos por La República. Uno de ellos, el  informe elaborado por el Instituto de Medicina Legal del Ministerio Público. En la evaluación realizada al paciente, participó la jueza Flor Graciela Nio López, quien debía resolver un hábeas corpus planteado por el padre para retirar a Nick del hospital Militar de Lima, a donde se le refirió desde Arequipa. El examen concluye que en la piel no se evidencian lesiones traumáticas recientes, lo que descartaría la tesis de las torturas. Los aparatos respiratorio y cardiovascular están casi normales, mientras que no se dejó evaluar el genitourinario. Pero este examen si confirma el trastorno psicótico agudo con manifestaciones de esquizofrenia. Y, pese a la oposición de sus familiares, se concluye que el cabo debe continuar bajo vigilancia médica; de lo contrario, su enfermedad mental puede agravarse; advierten riesgo de fuga o agresión. 

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El representante del defensor del Pueblo, Ángel Manrique, confirmó que el viernes pasado el padre de Nick aceptó el traslado de su hijo al nosocomio castrense de Arequipa para continuar su tratamiento.

Richard Tineo Quispe, comandante general del Agrupamiento de Comunicaciones José Olaya, sostiene que esos delirios y alucinaciones lo llevaron a inventar lo de las torturas con corriente eléctrica. ¿Qué habría desencadenado este cuadro? La literatura psiquiátrica advierte un origen hereditario, aunque también situaciones estresantes en un paciente predispuesto. Los especialistas señalan que esta enfermedad suele activarse en jóvenes de 19 a 23 años, la edad del cabo. ¿Una tortura puede desencadenarlo? Es una posibilidad que no se descarta. Por eso, el siguiente paso de la familia debería ser pedir un examen solo para determinar tortura, aunque Tineo ratifica que no hubo violencia contra el suboficial, tampoco secuestro. “Lo trasladamos a Lima para darle un tratamiento especializado. Nunca lo secuestramos como dicen", afirma. Para dar veracidad a su aseveración, muestra fotos en que se ve al padre con su hijo en el bus que los trasladaría a Lima. Es cierto, admite Tineo, los Tito se negaban al viaje. Ante ello, la dirección del hospital convocó a la fiscal de prevención del delito Wendy Janampa. Esta exhortó al padre y la tía a no interrumpir el tratamiento de Nick. 

Finalmente, Tineo indicó que los familiares serían mal aconsejados por su abogado para pedir una indemnización