Arequipa: La Vía Láctea desde el volcán Misti [FOTOS]

La República
7 04 2019 | 01:46h

Fotografía. José Álvarez Blas es norteño (La Libertad), pero se declara enamorado de Arequipa. Este empresario con vocación de fotógrafo dedicó un libro íntegro a la región characata. Su lente capta soberbios paisajes. 

Un fotógrafo es un cazador de pedazos de realidad. Compone y encuadra el concepto que desea destacar y dispara "clicks" a su objetivo. En uno de sus viajes de trabajo a Caylloma, el médico José Álvarez Blas solía sacar la cabeza por la ventanilla del carro para mirar el cielo estrellado.

La carretera, que también une a Arequipa, Cusco y Puno, se abre paso por esa inmensa meseta de la reserva de Aguada Blanca. Desde ese territorio, los tres volcanesMisti, Chachani y Pichu Pichu— ofrecen otra perspectiva, están de espaldas a la ciudad de Arequipa.

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En el ocaso del día, esa bóveda azul límpida es surcada por un tajo en alto relieve, una costra entre luminosa y parda. Es la Vía Láctea, la galaxia de la que somos parte en este universo infinito. 

Ese espectáculo del que los arequipeños se privan por la contaminación ambiental lo capturó con su lente gran angular Álvarez Blas. Dicha fotografía forma parte de una colección de 250 postales publicadas en un libro de lujo llamado Arequipa. Ahí están los volcanes de Andagua, el Sabancaya bravo y vomitando cenizas, el río Cotahuasi abriéndose paso por la montaña desvirgada, la virgen de Chapi y sus peregrinos, mujeres collaguas y cabanas con sus trajes multicolores, la pelea de toros, etc.

La idea que suele tenerse de un empresario es la de un personaje concentrado en la plusvalía y con poco tiempo para las pasiones artísticas. Álvarez rompe esa construcción imaginaria y suele combinar sus obligaciones con hobbies. Preside el Grupo San Pablo, que la semana pasada inauguró una clínica en Arequipa con una inversión de US$ 100 millones. Ese viaje lo aprovechó Álvarez también para presentar su libro. 

En la entrevista, este hombre de 73 años nos confiesa que quedó prendado de la ciudad hace casi cinco décadas. Estudió Medicina en la Universidad Nacional de Trujillo y, en el último año de carrera, llegó en viaje de promoción a la región mistiana. Fue un deslumbramiento: campiñas color de limón, soberbias construcciones de sillar y paisajes naturales inspirados. “Comencé a amar a Arequipa sin tener pasaporte”, nos dice.

Publicó varios libros de fotografía. Arequipa es el quinto. Las fotografías testimonian las aventuras de Álvarez, que a sus 73 años escala montañas y sortea caprichos del clima. El esfuerzo físico lo libera del estrés. "Así evito ir al psiquiatra. No pago psicólogo”, nos dice entre risas Álvarez Blas, alumbrado por la influencia de Martín Chambi y los hermanos Vargas.   

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En Arequipa, hay cosas espectaculares para el turismo, nos dice nuestro entrevistado, probablemente la conectividad no ayude mucho para llegar a La Unión o Castilla. 

Le comento que la tecnología también tiene amenazada a la fotografía. Ahora cualquiera toma un smartphone moderno y es fotógrafo. Me aclara que hay una diferencia entre el selfie y la fotografía artística. En la última, hay que buscar el efecto, convertir algún elemento en artístico. Esas técnicas un celular no puede llevarlas a cabo. Además, el fotógrafo profesional deja su sello.

¿Qué lugares le gusta retratar? Nos explica que aquellos paisajes no tocados por el hombre. Viajó por más de 30 países. Islandia, en el extremo de Europa, conserva ese primitivismo: enormes farallones, rocas, glaciares de miles de años y arenas rojas y negras. Antes de su viaje a Arequipa, Álvarez estuvo en Guatemala con la cámara en ristre, lista durante la erupción del volcán El Fuego. Cuando presencia esos fenómenos naturales, se le abren muchas interrogantes en la cabeza: Qué es el hombre frente a esta naturaleza insondable, ¿una cosa apenas pequeñita?

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