Las cochas, una práctica incaica para almacenar agua en la sierra de Piura

La República
2019 M02 4 | 02:00 h

Revalorización. Debido a que esta región del norte registra lluvias estacionales, se trabaja en el proyecto ‘Agua sin Fronteras’ para que el recurso vital se acumule en manantiales y fluya a las zonas de riego, a fin de que se pueda fomentar la agricultura.

Piura es una de las regiones con periodo de lluvias estacionales más intensas, lo que origina el incremento de caudales que ocasionan aislamientos e inundaciones. Pues bien, esta situación se agudiza ante la falta de reservorios satélites para almacenar el recurso hídrico necesario en época de escasez.

Frente a este problema, el gobierno regional se encuentra trabajando el plan integral del manejo de la cuenca Chira- Piura para resolver –a largo plazo– el problema descrito. De esa manera, se busca reducir el impacto de los grandes volúmenes de agua, conservar las partes altas de las cuencas y generar propuestas para una efectiva desembocadura del río Piura al mar de Grau.

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Sin embargo, las experiencias que nos han dejado los fenómenos climáticos nos plantean nuevas alternativas a corto plazo para el aprovechamiento del agua proveniente de las lluvias y prevenir los riesgos de las avenidas, de modo que se logre el almacenamiento del recurso hídrico en el Alto y Medio Piura para evitar que llegue en mayor volumen a la ciudad, situación que afecta en gran medida a las ciudades de Piura, Castilla y distrito del Bajo Piura.

Con este propósito, en el 2018 culminó de manera exitosa la ejecución del proyecto “Manejo Integral Binacional de Cuencas Hidrográficas Transfronterizas como medida de mitigación y adaptación al cambio climático”, un claro ejemplo de gestión sostenible de las zonas productoras y reguladoras de agua, que se centra en la recuperación de prácticas ancestrales de aprovechamiento del recurso hídrico combinadas con prácticas modernas. Eso es lo bueno.

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Prácticas ancestrales

Las cochas (o llamadas albarradas) constituyen una de las prácticas ancestrales utilizadas en la agricultura preincaica para captar las aguas de las lluvias en épocas donde estas se presentan con mayor frecuencia (entre enero y abril).

“Ellos aprovechan el agua de las famosas albarradas o cochas, una poza de agua construida en una determinada altura, para que el agua fluya directamente a las zonas de riego; el volumen de almacenamiento puede llegar hasta 600 metros cúbicos”, señaló el responsable técnico, Lorenzo Salazar Chavesta.

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‘Agua sin fronteras’

Este proyecto denominado 'Agua sin Fronteras' contó con financiamiento compartido de la Unión Europea y socios cooperantes como el Departamento Mortel de Francia, la provincia de Vitervo-Italia y el gobierno provincial de Loja. En su implementación, también se aplicaron legados de la cultura inca como las mingas (trabajos colectivos).

Hay que tener en cuenta, refirió Salazar Chavesta, que en la zona de intervención los usuarios agrupados en comisiones de regantes se dedican a la agricultura de secano; es decir, siembran aprovechando las lluvias estacionales y los manantiales. Así, mediante este proyecto, se fortalecieron sus capacidades para permitir un mejor y adecuado aprovechamiento de los recursos hídricos de la región Piura.

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“Se han construido 200 albarradas: 50 en Jililí, 50 en Suyo, 50 en Sicchez y 50 en Ayabaca. Mientras más reservorio tengamos, más húmeda estará la cuenca. No es fácil hacer entender a las personas la necesidad de comprender estas prácticas; sin embargo, gracias a la capacitación de líderes se dieron cuenta de que las especies nativas se van degradando y ahora nos piden más de estas cochas”, refirió.

Beneficiarios

La República llegó hasta el centro poblado Santiago, en el distrito de Suyo (provincia de Ayabaca), donde se han sembrado más de 37 mil plantones de café, cacao y moringa, gracias a la construcción de los tres reservorios que –combinado con la capacitación en riego tecnificado– vienen mejorando la calidad de vida de las 50 familias que se encuentran en el mencionado caserío.

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Por ejemplo, comentó el teniente gobernador del caserío Rogelio Flores Jiménez, las 3 mil plantaciones que fueron instaladas en su terreno serán vendidas a la Cooperativa Norandino. Se estima que el precio fluctúe entre S/450 y S/500 el quintal.

“Nosotros solo podíamos sembrar cuando llovía, lo que duraba algunas semanas o meses esporádicamente. Sin embargo recuperando y promoviendo estas prácticas podemos almacenar el agua y sembrar nuestros productos”, dijo esperanzado.

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