Junín: Niños aprenden a jugar tenis de mesa en pleno corazón del VRAEM [FOTOS]

La iniciativa es de Mónica Liyau, presidenta de la asociación que lleva su nombre y la tenimesista más reconocida en el país y de la empresa Pluspetrol. En Gloriabamba se instalaron dos mesas de tenis de mesa desde julio de este año y los niños de esta zona del VRAEM practican este deporte todos los días.

Gloriabamba, un pueblito asháninka de unas 500 personas en el corazón de la selva central, se levanta a orillas del río Pangá, que alimenta al río Perené, en pleno Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro (VRAEM)

Las familias nativas que allí habitan se dedican al cultivo del maíz, café, plátano o yuca en terrenos aledaños; no crían animales en sus casas, construidas de madera, barro y, algunas, con concreto armado. Sus calles son de tierra, y todas conllevan a una trocha que se une a la carretera hacia Puerto Prado o Mazamari.

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En medio del pueblo hay un extenso terreno de pasto, los niños y jóvenes, luego de la escuela, salen a jugar fútbol y vóley pero desde hace unos meses han empezado a practicar el tenis de mesa por primera vez.

La empresa Pluspetrol, con la dirección técnica de la Asociación Mónica Liyau, emprendieron el programa social de tenis de mesa “Impactando Vidas” para beneficiar a 6 mil alumnos de 9 colegios públicos de Juní.

Es la primera vez que los niños y jóvenes aprecian este deporte, que tiene el respaldo del IPD y la UGEL Junín y que esta zona del VRAEM, logró instalar las dos primeras mesitas de concreto en el colegio de la zona, en julio de 2018.

Anyela Campos, 16 años sentada en una banquita de su colegio de la comunidad nativa Gloriabamba (Satipo, Junín), sonríe cuando empieza a entonar los versos asháninkas que corren por sus venas; sus amigas se sientan a su lado, vuelven a reír y terminan la canción:

Oshero oshero oshero pamenakiatakena/Chorampa pijime yantanakari Narori/ Pijitake tekatsi nonampirejaniki/ Chorampa pijime yantanakari Narori…

La canción trata sobre un cangrejo (oshero) enamorado de una “cangreja” en un rincón de la Amazonía.

Luego de entonar la canción, ella y sus amigas Lidia Carlos, Nélida Sebastián y Diana Monaci, cogen las paletas y se dirigen a la mesa a jugar este deporte que combina la inteligencia y la preparación física. La pelotita puede llegar a una velocidad de más de 200 Km. por hora.

“Yo puedo competir porque el tenis de mesa me gusta. Quiero representar a mi colegio”, dice Lidia Carlos, después de jugar al ping pong durante toda una mañana en su colegio. Un amigo suyo, Juan Gabriel Ramos, escucha atento.

Anyela, un buen día, llegó corriendo a su casa para contarle a su madre Cecilia que le había ganado a Eulogio, un amigo suyo que es muy bueno en el tenis de mesa. Le llena de satisfacción el competir de igual a igual con los hombres.

Por uno de los pasillos del colegio camina Juan Luis Talavera, director de la institución, junto a la presidente de la asociación, Mónica Liyau. Los dos concluyen que el ping pong aumenta la capacidad aeróbica, el flujo sanguíneo, favorece la reducción del colesterol, mejora el estado cardiovascular y ayuda a la socialización de los menores.

El proyecto “Impactando Vidas” busca mejorar la calidad de vida de alumnos como Lidia y Anyela, practicando un deporte nuevo que impulsa la disciplina, la lectura veloz, el trabajo en equipo y la comprensión lectora. El jefe de esta comunidad nativa, Severiano Tejada, ha sido enfático cuando se inauguró el programa en Gloriabamba: “Que no sea la primera y última vez, tenemos que seguir trabajando todos juntos”.  

Mónica Liyau, presidenta de la asociación que lleva su nombre y la tenimesista más reconocida en la historia del Perú, sostiene que el ping pong es el deporte que más desarrolla el cerebro y se necesita que los jóvenes “sean campeones en la vida, no solo en el deporte”. Anyela la escucha atenta. Tiene la mirada optimista.

Crédito: Gerardo Cabrera Campos