Tiempo de crisis, tiempo de creatividad

P. Víctor Hugo Miranda, SJ

Estamos viviendo tiempos difíciles, de muchos cambios y de no tener siempre claridad hacia donde es el rumbo. Nos pasa en términos políticos y económicos, en términos sociales y en términos eclesiales. Las instituciones que están a nuestro alrededor parecen ya no dar la misma confianza que daban antes. En las encuestas, instituciones tan fundamentales como el Congreso aparecen con un poco margen de aprobación. En el interior de la Iglesia misma hay mucho descontento y desilusión a partir de las distintas crisis que se producen. Los abusos sexuales del clero así como las luchas internas producen que mucha gente decida alejarse y no confiar más. Los medios de comunicación han perdido también credibilidad. En tiempos donde la posverdad se confunde tan rápidamente con la misma verdad, en la que no tenemos certeza de si las noticias que nos están mostrando son verdaderas o falsas, o si los líderes políticos, sociales o religiosos nos están hablando con hechos que han ocurrido realmente o simplemente se llama de “alternative facts” hechos a su medida y conveniencia, pareciera que estuviésemos en un callejón sin salida. Es como si la humanidad, nuestra sociedad, hubiese llegado a un punto del que se ve muy difícilmente poder salir.

Frente a ello podemos sumirnos en la desesperanza o en el cinismo. De hecho, muchas de las manifestaciones de nuestras relaciones humanas, nuestra interacción social, está muy marcada por la violencia, ya sea por situaciones de muerte, de ataques personales, o de ataques virtuales. Las redes sociales se han convertido en un espacio en el que mucha gente expresa de modo agresivo sus opiniones. Si uno toma un poco de distancia y observa el modo en el que manejamos nuestros autos, en el que opinamos en las redes sociales o cuando estamos de compras o en el banco y hacemos la cola y hay gente que no respeta el espacio del otro, todo eso nos demuestra que vivimos en una situación constante de violencia. Como diría Hobbes, pareciera que el hombre se hubiese convertido en un lobo para los demás hombres. Si seguimos así es difícil vislumbrar la posibilidad de mejora. Tenemos que cambiar desde el interior, a modo personal y a modo grupal. Tenemos que tomar conciencia de que no podemos seguir tal como estamos. Es un tiempo de crisis, sí, pero podemos convertirlo en un tiempo de creatividad para ser mejores seres humanos.

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