"No debemos responsabilizar a los venezolanos de nuestras carencias y penurias"

Se necesitan mejorar los filtros de entrada para evitar el ingreso de gente de mal vivir que viene a delinquir. Percepción se viene incrementando y exagerando peligrosamente y ya empieza a general una ola de xenofobia contra los venezolanos

11 Ago 2018 | 11:07 h

Se necesitan mejorar los filtros de entrada para evitar el ingreso de gente de mal vivir que viene a delinquir. Percepción se viene incrementando y exagerando peligrosamente y ya empieza a general una ola de xenofobia contra los venezolanos

Escribe: Carlos Bromley, médico psiquiatra

Si bien es cierto que los filtros de entrada al país necesitan mejorarse para evitar el ingreso de gente de mal vivir que viene a delinquir, no es menos cierto que la percepción de dicha situación se viene incrementando y exagerando peligrosamente y ya empieza a generar una ola de xenofobia contra los ciudadanos venezolanos que están ingresando al país buscando mejorar su calidad de vida, al extremo de hacerlos responsables de todos nuestros males.

Y es que en una sociedad vulnerable y endeble como la nuestra, en desintegración social, impactada negativamente por los casos de corrupción e impunidad que nos aquejan y con males crónicos como la inseguridad ciudadana, la violencia en sus diferentes formas, la disfunción familiar, la informalidad, el desempleo y la pobreza, no es difícil que convirtamos a otros en chivos expiatorios de los problemas de los que nosotros somos responsables y no somos capaces de resolver.

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Nuestro país no tiene políticas, programas, planes, ni intervenciones especialmente diseñadas ni focalizadas para migrantes, ni de carácter humanitario ni de ningún otro tipo, ellos simplemente ingresan al país y se insertan en nuestra sociedad de cualquier forma y, en su desventajoso proceso de adaptación, logran a duras penas conseguir un ingreso precario para su subsistencia y ahora empiezan a sufrir la resistencia y hasta oposición de personas que no comprenden su situación.

No debemos responsabilizarlos de nuestras carencias y penurias y afirmar que nos están quitando un empleo, una prestación sanitaria, un lugar donde vivir y hasta de cosas cada vez más absurdas. Venimos careciendo de ellas desde hace mucho tiempo y somos los únicos responsables de su existencia y de su insatisfacción y sufrimiento.

A los migrantes les debemos el reconocimiento de su condición humana, su individualidad y sus aspiraciones. Seamos conscientes que vienen con muchas capacidades que pueden desarrollar y competencias que realizar que los pueden convertir en un potencial participativo de nuestro desarrollo como país y del de las comunidades que los acojan.

No los excluyamos, ni discriminemos, ni descalifiquemos que ellos en un entorno humanitario y positivo, pueden ser autosuficientes y actuar tanto en beneficio de su propio bienestar y felicidad como el de otros. Nos toca integrarlos a nuestro quehacer existencial y convertirlos en parte de nosotros mismos. El Estado debe protegerlos contra los abusos, la explotación y la privación de sus derechos.

Corresponde al Legislativo darle a la migración un marco legal y al Ejecutivo reglamentarlo de forma tal que cumpla con todo lo necesario para integrar a los migrantes a nuestra población de manera humanitaria, respetando sus individualidades y dotarlos de derechos como ciudadanos de una sociedad democrática, compasiva y solidaria.

No olvidemos que finalmente, todos podemos ser migrantes internos y/o externos y que en una sociedad mayoritariamente católica debemos tener presente que Cristo fue migrante, sus padres huyeron con él a Egipto para salvarlo. Herodes lo quería matar tal como está escrito “el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma contigo al Niño y a su madre y huye a Egipto y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes va a buscar al Niño para matarle”.

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