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Sociedad

Chilina, el puente de los suicidios en Arequipa

La Republica
Sofia Velasquez

MORTAL. Desde su inauguración, 16 personas se lanzaron desde este paso vial, uno de los más altos de Arequipa. ¿Es problema solo el puente? Definitivamente no, falta mejorar la salud mental para evitar que algunos habitantes lleguen a tomar estas decisiones radicales.

Josué del Mar

Fue una obra concebida para solucionar el endemoniado tráfico vehicular de Arequipa. No cumplió su finalidad y más bien se ha convertido en el lugar elegido por muchos suicidas que deciden abandonar este mundo por algún infortunio.

El martes pasado, un joven de 25 años incrementó la cifra fatídica: décimo sexto fallecido que se lanza al abismo desde este inmenso paso vial inaugurado en 2014, en la gestión de Juan Manuel Guillén. Las autoridades comenzaron a escalofriarse con las continúas muertes. Proponen medidas como enmallarlo, pero pasa el tiempo y lo olvidan hasta que aparece otro fallecido. Por ejemplo, ayer se intensificó la vigilancia policial. Patrulleros custodiaban los dos ingresos, dos parejas de policías caminaban el puente en ambos sentidos buscando detectar a potenciales suicidas. Pero parecen medidas insuficientes para una estructura de tal longitud. Recorrer a pie el paso vial toma 15 minutos. Cualquier suicida podría fácilmente escurrirse.

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ATRACTIVO SUICIDA

La víctima número 16 que muere en inmediaciones del puente Chilina fue tocado por el infortunio. Jonathan perdió a sus familiares en un accidente. Aparentemente, no pudo superar ese trance y tomó la drástica decisión (ver nota).

Como Jonathan, una decena de arequipeños escogieron esta manera de morir. Todos atravesaban momentos de profunda depresión. "No son capaces de sobreponerse a la mano invisible de la adversidad", como decía Constantino Carvallo.

Según la decana del Colegio de Psicólogos de Arequipa, Tania Rojas Gómez, las personas que se arrojan desde allí están decididas a acabar con su existencia. 

En otras palabras, el puente no es el problema. Por más vigilancia o mallas que se le añadan, los suicidas buscarán otros métodos o lugares para poner fin a sus días. 

La preocupación debe centrarse en mejorar la salud mental de los ciudadanos. Solo así se evitará que lleguen a estos estadíos radicales.

La psicóloga advierte un incremento en la cantidad de suicidios en la ciudad. Lo atribuye al nuevo ritmo de vida (mucho estrés y presión social). También al uso de redes sociales, que expone a sus usuarios a la depresión, melancolía y tristeza profunda.

La incidencia de este tipo de mortalidad es preocupante. En la ciudad se registran 10 de estos casos al mes, según la Red Arequipa Caylloma. 

El 60% son hombres, mientras que el 40% son mujeres. Entre los varones, la mayoría se encuentra entre los 18 y 39 años de edad.

Para la coordinadora de estrategia sanitaria en Salud Mental de la Red Arequipa Caylloma, Edith Lima, las mujeres optan por intentos mientras que los hombres buscan el suicidio efectivo. Otros métodos comunes que encontraron en su investigación son envenenamientos y ahorcamientos.

CERCOS NO SON SOLUCIÓN

Después de cada suicidio en el puente, el debate se centra en las medidas disuasorias que deberían tomarse. 

Al respecto, Rojas Gómez opinó que el uso de vallas y cercos no es la solución. Para la especialista, si una persona está decidida a morir, lo hará en otro lugar o utilizando otro método.

La decana recalcó que el tema debe ser abordado en prevención y promoción de salud mental, de manera transversal con instituciones del Estado. Los centros de salud deberían monitorear sus jurisdicciones. "¿Quién sabía que este joven tenía una tristeza profunda? Solo su entorno. Si perdió un ser querido, lógicamente desarrollará una depresión". Por eso es clave fijarse en cambios de humor, estado de ánimo y tristeza profunda.