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El retorno a nuestras raíces 

Nicky Ramos

Olvidarse de lo que somos sería un peligro.

Era un día 20 de mayo, por los años 80; era un niño caminando por el mercado de La Parada. Era cotidiano ver puestos de comida ambulante por todos los barrios de la ciudad de Lima. Lo más cercano de donde vivía era el mercado San José de Jesus María y a veces el de Magdalena o el antigüo estadio Nacional con estilo casi de mercado.

Era un festival de pequeños restaurantes en cada esquina llamado "Siete colores": chanfainita, anticuchos, rachi y pancita, ceviches marinados por horas, los picarones; la coctelería sin alcohol llamada "juguería", los emolientes; churros, mazamorras y arroces con leche y zambito.

Veía las colas de personas y bancas donde te sentabas a disfrutar de estas delicias fabulosas. En realidad esto ocurre en cada rincón de nuestro país. Felizmente todavía perduran lugares así, ahora con el nombre de "huarique" y se proliferan de otra manera por diferentes zonas de nuestras ciudades y ya no sólo polo de desarrollo cono norte.

Hay algo que no debemos de olvidar: Sin nuestras raíces no somos nada.

Es evidente el logro gastronómico que hemos logrado el Perú. Si cualquier persona por la avenida La Mar en Miraflores o regresamos a Jesus María y Magdalena, se extrañan estos puestos ambulantes ahora llamados "street food" (quizá para volverlos más vendibles). 

Nos encanta comer en restaurantes sofisticados donde vivimos una experiencia hasta casi tecnoemocinal, y eso que aún no ha llegado la premiación Michelin. Hay que enaltecer el trabajo de muchos técnicos que realzan nuestro arte a la máxima expresión por el mundo, pero siento que nos estamos olvidando de donde provenimos.

Nos olvidamos de los también artistas en cada pueblo y realidad de nuestro precioso país. Por ello es preciso tomar acciones de inmediato y, felizmente, algunos de nuestros chefs, empresarios y agricultores están tomando medidas para el rescate de nuestros productos y recetas.

Nunca olvidemos lo que dijo Antonio Raimondi " El Perú es un mendigo sentado en un banco de oro". Sin embargo, con el auspicioso presente de la comida peruana podemos decir: "El mendigo se volvió Rey que busca un restaurante con muchos bancos de oro".