Dueño de stand fue multado por municipio y por eso llevó a trabajadores a contenedor

Alias ‘El gringo’. Padre de una de las víctimas declaró a la Policía que taller funcionaba en el tercer piso de edificio Nicolini, pero que tras clausura fue mudado al sexto nivel, donde jóvenes quedaron atrapados.

Alias ‘El gringo’. Padre de una de las víctimas declaró a la Policía que taller funcionaba en el tercer piso de edificio Nicolini, pero que tras clausura fue mudado al sexto nivel, donde jóvenes quedaron atrapados.

Reveladores testimonios y evidencias recientes demuestran las terribles condiciones laborales que sufren cientos de trabajadores en diversas zonas de Lima. La historia de los dos jóvenes atrapados en el trágico incendio ocurrido este jueves en Las Malvinas podría repetirse en cualquier momento si no se toman cartas en el asunto.

La República tuvo acceso a las manifestaciones que Edwin Herrera Castro (38) y Julio Huamán Taype (43) dieron en la Dirección de Trata de Personas (Dirintrap), unidad policial que investiga la situación infrahumana en que laboraban sus hijos Jovi Herrera Alania (21) y Jorge Luis Huamán Villalobos (19), desaparecidos en el siniestrado edificio Nicolini.

“Inicialmente mi hijo estuvo trabajando en el tercer piso de esa galería, que fue clausurada por la Municipalidad de Lima el 9 de junio. Este puesto se trasladó al quinto piso de la misma galería, trasladando todos sus productos y con ellos a mi hijo”, denunció el conserje Edwin Herrera la tarde de ayer.

Herrera señala que Jovi laboraba en ese lugar cerca de año y medio, desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde, de lunes a sábado. Su trabajo consistía en armar luces de emergencia y etiquetar cajas de fluorescentes, para lo cual era encerrado junto a Huamán Villalobos.

Esta información coincide con lo declarado por el albañil Julio Huamán, quien resalta las terribles condiciones que soportaba su hijo Jorge Luis para llevar 25 soles diarios a su casa. Él responsabiliza de lo ocurrido a un misterioso comerciante que aún no ha sido identificado.

“(Jorge Luis) trabajaba hace tres meses, aproximadamente, ganaba 25 soles diarios y desconozco con quién realizó su contrato, solo sabemos que al dueño le decían ‘Gringo’. Jorge y su compañero (Jovi) eran encerrados con candados por motivos de seguridad, porque el dueño temía que se fueran a robar la mercadería”, precisa.

Falsificaban productos 

Por otro lado, trascendió que la verdadera labor de ambos desaparecidos era la de empaquetar productos chinos con cajas de conocidas marcas que luego eran vendidas en las diversas galerías y centros ferreteros de las calles Guillermo Dansey, Huarochirí y la avenida Argentina.

Empleados de otros talleres informales contaron que los comerciantes les pagaban por este trabajo y que los encerraban no solo por temor a que se roben los productos, sino también para evitar inspecciones de la Municipalidad de Lima y operativos sorpresa de la Policía Fiscal.

“Nos encerraban todo el día y abrían la puerta prácticamente solo para almorzar y a la hora de salida. Entrábamos a las 7 u 8 de la mañana y nos abrían a las 12 o 1 para comer. Uno salía a comprar el almuerzo, traían y nos encerraban otra vez hasta las 6:30 que se ocultaba el sol”, señalaron algunos de estos obreros.

Los jóvenes, que por temor prefieren mantener en reserva su identidad, confirmaron que Jorge Luis y Jovi son las personas que aparecen en diversos videos y fotos pidiendo ayuda desde las rendijas de sus prisiones. Esto fue corroborado por Edwin Herrera, en su declaración a la Dirintrap. “Pude ver a mi hijo que sacaba su mano por la rendija del contenedor y flameaba su casaca pidiendo ayuda”, reveló.

Familias se resignan

En el distrito de Independencia, donde Jovi y Jorge Luis son recordados como chicos alegres y trabajadores, sus familias poco a poco van aceptando que no volverán a verlos con vida. Ellos, incluso, han empezado a velar sus ropas y solo esperan que la justicia pueda castigar a los responsables de esta tragedia.

“No creo que Jovi esté vivo, porque el fuego era demasiado fuerte. Solo esperamos que lo encuentren pronto. Se fue en el mejor momento, cuando acababa de convertirse en padre. Su hijita tiene veinte días de nacida y ahora la mamá, que es menor de edad, va a tener que hacerse cargo sola”, señalaron sus deudos.

En casa de Huamán Villalobos la tristeza no es menor. Su hermana Fiorella vela sus prendas junto a los guantes de box y unos parlantes con los que escuchaba su música favorita. “Mi hermano era un chico tranquilo, trabajaba para ayudar en la casa y poder pagar sus estudios”, comenta.

En tanto, el Ministerio de Justicia anunció que asumirá la defensa legal de los deudos y se comprometió a encontrar y sancionar a los responsables del siniestro y de la situación de semiesclavitud en la que laboraban las víctimas. Al cierre de esta edición, la PNP realizaba pericias e indagaciones en el lugar de los hechos.

Trabajadores encerrados en Gamarra

Los almacenes sobre la galería Nicolini, incendiados el jueves pasado, no serían los únicos donde hay personas trabajando bajo llave. En las redes sociales hay testimonios que alertan que esta situación ocurre en Gamarra y en otras partes.

PCas Cathy cuenta: “Mi hermano tiene un taller en Gamarra (…). Los sábados y domingos también cierran todo y solo se abre a las seis de la tarde, o sea, todo el día paran encerrados y no hay cómo salir. Dicen que es un medio de seguridad para que no roben las máquinas”.

A. Aguilar también asegura: “Esto ocurre en todo Gamarra. A veces incluso te obligan a quedarte a la fuerza, trabajando hasta el día siguiente. Para eso te encierran con llave”.

Elvis MCh confirma lo anterior: “Las máquinas de bordados trabajan todo el día, pero eso no lo notan porque las galerías se programan de 9 a.m. a 9 p.m. nada más”.

Y Dulce Ani comparte: “Ahora que recuerdo, en el robo que hubo en el centro comercial La Rambla de San Borja, los vigilantes no pudieron salir porque estaban encerrados con llave y con candados”.

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