Carnavales del sur: Auge y ocaso de la fiesta donde todo está permitido

Tradición. Arequipa es la ciudad donde la modernidad ha relegado a la celebración más importante en la estación de verano. En Cusco las tradiciones de los compadres tratan de mantenerse. En Juliaca (Puno) sigue la masiva algarabía por esta celebración.

27 Feb 2017 | 6:18 h

Tradición. Arequipa es la ciudad donde la modernidad ha relegado a la celebración más importante en la estación de verano. En Cusco las tradiciones de los compadres tratan de mantenerse. En Juliaca (Puno) sigue la masiva algarabía por esta celebración.

"El carnaval de Arequipa ha muerto y no de forma natural. La mató la ..", sentencia el historiador arequipeño Juan Guillermo Carpio Muñoz.

Los autores de tal desaparición son varios, pero el historiador los resume con la palabra modernidad.

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"Con la aparición del automóvil y las carreteras, ahora la gente opta por mojarse en el mar que seguir persiguiéndose con baldes de agua en las calles", afirma.

Carpio aclara que el problema es que los arequipeños de los últimos 70 años no supieron modernizar la fiesta. La migración también contribuyó. Arequipa no integró sus costumbres con los migrantes.

También hizo su parte la  reducción de días a la fiesta. Antes se celebraba el domingo, lunes y martes, donde todo estaba permitido. El domingo se elegía a las reinas de carnaval de  barrios y mercados, había el desfile de carros alegóricos, el Corso de Flores y se jugaba con confetis, polvos y mistura. Estas actividades con el tiempo desaparecieron. 

El lunes y martes el agua era protagonista. Los chicos armaban pandillas, algunos contrataban caperos, para recorrer las calles cantando y bailando. Si el grupo veía una casa con chicas, trataban de ingresar. Así se iniciaba la guerra con agua que terminaba en fiesta y enamoramiento.

"En una sociedad conservadora, el carnaval era libertad, todo estaba permitido, hasta enamorar. Hoy los jóvenes no tienen control. Todos los domingos son carnaval", ironiza.

En la actualidad los únicos remanentes que quedan de la celebración son la fiesta de Caperos en Mejía (Islay) y el carnaval loncco de Acequia Alta de Cayma. En la primera, jóvenes de la clase alta se juntan en grupos para mojarse y pintarse. En Cayma, músicos y mojigangos recorren calles bailando y cantando coplas carnavalescas.

Hoy se incorporaron los cortamontes o yunzas, que se realizan los fines de semana en los pueblos jóvenes.

El historiador Helard Fuentes agrega que aún se puede recuperar el carnaval. El problema, dice, es que los adolescentes tienen mayor interés en el internet y la tecnología.

Los Compadres de cusco

El jueves de "compadres" (10 días antes del domingo de carnavales) y el jueves de "comadres" (tres días antes) aún perviven en Cusco. Esta festividad se remonta a los hombres del campo que iban a la ciudad a saludar al compadre, llevando productos cosechados. La visita era correspondida con serpentinas, polvos, comida y bebidas. Similar jolgorio se armaba en el jueves de comadres. Tras esta fecha, empiezan los cortamontes.

En esta región los carnavales también se celebraban el domingo, lunes y martes, bailando en pandillas, con bandas por las calles de la ciudad. Pero la fiesta terminaba al siguiente domingo con el llamado "remate".

Hoy se trata de mantener  los jueves de comadres y compadres. Esos días, en varias calles y barrios aparecen muñecos, el primer jueves satirizando a los hombres, y el segundo a las mujeres cusqueñas. 

En el mercado de San Pedro se celebra con más entusiasmo a ritmo de huaino y marinera cusqueña. Se juega con serpentina, mixtura, polvo, pica pica, harina de colores y espuma.

El domingo de carnavales se hace una pequeña ofrenda a la tierra. Luego hombres y mujeres inician una guerra por mojar al sexo opuesto, antes en acequias y charcos, hoy con globos, polvos y espuma.

ÑO CARNAVALÓN EN TACNA

El Carnaval de Antaño y la Entrada de Reinas eran las celebraciones principales en Tacna. Los antiguos barrios de El Tigre, Alto Lima, La Victoria y Callao eran protagonistas de la fiesta. Usaban tiza de color, agua, carros alegóricos, disfraces y comparsas. La algarabía terminaba en el centro de Tacna con la lectura del testamento del “Ño Carnavalón”.  

Un jueves antes, los  jóvenes de estos barrios se encargaban de organizar el “Jueves lerdero”, en el que se buscaba al cerdo de mayor tamaño para preparar chicarrones que eran compartidos.

Hace 18 años la comuna provincial tomó el mando de las celebraciones incluyendo a los distritos del valle viejo. En las zonas andinas se celebra al ritmo de tarkadas (zampoñadas).

SE AGRADECE A LA TIERRA EN PUNO Y MOQUEGUA

Los carnavales son una muestra de regocijo por el florecimiento del campo en Puno. En las zonas rurales los pobladores, ataviados con sus trajes coloridos, bailan en honor a la Pachamama. En las zonas urbanas, se festeja en pandillas y conjuntos de tarkadas y pinquilladas.

Los niños juegan con globos de agua, talcos y espumas en las calles y plazas de la ciudad. El inclemente frío no es ningún impedimento.

Pero es Juliaca donde la fiesta toma mayor fuerza. Son tres días de fiesta. Las comparsas bailan para ser reconocidas como las mejores en su categoría. El domingo preparan choclo y se chaccha coca para recibir bendiciones. El lunes la ciudad amanece vestida de pétalos de flores, bendiciones para casas y negocios y el miércoles se realiza el Ño Carnavalón.

En Moquegua la fiesta también es para agradecer a la madre tierra. Para el historiador Víctor Casanova, el carnaval es una manifestación que ha sido adaptada a su manera en cada pueblo. En Ichuña (Sánchez Cerro) asiste toda la comunidad, pero especialmente los jóvenes solteros. En Carumas (Mariscal Nieto) antes cada familia se reunía para la “Wacatinca”, adoración a la Santa Tierra, luego salían por las calles bailando.La fiesta duraba 4 días. En Puquina (Sánchez Cerro) se hace una danza alusiva al pago a la tierra. 

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