Once mentiras que surgen de la industria pornográfica tradicional

La República

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19 Feb 2021 | 17:56 h
Un informe de Save The Children reveló que tres de cada 10 adolescentes ve porno para aprender sobre sexualidad pese a que esta industria muestra encuentros ficticios. Foto: difusión
Un informe de Save The Children reveló que tres de cada 10 adolescentes ve porno para aprender sobre sexualidad pese a que esta industria muestra encuentros ficticios. Foto: difusión

La sexóloga Cecilia Ce señala a la falta de consentimiento, los cuerpos ficticios y la ausencia de preservativos como algunas de las mentiras que se ven reflejadas en la construcción del porno.

La pornografía tradicional es una industria millonaria. Por ejemplo, Pornhub, uno de los sitios más grandes del mundo, recibe más de 42.000 millones de visitas al año, lo que significa un promedio de 115 millones por día y un aproximado de 80.000 por minuto.

En los últimos años se detectó que cientos de casos confirmados dentro de esta página contenían violaciones sexuales y trata de personas. A la fecha, cuentan con un sistema de verificación de usuarios registrados para subir el contenido. Sin embargo, estos llegan a las personas que, en su mayoría, no cuentan con algún tipo de educación sexual que les permita diferenciar la realidad de la ficción.

Más del 60% de consumidores de Pornhub son varones. Foto: Pornhub

“Nuestra sociedad está maleducándose a través del consumo de pornografía. Se consumen más que las posibles cantidades de horas cátedras de educación sexual que puedan darse en una escuela promedio. Esto resulta en la incapacidad para comprender que lo que vemos es un producto ficticio”, detalla a Infobae la psicóloga y sexóloga Cecilia Ce.

La especialista afirma que esta industria marca “un guion sexual de cómo deberíamos comportarnos en la cama”. Por ello, pone sobre la mesa 10 mentiras que se suelen observar en la pornografía para poder desmitificarlas.

  • La falta de consentimiento para las prácticas que se realizan
  • La ausencia de preservativos
  • La participación de actores con cuerpos ficticios. Se suelen exponer cuerpos voluptuosos, penes muy por encima de la media y cuerpos femeninos con genitales blancos y depilados, así como poca o casi nula diversidad corporal y genital.
  • Los penes erectos durante todo el encuentro sexual. La industria pornográfica muestra los penes erectos incluso antes de la estimulación y continúan de esta forma durante toda la escena. Esto se logra debido a que se le inyectan vasodilatadores a los actores.
  • Eyaculaciones controladas y explosivas. Las eyaculaciones que se muestran, tanto en hombres como mujeres, suelen ser hiperproducidas para aumentar volumen y velocidad.
  • Reiteración de prácticas penetrativas. La industria pornográfica centra el acto sexual en la penetración y deja de lado demás prácticas.
  • Personajes femeninos que presentan orgasmos rápidos, secuenciales y principalmente en penetración, sin la estimulación adecuada. El clítoris suele ser el gran olvidado en la pornografía tradicional pese a que es el principal órgano de placer femenino. No es casual, entonces, que en los encuentros reales las personas no sepan cómo reconocerlo y estimularlo.
  • Prácticas que en la realidad suelen ser dolorosas exhibidas con naturalidad como ahogos, escupidas, penetraciones fuertes, profundas y rápidas. Cabe resaltar que, para el caso de las penetraciones anales, en el porno no se utiliza ningún tipo de lubricación ni preparación y, nuevamente, sin mediar consentimiento.
  • Estructuras narrativas que refuerzan estereotipos heteronormativos. Por ejemplo, la industria pornográfica refuerza la idea de que solo las mujeres tienden a ser bisexuales o que solo ellas son penetradas en relaciones heterosexuales.
  • Mujeres que gritan de placer, mientras los hombres permanecen en silencio.
  • Encuentros sexuales que concluyen cuando se produce la eyaculación masculina.

Consumir pornografía de forma frecuente puede generar que, al momento de tener un encuentro sexual real, se dificulte que la persona conecte con la situación.

“No creo que el camino sea la prohibición ni la censura, pero sí que es necesario modificar muchos elementos de la industria y comenzar a consumir productos alternativos, como el porno feminista o dirigido por mujeres, donde se muestran cuerpos y prácticas reales”, expresa la experta.