Luisa Elvira Belaúnde: “La sexualidad es un deseo de historia”

La República
5 M11 2018 | 10:18h

Luego de 10 años de investigación ­– y trabajo de campo – la antropóloga Luisa Elvira Belaúnde (56) ha conseguido elaborar el libro “Sexualidades Amazónicas”. Un ensayo sobre los pueblos de la amazonía peruana que explica que la sexualidad va más allá del placer carnal y el erotismo, sino que también, es un reflejo empírico de las vivencias individuales y colectivas.

En tu libro mencionas la necesidad de conceptualizar la sexualidad desde una perspectiva sociocosmológica.

Es que la sexualidad en la Amazonía no solo se refiere a cuestiones de erotismo ni relacionadas al placer o la reproducción. La sexualidad es una manera de entrar en contacto con el otro. Ese otro puede ser alguien lejano, alguien de otro pueblo. Hay una atracción por la alteridad.

¿Por qué la definición común de sexualidad va relacionado a aspectos físicos y de erotismo?

Eso viene de una tradición europea que no necesariamente encaja dentro de las perspectivas indígenas. Eso no quiere decir que no haya erotismo ni placeres. Por eso hay que pensarlo dentro de un contexto general diferente. La sexología tiene por misión entender el comportamiento sexual de los seres humanos. En el siglo IXX se comienza a hablar mucho de la sexualidad y son tantos discursos represivos con todo lo que es la moral victoriana, con una represión y, por otro lado, hay discursos extravagantes que podrían ser definidos como libertinaje.

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Entonces, ¿la sexualidad represiva proviene solamente del Occidente?

En occidente estuvieron tan obsesionados con la idea de que la sexualidad con el erotismo porque en el siglo IXX se desarrolló un movimiento represivo contra las expresiones sexuales y es hizo que se desarrollen discursos eróticos. Por ejemplo, un cierto gusto por la pornografía, la diversidad de imaginarios y de discursos sexuales.

¿Cómo fue trasladada esa represión al mundo Amazónico?

Mira, hasta cierto punto, a través de las escuelas de los misionarios.

¿Qué repercusiones tuvieron el colonialismo, el caucho y el sistema capitalista en la sexualidad de los pobladores amazónicos?

Lo que sucedió con el caucho, sucede ahora con la minería ilegal, piden servicios sexuales así sean hombres o mujeres. En gran parte es para robarse a las niñas y niños.

¿En caso de la comunidad gay? Hay un estereotipo en la capital, Lima, de que los pobladores amazónicos son más propensos a orientarse por ser homosexuales.

Para eso es importantísimo restablecer la historia de los pueblos. Hay una tendencia a decir que es natural, que lo que vemos hoy en la selva siempre ha sido. Pero hay una historia atrás de ellos de 500 años. Hay enorme violencia, sufrimiento y distorsiones. A nivel de prácticas de la Amazonía es importante entender las prácticas de resguardo. Por ejemplo, se dice que la mujer (de la selva) es ardiente, esta objetivación del cuerpo indígena es algo que corresponde a nuestros criterios. En el caucho venían personas a trabajar y las relaciones que ellos establecieron con las mujeres no correspondía al resguardo.

¿Qué es el resguardo?

 Las prácticas que son denominadas como resguardo son pasajes de la vida en que las personas mantienen abstinencia sexual.

¿Por qué es necesario?

El cuerpo, entre los pueblos amazónicos, no es el mismo cuerpo del que hablan los médicos o en la ciudad, es un proceso que se va produciendo a través de rituales, alimentaciones de ciertos regímenes. Hay momentos en que los cuerpos son literalmente hechos. Por ejemplo, la pubertad. Ahí tienen que pasar un momento de reclusión en el cual eran mantenidos incomunicados. La mayoría de la sociedad tienen que quedarse quietos, escuchar consejos y comer ciertas comidas. Era como si estuvieran cambiando de piel.

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¿Consideras que en las comunidades amazónicas hubo – y hay – patriarcado?

Patriarcado hubo en las sociedades mediterráneas. El patriarcado está relacionado a mantener la propiedad de la tierra. En la Amazonía no tenían esa noción de la propiedad. En muchos pueblos amazónicos se quemaba todas las propiedades del muerto para que se vaya con él. Es un concepto totalmente distinto del cuerpo de la propiedad. Lo que sí había era una noción de territorios que no eran algo fijo.

Respecto a las emociones y el concepto que el poblador amazónico tiene sobre esta, en tu libro mencionas que hay un complemento entre el corazón y el cerebro y que este último no es autonómo en el accionar del hombre.

Este pensamiento es muy importante. Hay un debate sobre eso en los pueblos amazónicos. Como en el Awajún, por ejemplo. ¿La gente piensa con la cabeza o el corazón? Ellos dicen: “Mi corazón piensa”. Si nosotros pensáramos con la cabeza, iría por la columna vertebral y terminaría saliendo por el ano, dicen los pobladores. Nosotros pensamos con el corazón porque éste hace que los pensamientos circulen.