Las cicatrices se llevan en el alma

10 Feb 2009 | 5:23 h

El silencioso trabajo de la ONG Aniquem para recuperar a los niños quemados. La etapa más difícil tras sufrir una quemadura se da en la rehabilitación.

Cientos de pacientes desisten de continuarla por escasos recursos o falta de empeño y paciencia. Las secuelas afectan la salud física y anulan la autoestima.

María Isabel Gonzales

Las quemaduras dejan marcas en la piel y en el alma. Cambian la manera como ves a los demás y la manera como ellos te ven. Hay un dicho popular que asegura que somos el resultado de nuestras batallas, las ganadas y las perdidas. En ese caso, ¿qué son las cicatrices? Pues son la evidencia de la lucha, una prueba que casi siempre se lleva por fuera y que también arde en lo más profundo de nuestras entrañas.

Quienes han sufrido una quemadura severa lo saben mejor que nadie. Para ellos es más difícil recuperarse, ya que llevan las heridas en carne viva. Al ver a un niño con el rostro desfigurado por el agua hirviendo o el fuego provocado por la mecha de una vela encendida muchos sienten pena... pero no hacen nada por ellos.

La radio, la televisión y los periódicos suelen hablar de incendios. Dan las cifras de las víctimas y de los sobrevivientes. Pero lo que no sabemos es cómo lograron superar las consecuencias del accidente. Y esa es una parte de la historia que hoy queremos contar.

Pobreza y rehabilitación

La rehabilitación tras una quemadura de segundo y tercer grado requiere de terapia física, psicológica y ocupacional, con la ayuda de profesionales que más allá de cumplir su labor están dispuestos a sembrar la esperanza en sus pacientes. Con ese fin nació la Asociación de Ayuda al Niño Quemado (Aniquem), en octubre de 1999, al ver que quienes más sufrían de quemaduras graves eran y son los niños de bajos recursos, quienes al no tener los medios estaban condenados a una pobre calidad de vida, por la baja autoestima y la exclusión social.

Aniquem es una ONG que sobrevive del apoyo del sector privado y que brinda servicios gratuitos. “Las condiciones en las que vive una familia de bajo nivel socioeconómico son las principales causas de riesgo para los niños. Por ejemplo, en una sola habitación cocinan y duermen, por lo tanto, los más pequeños tienen a la mano objetos inflamables que manipulan sin saber el peligro que corren”, explica Mary Malca, vicepresidenta de la asociación.

Como jugando

En mayo del año pasado, Jhonattan Cabrera (13 años) jugaba fútbol como todas las tardes. Una patada hizo volar la pelota al segundo piso de su casa donde su familia guardaba pólvora. Subió a recoger el balón y hubiera salido ileso si unos segundos más tarde su primo no hubiera saltado detrás de él agitando el explosivo. No tuvo tiempo de correr, el 90% de su cuerpo sufrió quemaduras de tercer grado y aún tiene cirugías pendientes. Usa una malla en la cara, tronco y extremidades para que la piel permanezca en el lugar correcto y sin retraerse.

Para asearse necesita la ayuda de su madre, quien con mucha dedicación trata de no lastimarlo. Jhonattan viene de Cajamarca y viaja a la capital todos los meses para ser atendido en la asociación.

“Es difícil andar con las mallas, sobretodo en el verano, por el calor, pero yo no me doy por vencido. Se que debo colaborar para superar mis heridas”, dice el pequeño que, a pesar del duro camino que se avecina, sonríe cuando recuerda sus tardes de fútbol en Cajamarca.

La causa de todo

Las quemaduras pueden darse por líquidos u objetos calientes, fuego, electricidad o radiación solar. La piel se cae o queda gravemente afectada por lo que necesita una malla que la sostenga. En la mayoría de los casos se requiere también una prótesis como férulas u ortesis que previenen las contracturas y la mala cicatrización, de lo contrario se necesitarían varias cirugías más.

Las quemaduras de Michael Jesús Nieto (4) lo obligan a usar una máscara. En mayo del año pasado una vela cayó sobre la mesa en la que sus hermanos mayores resolvían sus tareas. El fuego avanzó devorando cada pedazo de madera que sostenía su hogar. Él llevó la peor parte, con una cicatriz que le ha invadido el rostro. Su padre, Félix Nieto, lo trae a las terapias todos los meses desde Tingo María, pero cada vez se le hace más difícil por sus escasos ingresos. Reúne dinero en trabajos temporales para trasladar a Michael a Lima, pero tiene más bocas que alimentar en Huánuco y cada vez es más difícil conseguir empleo.

Sabe que sin la solidaridad de Aniquem su hijo no podría sanar sus heridas del cuerpo y del alma. Así como ellos, son más de 1,700 niños que han sido atendidos. ¿Una cifra alentadora? En Aniquem preferirían haber prevenido sus heridas. Y si bien no podemos quitar todas las espinas del camino para los más pequeños, sí podemos prevenir accidentes como las quemaduras. En la vida hay obstáculos más grandes que deberán superar, alcancémosles una mano para esa dura batalla.

Datos

Campamentos. Aniquem realiza dos campamentos al año que tienen como objetivo reinsertar a los niños heridos a la sociedad y darles mayor confianza.

Campaña. La asociación Interplast Alemania se ha unido en una campaña quirúrgica, a través de la cual un equipo de médicos alemanes atenderá las secuelas de quemaduras en pacientes de pobreza extrema en el hospital de Chancay, del 17 al 26 de febrero. (Edición impresa La República )

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