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Médico peruano en Estados Unidos: “El reto más grande fue no saber cómo tratar la pandemia”

Lucía Lozano

@larepublica_pe

21 Jul 2020 | 18:36 h
El infectólogo peruano Javier Aguilar viene combatiendo la COVID-19 en en Hospital Saint John de Detroit. (Foto: Cortesía)
El infectólogo peruano Javier Aguilar viene combatiendo la COVID-19 en en Hospital Saint John de Detroit. (Foto: Cortesía)

Javier Aguilar trabaja en un hospital de Estados Unidos combatiendo la COVID-19. En el proceso resultó infectado y ahora comenta cómo podría ser la situación en el país si no se actúa con precaución.

Cuando en 2005, Javier Aguilar partió a Estados Unidos para hacer su especialización en enfermedades infecciosas, tenía la certeza de que su profesión sería de gran ayuda para la sociedad. Ahora, en 2020, ha confirmado que es de las carreras más relevantes en el contexto actual de la COVID-19, aunque la pandemia haya tomado al mundo por sorpresa, teniendo que ser investigada mientras día a día miles de personas se infectaban.

A Aguilar le ha tocado combatir el nuevo coronavirus en el Hospital Saint John de Detroit, en el estado de Michigan. Ha podido observar desde cerca cómo se manifiesta la COVID-19 en los pacientes, teniendo que buscar formas adecuadas para atenderlos. Durante este proceso se contagió y tuvo que volver a casa por unas semanas para luego retornar y seguir asistiendo a pacientes que llegaban en busca de ayuda.

La experiencia de luchar contra la pandemia en primera línea le ha permitido tener un panorama amplio sobre la enfermedad, por lo que, como peruano, considera que los ciudadanos deben ser más conscientes de su magnitud y acatar las normas para que los hospitales no terminen de colapsar, lo que representaría el derrumbe del país.

Hospital Saint John de Detroit, en Michigan, donde el doctor Aguilar trabaja actualmente. (Foto: DBusiness)

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¿Qué tipos de casos COVID-19 ha visto y con qué síntomas se han presentado?

Cuando se presentó la enfermedad era como un tsunami de pacientes que llegaban al hospital. La política en Detroit era que la gente se quede en su casa hasta que se sientan muy enfermos y que luego vayan al hospital, por eso llegaban con un síndrome de insuficiencia respiratoria, debían ser entubados y entrar a ventilación mecánica.

Durante la primera ola perdimos muchísima gente porque venían muy enfermos. Lamentablemente, no sabíamos muy bien cómo tratar la enfermedad porque era todo nuevo para nosotros. Llegaban pacientes con insuficiencia respiratoria, neumonía del tipo viral, fiebre alta, sepsis que es una infección generalizada, falla renal y otros síntomas como diarrea, dolor de músculos.

Tuvimos bastantes pacientes jóvenes inicialmente, y también afroamericanos eran más los que se enfermaban y morían, porque no guardaron las reglas correspondientes. Pero también tienen una predisposición genética para tener la infección y esto se refiere básicamente a los estudios que se han realizado con el receptor de angiotensina 2 que está en la célula de los pulmones, a la cual el virus se aferra. Los afroamericanos tienen más de estos receptores de angiotensina 2, por lo que tendrán una reacción más severa.

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¿Cómo vienen combatiendo el nuevo coronavirus en el hospital Saint John?

Inicialmente no sabíamos cómo tratar (la COVID-19), hubo algunas experiencias con unos estudios que se realizaron con la primera epidemia del SARS CoV-1 del 2002. Los estudios decían que no se debían usar los corticoesteroides por prolongar la enfermedad. Cuando tuvimos la ola de pacientes y ya no había nada más que hacer, intentamos darles esteroides y fue la llave del éxito para el control de la COVID-19 en Estados Unidos. No solo nosotros, otros hospitales también presentaron resultados con la administración de esteroides.

Este problema tiene dos fases, la viral en donde uno se infecta con el virus, pero una vez que entra al organismo, activa una serie de mecanismos inflamatorios. Con esto se inicia otra fase del tipo inflamatoria. Hay algunos que saltan a esta parte inflamatoria que puede ser muy severa y mata a los pacientes. Lo que los esteroides hacen es evitar que los pacientes pasen de la fase viral a la inflamatoria, y si lo hacen, lo hacen de una manera menos agresiva.

Usted también estuvo infectado con la COVID-19, ¿cuál es su estado actual?

La COVID-19 es un virus que se transmite por la vía aérea y que puede estar en el aire por 3 o 4 horas. Entonces, en el hospital todo el mundo tenía COVID-19 y yo comencé a ver los primeros casos que llegaron a Michigan. No sabíamos cómo tratar ni cómo protegernos y es ahí donde me pegó la enfermedad. Gracias a Dios, en mi caso no fue tan severo. Comencé a tomar prednizona y no llegué a ir al hospital, pero tuve fiebres muy alta hasta de casi 40. Nunca tuve síntomas respiratorios y poco a poco me recuperé.

He desarrollado algunos anticuerpos contra la COVID-19 y espero que sean suficientes para neutralizar la enfermedad. Espero estar protegido, inmune contra la COVID-19. No estamos seguros si es que los anticuerpos van a ser de protección completa, pero pienso que estoy inmune. Ya he regresado a trabajar y nuevamente estoy en contacto con pacientes, tomando las medidas necesarias.

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¿Cuál es su percepción de la vacuna que vienen trabajando Moderna junto con los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos?

Los Institutos Nacionales de Salud están trabajando en distintos proyectos, pero el más promisorio en Estados Unidos es el llamado MRNA1273, es un proyecto de vacuna que esta en fase 1. Se ha probado con voluntarios y se ha administrado a 45 voluntarios y se les ha aplicado dos vacunas, en tres grupos de 15.

Los tres grupos desarrollaron anticuerpos que neutralizan a la COVID-19, pero los mejores resultaron fueron a los que les inyectaron una mayor concentración del virus procesado. Ninguno de los pacientes tuvo una reacción colateral adversa, severa, solo dolor en la zona de la inyección o escalofríos. Con esta promesa, yo creo que podemos tener una vacuna para fines de año o quizás un poco antes si aceleran el proceso.

¿Cómo ve la situación de la pandemia en Perú?

El asunto del Perú es que, lamentablemente, no tiene la capacidad de disponibilidad de camas de hospitales. Si se rebasa la capacidad hospitalaria, la gente va a morir, porque si no se atiende, especialmente en provincias, ese sí va a ser un problema enorme.

Una de las estrategias que epidemiólogos presentaban al Gobierno en Estados Unidos es la intermitencia de medidas, así como liberar las medidas. Es decir, se restringe durante un tiempo, bajan los casos y luego se abren otra vez las restricciones. Intermitente para no rebasar la capacidad hospitalaria hasta que se consiga una vacuna, un tratamiento efectivo. Volver a la cuarentena es una opción porque una vez que se rebasa la capacidad hospitalaria, no hay gente que atienda.

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¿Cuál ha sido el mayor reto como infectólogo durante esta pandemia?

Yo siempre quise ser infectólogo. Yo estudié allá en la Universidad Cayetano Heredia y teniendo tantas enfermedades tropicales, infecciosas, siempre me llamó la atención. Sabía que estos tiempos iban a venir, que iba a haber epidemias, y en los últimos años hemos tenido bacterias súper resistentes y este virus que es el perfecto ejemplo de una pandemia.

El reto más grande como infectólogo fue ver que venía (la pandemia) y no sabíamos cómo tratarla. Uno siempre se frustra, siendo médico, ver cantidad de pacientes sufrir, no poderlos ayudar y, al final de cuentas, morir.