San Damián de los Checa

Huarochirí . Nuevos destinos turísticos en la sierra limeña. Ahora que pasó la temporada de lluvias nada mejor que visitar los impresionantes circuitos turísticos de Huarochirí, ubicados entre los ríos Rímac y Lurín.

Roberto Ochoa B.

El único hostal de San Damián de los Checa es un edificio de tres pisos ubicado en el perímetro de su Plaza Mayor. Su construcción contrasta con la arquitectura tradicional de las viviendas y del palacio municipal. El edificio es feo –parece un “telo” del cono norte limeño–, pero desde sus ventanas es todo un espectáculo ver los disparos de luz solar que brotan al amanecer entre los bosques de eucaliptos ubicados en el cerro tutelar de San Damián.

Lo mejor es que el lento amanecer va develando esos dibujos que decoran las paredes, ventanas y balcones con motivos ganaderos, en honor a la principal actividad económica del distrito de San Damián.

Lo peor es comprobar que todas las casas y edificios públicos de San Damián lucen calaminas oxidadas.

Las carnes, quesos, yogur y leche de San Damián ya se venden en los mercados de Lima Metropolitana, pero en los últimos años creció la exportación de truchas criadas en la piscigranja de Quilquichaca, puerta de ingreso de San Damián.

Lo inaudito es comprobar que el turismo aún no es una actividad económica rentable en este tradicional distrito ubicado en el corazón de la provincia limeña de Huarochirí, cuya historia se remonta a los orígenes del apu Pariacaca y las etnias guerreras huarochiranas.

Un viaje inolvidable

Cuatro horas antes de llegar a San Damián lidiábamos con el infernal tráfico de la Carretera Central y con las mototaxis de Chosica. Pasamos el peaje y en Cocachacra (kilómetro 54) abandonamos la autopista para seguir una carretera afirmada que pasa primero por Santiago de Tumna, sigue por San Andrés de Tupicocha, asciende hasta las faldas del mítico Cinco Cerros y desciende abruptamente por la quebrada formada por la naciente del río Lurín hasta llegar al puente Quilquichaca, donde es casi una obligación detenerse para visitar la piscigranja.

Desde aquí, el camino asciende hasta llegar a este poblado que debería llamarse San Damián de los Checa y los Conchasica, en honor a las dos etnias originarias de su orgullosa población.

El hostal es cómodo y muy cerca está la bodega donde sirven desayuno (el pan con queso es lo recomendable pero el café debería mejorar) y un buen menú al mediodía. Para la cena lo mejor es hacer el pedido con anticipación.

Una buena fecha para celebrar es la Bajada de Reyes, o sus carnavales, o la fiesta en honor a su santo patrón (27 de setiembre), pero durante todo el año se pueden recorrer las rutas turísticas ubicadas en los alrededores de San Damián.

A solo tres kilómetros están los imponentes restos arqueológicos de Llaquistambo, al que se tiene acceso siguiendo un antiguo camino empedrado rodeado de andenes vivos de origen prehispánico. Pese a que Llaquistambo fue investigado por el propio Julio C. Tello, hoy en día sus chullpas, cementerios y plazas lucen abandonados y cubiertos de vegetación. Sin embargo, su ubicación permite contemplar toda la quebrada coronada por Cinco Cerros, pacarina de las etnias locales.

Otro destino que merece mayor promoción es la mítica laguna de Yanascocha, donde los pobladores de San Damián realizan ancestrales tradiciones vinculadas con el culto al agua y a las montañas vecinas.

Para retornar se puede continuar hasta Sunicancha, Lahuaytambo y San José de Chorrillos, para luego descender por el camino que llega a Cieneguilla luego de pasar por Antioquía, Sisicaya y Santa Rosa de Chontay

Toda una ruta turística como para conocer los poblados de “entrerríos” que une las cuencas de los ríos Rímac y Lurín.

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