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Política

Fernando de Yarza: “La sociedad civil tendrá la calidad de medios que está dispuesta a otorgarse”

El presidente de Wan-Ifra, Asociación Mundial de Periódicos y Editores de Noticias, comparte su punto de vista con respecto a la realidad de los medios de comunicación en esta etapa complicada generada por la pandemia.

Logro. De Yarza destaca a los medios que, pese a la crisis, se reencuentran con su público. Foto: Marco Cotrina/La República
Logro. De Yarza destaca a los medios que, pese a la crisis, se reencuentran con su público. Foto: Marco Cotrina/La República
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Por: Juan Álvarez Morales

Como parte de una gira por países latinoamericanos para elaborar un diagnóstico de la actividad periodística de la región, De Yarza pasó por el Perú y en su visita a La República compartió su punto de vista con respecto a la realidad de los medios de comunicación en esta etapa complicada generada por la pandemia.

Señor De Garza, ¿cuáles son las primeras conclusiones a las que ha arribado en sus visitas a países de este continente?

La primera reflexión es que veo que han hecho un esfuerzo muy importante y exitoso de adaptarse a la nueva realidad digital sin perder esos valores que arrastramos desde el papel, y que después de unos años complicados han vuelto a recuperar un papel central y nuclear en el ideario de los ciudadanos.

¿Qué lecciones ha dejado para los impresos la aceleración de la transición a lo digital?

Como una oportunidad. La pandemia nos ha reconciliado con los ciudadanos. Cuando vino un problema serio, la gente vino a informarse al papel o digital. Creo que no hemos fallado en dar respuestas, en entregar información rigurosa.

También hay tendencia a la evasión. ¿Cómo manejarla?

Centrándonos también en historias positivas, no solo poner el foco en la parte trágica, numérica, sino también centrarnos en historias de superación. Las personas nos cansamos también de una permanente fustigación sobre lo negativo.

El lector tiene más poder que antes. ¿Cómo manejar eso?

Es muy importante no sucumbir a la dictadura del click, porque eso hace que las historias no se contrasten como se debería y que se pierda profundidad. Lo que nos diferencia es el contraste, el rigor, la seriedad. Entiendo que es complicado porque vivimos en el tiempo de la inmediatez, del fast food llevado a la información, pero tenemos que buscar el equilibrio. No debemos olvidar que nuestro valor añadido está en lo reflexivo, lo trabajado con el talento de los periodistas.

La crisis actual afecta a la industria periodística también en el plano de los insumos. ¿Qué suelen sugerir ustedes?

Saber adaptarse, crear alianzas, sumar esfuerzos y entender que vivimos una realidad compleja y diferente; pero es verdad que el reto es mayúsculo porque abordamos una tormenta perfecta de una revolución digital con una crisis del modelo tradicional que afecta hasta al propio papel, que se ha convertido en un recurso escaso y muy cotizado. Exige lo mejor de nosotros mismos, ser ágiles y apelar al talento de la gente para salir adelante.

Y en ese contexto, la desinformación promovida por algunos medios termina siendo también contraproducentes.

No de medios sino de países. Hemos denunciado desde la propia WAN-IFRA, como está demostrado por agencias internacionales, que países como Rusia o China se han dedicado a intoxicar industrialmente. Es importante que los gobiernos, especialmente en el frente educativo, preparen a sus jóvenes y ciudadanos porque esta es una amenaza real y existente.

Aunque hay quienes suelen creer lo que quieren...

El chisme es tan viejo como la humanidad. Siempre habrá un personaje marginal de la población que cree que los extraterrestres llegarán en cualquier momento, y contra eso no se puede luchar.

Las noticias falsas tienen un uso político muy fuerte, sobre todo en las elecciones. ¿Monitorean eso?

Intentamos tener un observatorio sobre cómo se comportan los países en relación a ese tema. Y como no lo hacemos con los medios, sí nos gusta rankear a los países más o menos comprometidos con la libertad de prensa porque está directamente relacionado con la calidad democrática y la calidad de vida de los ciudadanos. Y es una responsabilidad de la que no rehuimos.

En su recorrido por países de la región, ¿ha encontrado situaciones por resaltar?

Me preocupa mucho la amenaza en México, intolerable, contra la profesión. El número de periodistas asesinados es inasumible. He exigido al presidente López Obrador menos tibieza y más rotundidad en la defensa de los periodistas. Porque cuando uno ante una situación como esta no es contundente, de alguna manera está siendo cómplice.

En esa línea, ¿cómo debe ser la relación de los medios con los gobiernos cuando se afectan las libertades?

Bueno, al final no dejamos de ser un contrapoder, ¿no? Sucede que vivimos en tiempos en los que hay una cierta impunidad, fruto probablemente de la polarización, en acusar a los medios. Eso es profundamente irresponsable. Tenemos un rol otorgado por los ciudadanos, que se ratifican con audiencias millonarias todos los días; y los gobernantes deberían dedicarse a procurar que se tenga un ecosistema de medios diverso y plural, no atacarlos.

¿Cómo hacerlo cuando los gobiernos responden más a intereses de la corrupción que a los de la ciudadanía?

Es complicado, pero es exigible. Los ciudadanos también deben ser conscientes de que ellos deben exigir, porque es una protección para ellos mismos, demandar a sus gobiernos que sean rigurosos en esto. No es una labor exclusivamente nuestra, sino de la sociedad civil. La sociedad civil tendrá la calidad de medios que está dispuesta a otorgarse. Está en sus manos.

¿Qué percepción tiene de la situación de la libertad de expresión en el Perú?

A nivel global es preocupante, La polarización no ayuda. Sí destaco que la labor de los medios aquí es encomiable. El nivel de compromiso y de rigor es muy alto.

La desintermediación es un riesgo fuerte actualmente?

Es una tentación de los poderosos de la que hay que huir. Las democracias sólidas tienen dos pilares: el Estado de derecho y los medios de comunicación, y hay una vocación de los extremos por atacarlos para manipular a la gente directamente.