Un baño de lágrimas

En el baño de mujeres parlamentarias, las congresistas del fujimorismo viven dramas que difieren mucho de la versión de una bancada monolítica. Si eres nueva en política, sabes poco de leyes y eres mujer provinciana de Fuerza Popular, lo más probable es que en algún momento termines escondida en el baño. Llorando. De rabia, de pena, de frustración. Tus compañeras, tan asustadas como tú, te consolarán. Tal vez, te ayudarán si se te baja la presión y casi te desmayas. Pero te dirán lo que vienen susurrando hace meses: “todavía no es tiempo”.

Las fuentes me piden absoluta discreción sobre su identidad. Tienen miedo. Han visto el modo de operar de la coacción política en el fujimorismo y cualquiera de ellas puede ser la próxima víctima. No es usual lo que me han contado y voy a ahorrarme los nombres, para minimizar las represalias. Espero que, por ahora, sea difícil identificarlas a pesar de las señas que aquí expongo.

Estas mujeres, cuando fueron candidatas, lucharon mucho por llegar al Congreso. Muchas tenían experiencia como dirigentes populares, pero nunca habían participado en política. No conocían a Keiko Fujimori personalmente. Y hasta hoy, aunque parezca increíble, aseguran que nunca han tenido una reunión a solas con ella. Siempre son grupales. Siempre hablan “los antiguos”, la cúpula. Opinan, a veces, pero si su opinión es discordante, se les aprieta la marca. Las llamadas de Ana Vega y Pierre Figari a sus escaños les indican cómo deben votar y como deben callar. Son órdenes inapelables.

¿Y si se rebelan? Es sencillo. Se les abre un proceso en la Comisión de Ética. Un supuesto desconocido presenta una denuncia, ya sea por la hoja de vida (que llenó el personero legal, no ellas) o por la actividad parlamentaria de la congresista. La Comisión de Ética, con mayoría fujimorista, vota para abrir investigación. La coartada es perfecta: “Para que no se diga que blindamos a los nuestros”. Simultáneamente, si se quiere apretar más, se pone una denuncia en el Ministerio Público, siempre a través de terceros. Denuncia que se admite de inmediato. Luego del problema, viene la solución. Si te portas bonito, todo se archiva. Si no te portas bien, te podemos sacar del Congreso porque el accesitario nos conviene más. He encontrado varios casos, de iguales características, siempre con mujeres fujimoristas, lo que confirma todo lo dicho por las fuentes. El mensaje a los demás es claro: lo controlamos todo.

Confundidas (la mayoría no son abogadas) y aterradas, creen que su expulsión es inminente y bajan la cabeza. Acatan. No querían votar a favor de la Ley contra el transfuguismo porque la consideran una “ley mordaza”, un instrumento creado por el entorno de Keiko Fujimori para impedir que hablen. Las obligaron a votar contra su voluntad. Ahora no pueden renunciar a la bancada pese a las trampas que se les han tendido desde el inicio. El malestar está creciendo pero le tienen mucho respeto a Luz Salgado y a Kenji Fujimori quienes siempre las tratan bien. El problema no está ahí. Está en un pequeño entorno que rodea a Keiko Fujimori y que las trata con la punta del pie y bajo amenaza permanente. Me ahorro los calificativos que escuche.

Han leído en su Constitución que los congresistas no están sujetos a mandato imperativo. Es decir nadie puede darles órdenes, menos bajo amenazas, para que voten en un sentido u otro. Peor aún si esas personas ni siquiera pertenecen a la bancada. Pero eso es letra muerta, me dicen.

Mi pregunta fue obvia: ¿no sabían a que se estaban metiendo? Y la respuesta fue que no, que nunca imaginaron ese maltrato. Pero hay más. Si estás dentro del grupo de las vigiladas, olvídate de presentar iniciativas legislativas. No pasarán. Y además, los medios de tu localidad serán usados por agentes de Fuerza Popular para destrozarte, por semanas, con infundios.

¿Y cuándo será el momento de la rebelión? “Cuando Kenji diga”, me informaron. Ahí, ya serán los suficientes para derogar la ley antitransfugismo y formar bancada. ¿Y los hombres? ¿Por qué no sucede lo mismo con ellos? “Ahí, trabajan con otros métodos”. Espero descubrirlos porque no me los contaron al detalle.

Si Keiko Fujimori cree que el autoritarismo crea una bancada sólida, los próximos años le traerán muchas sorpresas. Las lágrimas derramadas por una injusticia no se olvidan. Mucho menos las que se enjugan en un baño público.

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