De Lima a Madre de Dios: 800 mujeres son esclavas sexuales en La Pampa

Invisibles. Niñas pueden ser captadas en cualquier lugar del país, incluso en Lima, con ofertas de trabajos sencillos y bien remunerados. Al llegar al “paraíso prometido” sabrán que tienen una cuantiosa deuda y que deben trabajar en un bar para pagarla.

Invisibles. Niñas pueden ser captadas en cualquier lugar del país, incluso en Lima, con ofertas de trabajos sencillos y bien remunerados. Al llegar al “paraíso prometido” sabrán que tienen una cuantiosa deuda y que deben trabajar en un bar para pagarla.

Madre de Dios es la región número uno en víctimas de trata de personas en el Perú. En esta región, la menos poblada del país, nadie sabe con certeza cuántas jóvenes han sido llevadas con engaños a las zonas mineras y forzadas a trabajar de damas de compañía, en los bares que promueven la explotación sexual.

Lo único que todos tienen en claro es que cada campamento minero cuenta con estos negocios. Se dice que su margen de ganancia solo es superado por la extracción de oro. Los “prostibares” pululan en la zona de La Pampa.

Ubicada en la margen izquierda, entre los kilómetros 80 y 140 de la Carretera Interoceánica, en el área de amortiguamiento de la reserva de Tambopata, La Pampa alberga unos 20 mil mineros ilegales distribuidos en 15 campamentos. Según la fiscalía especializada en trata de personas de Madre de Dios, en cada campamento se registra entre 18 y 20 bares y se estima que en cada uno trabajan unas 7 chicas.

"Estimamos unas 800 víctimas de trata de personas, principalmente menores de edad. Hay otras dedicadas a la explotación sexual pero de manera voluntaria”, explica una fuente de la fiscalía.

Las jóvenes no son ingresadas directamente a las zonas mineras. Los primeros días, cuando aún se resisten, trabajan en los bares ubicados en el eje de la carretera. Una vez sometidas ingresarán a La Pampa.

Oferta engañosa

A las adolescentes les ofrecen trabajo fuera de sus ciudades y pagarles los pasajes y gastos de estadía, de tal manera que al llegar a la zona ya tienen una deuda de 500 soles. El tratante invierte para enganchar a su víctima. Cuando las jóvenes se enteran del verdadero trabajo, si quieren irse las retienen para pagar la deuda.

Pero la deuda crece cada día. Los tratantes suman la alimentación diaria, el alojamiento, la ropa y productos de aseo. Además, les imponen multas que reducen sus ingresos. Si a las jóvenes les da sueño antes de las 4:00 de la mañana, la sancionan con 300 soles. Si deja sucio el baño, compran comida chatarra o ingresan al bar pasadas las 7:00 de la noche le descuentan 200 soles.

La necesidad de conseguir dinero para pagar la deuda las lleva de manera progresiva a aceptar los “pases” y mantener relaciones sexuales con los clientes. A las jóvenes se les ofrece ganar dinero por hacer consumir a los clientes.

Por cada cerveza consumida ganan 2 soles y 10 soles por una botella de agua.

Lo que cobran por el acto sexual queda entre la joven y su cliente. El tratante cobra al cliente por dejar salir a la víctima del bar. Si la joven es mayor de edad serán 100 soles. La salida de una niña depende de su edad. Hasta 800 soles, por una niña de 13 a 14 años.

“El tratante se ha vuelto cuidadoso. No explotan sexualmente a su víctima dentro del local pues saben que corren el riesgo de enfrentar una pena mayor", dice una fuente policial.

La historia de Wendy

En junio, la llamada telefónica de un joven a la línea 1818 del Ministerio del Interior alertó a la policía del secuestro y explotación de una menor de edad. El joven solo contaba con una fotografía que su hermana le había enviado de un bar donde la tenían secuestrada.

La joven fue captada por la agencia de empleos “Ceres”, en Ate Vitarte. Una mujer llamada Fernanda le habló de un trabajo donde le pagarían bien pero que tenía que viajar.

“Éramos dos chicas y nos explicó que iríamos a trabajar a Camaná, en Arequipa, yo como niñera y la otra chica como cocinera. Cuando nos entrevistó ‘Osmar’ pidió que nos saquemos la capucha, no me gustó pero dijo que nos pagarían 2 mil soles y que a los 15 días me darían un adelanto. Que si no me acostumbraba podría irme al mes”, declaró Wendy a la policía, luego de ser restacada.

Pero no fue así. En la agencia de transporte, “Osmar” les comunicó que viajarían a Puerto Maldonado. Wendy se opuso pero le dijeron que si quería irse pagara los pasajes que ya habían comprado. Como no tenía dinero, aceptó viajar. En el camino se sumó a ellas una tercera víctima.

Las tres jóvenes fueron llevadas hasta el bar “La Inolvidable”. Allí las recibió “Fer”, la esposa de Osmar. Ella les pidió que se bañaran, se cambiaran y les explicó que tenían que acompañar y hacer tomar a los clientes.

Wendy intentó mantener distancia de los clientes. Entonces, “Fer” le dijo que tenía que ser más cariñosa y recaudar 500 soles por noche y las cervezas que los clientes no pagaban se las descontaban.

Ese mismo día Wendy logró recuperar su celular y enviar la foto a su hermano con un breve mensaje diciéndole que estaba en Puerto Maldonado.

En el local había otras seis chicas, además de Wendy, que trabajaban entre las 9:00 de la mañana y 3:00 de la madrugada. En las tardes, descansaban dos horas. Su desayuno consistía en pan con agua y las comidas eran sobras de los restaurantes del día anterior.

La noche anterior a ser liberada, Wendy vio cómo un minero le entregó 500 soles al administrador del local. El administrador se acercó a ella y le dijo que habían pagado por su salida.

“Le dije que no hacía esa clase de cosas y respondió que ese era mi trabajo. Le dije que estaba enferma, me hice la que estaba vomitando y me encerré en el baño. El minero insistía que había pagado por mí. Yo salí, le mostré unas pastillas y le hice entender que no podía, que estaba enferma. El minero me dijo: Ya pagué por ti, vengo mañana, te llevo a comer y luego ya sabes”, narró Wendy, a las autoridades.

Tuvo suerte. A la mañana siguiente Wendy y otras dos jóvenes fueron liberadas. La División de Trata de Personas con apoyo de otras unidades policiales llegaron a ubicar el bar, por la foto que había enviado a su hermano.

Faltan recursos

“Las chicas liberadas son reemplazadas rápidamente y el 80 por ciento de las liberadas retornan. Aquí deben entrar todos los ministerios a trabajar en la prevención. La mayoría de víctimas tiene carga familiar o ha sufrido agresión familiar o violación y los tratantes se aprovechan de ese lado vulnerable. Son afectuosos y crean un vínculo, es por eso que cuando se les libera, ellas retornan”, refieren en la policía.

Mientras no se les brinde algo mejor, no haya albergues para socorrerlas y reeducar a las víctimas, no habrá avances en disminuir la trata de personas.

Oficina policial contra trata de personas no cuenta con recursos

Hace dos años, el entonces ministro Daniel Urresti abrió en Madre de Dios el Departamento Policial Contra la Trata de Personas conformado por 4 efectivos policiales. Pero la unidad policial no terminó de implementarse. Solo cuenta con tres escritorios prestados y dos computadoras. No tienen dinero para operar, ni un vehículo para trasladarse.

Para trasladarse, los policías dependen de la buena disposición de la fiscalía. Cuando la fiscalía tampoco puede, tiene que meter la mano a sus bolsillos. A pesar de que se han realizado los requerimientos logísticos, no les hacen casos. “Antes habían operativos de 300 policías. Eso ya no existe", explica en la Defensoría del Pueblo, Guimo Loaiza.

En cifras

182

son los casos que cuenta la fiscalía especializada en trata de personas desde su creación en octubre del 2015.

90%

de casos registrados de víctimas son producto de los operativos de rescate organizados por la fiscalía y la policía nacional.

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