Las pulsiones del abusador

7 Ago 2016 | 19:00 h

El éxito descontado de la marcha #NiUnaMenos este sábado 13 de agosto ha generado, antes del acontecimiento en sí, una gran cantidad de reacciones. La mayoría de estas son a favor de la manifestación. Me refiero a toda clase de reflexiones y expresiones de apoyo en la lucha contra esa lacra secular que es la violencia contra las mujeres. También los hay, por supuesto, retrógrados que pretenden mantener ese orden de primacía masculina, en donde se puede abusar impunemente, como viene sucediendo hasta ahora. En su afán de protagonismo, el cardenal ha conseguido –aunque no de la manera que él esperaba- ser el abanderado de la causa del negacionismo, con su ya célebre “escaparate”. No en balde rima con “escapar” y “disparate”.

¿Pero cuáles son las pulsiones de un abusador de niñas y adolescentes?

Pienso en lo que he visto en mi consultorio y las estadísticas confirman: personajes allegados a las chicas, muchas veces los propios padres. El encuadre que permite estos abusos reiterados y violentos es la trilogía del poder, dominación e impunidad. Un orden patriarcal secular autoriza y fomenta esta primacía masculina, falocrática (el poder del falo). Pero al interior del encuadre, en el mundo interno del abusador, ¿qué sucede?

La represión –que no siempre es un mecanismo patológico- pobremente o mal instalada, hace que no funcione la prohibición, esencial para el funcionamiento de la sociedad, del incesto. La pulsión de dominio –reforzada por la mayor fuerza física y el autoritarismo- se descarga en una niña aterrada que no tiene defensa. Tristemente, muchas madres asustadas o cómplices por diversos motivos, callan. Miran para otro lado, se toman una pastilla para dormir. Pero acaso la más poderosa de todas –e indetectable porque trabaja en silencio, como nos enseñó Freud- es la pulsión de muerte.

Esta presencia tanática es la que explica el goce de un padre que asesina simbólicamente a su hija, destruyendo su capacidad de vincularse sanamente con otra persona, fuera del entorno familiar, años después. Es la manera en que el abusador dice: “siempre serás mía, me perteneces.” Esa misma pulsión mortífera es la que permite la carencia total de empatía con el sufrimiento de la niña. De ahí que la frase citada de Cipriani haya terminado siendo emblemática. Inconscientemente, puso en escena lo que ocurre en esas habitaciones del silencio, donde se destruye la vida de las niñas (también de niños, pero en mucho menor proporción).

Como se ve, el erotismo es un ingrediente menor en esta cadena destructiva. El erotismo crea vínculos, Tánatos los ataca y rompe. Contrariamente a lo que piensan los reprimidos patológicos, aquí el sexo es solo el camino para producir el daño. Mientras escribo, mientras leen, esto está ocurriendo. Espero que entiendan porqué ir a la marcha es una responsabilidad de todas y todos.

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