¿Cohabitación o gobierno dividido?

En el Perú los políticos, los periodistas e incluso algunos constitucionalistas le piden al Presidente del Consejo de Ministros que se comporte como jefe de Gobierno. La exigencia es, desde luego, un error que surge de la calificación de nuestra forma de gobierno como semi-presidencialista. Incluso Sartori, uno de los grandes teóricos de la política y de la democracia, califica al caso peruano de “semi-presidencialismo degenerado” porque es un presidencialismo que tiene muchos controles parlamentarios, el más importante de los cuales es el voto de aprobación del gabinete nombrado por el Presidente de la República.

Que tenga algunos controles parlamentarios no convierte al presidencialismo en semi-presidencialismo. Lanzaro y otros politólogos latinoamericanos prefieren llamarlo presidencialismo parlamentarizado porque sigue conservando los rasgos centrales de todo presidencialismo, a saber, el Presidente de la República es jefe de Estado y jefe de gobierno, el Presidente nombra al titular de la PCM y se mantiene la división de poderes.

Estas características nada tienen que ver con el semi-presidencialismo cuyos rasgos centrales son los siguientes: dualidad de poderes en el Ejecutivo que se divide en jefe de Estado y jefe de gobierno, el jefe de gobierno es elegido por el Parlamento y éste se renueva periódicamente. De ese modo los cambios en el estado de ánimo de la sociedad se expresan en el cambio parcial de la representación parlamentaria que, a su vez, puede cambiar al jefe de gobierno, manteniéndose, sin embargo, el jefe de Estado. Este es elegido por los ciudadanos, representa a la nación, dirige las relaciones exteriores, declara la guerra y la paz y da estabilidad a la política. El cambio se produce en la jefatura de gobierno que se encarga del día a día de la política.

La dualidad de poderes en el Ejecutivo puede dar pie a la cohabitación en la que el jefe de Estado es de un partido y el jefe de gobierno es de otro partido. Fueron los casos en los que Mitterrand (Presidente socialista) tuvo como jefe de Gobierno a Chirac (gaullista) y éste como Presidente de la República tuvo como primer ministro a Jospin (socialista). Un despistado constitucionalista ha calificado al futuro gobierno de PPK como cohabitación cuando en realidad se trata de un gobierno dividido en el que el jefe del Ejecutivo es de un partido (PPK) y el Congreso es controlado por otro partido (FP). Cohabitación no es, pues, lo mismo que gobierno dividido.

De los tres escenarios posibles del gobierno dividido de PPK (cogobierno, confrontación y concentración) el más deseable es quizá el de la concertación plural y abierta que, manteniendo el carácter opositor de FP y del FA, haga posible el despliegue de políticas públicas en favor de la población, respaldadas por los partidos de diversa orientación ideológica. Esta es una posibilidad de corto plazo. Para el largo plazo es necesario reformar el presidencialismo parlamentarizado del mismo modo que el sistema electoral y el sistema de partidos. Sospecho que estas reformas no las puede hacer el próximo Congreso de la República, que va a ser incapaz de hacerlo. Se va a necesitar un momento constituyente.

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