“Hay un gran descrédito del sistema de justicia”

Guido Águila. Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura.

Guido Águila. Presidente del Consejo Nacional de la Magistratura.

Empezó tarde a estudiar Derecho y a los 47 es presidente del CNM. ¿Cómo explica carrera tan meteórica?
 
Para mí hay tres razones fundamentales. He sido profesor de Historia en academias preuniversitarias desde los 18 años. Entonces, el comenzar a estudiar tarde una carrera (el Derecho), hace que la vea desde otra perspectiva.
 
 
No tuvo que quemar etapas…
 
No tuve. La segunda es que me recibo de abogado, pero sigo en la enseñanza. Eso me llevó por todo el país y me hizo conocer a cantidad de abogados que, luego, me permitieron salir elegido. Y, tercero, que dada la conformación  del Consejo, donde no todos son abogados, me llegó la vicepresidencia justamente por la trayectoria académica. 
 
En un país donde los jueces están cuestionados, ¿qué le suscita la responsabilidad de ser quien debe designarlos?
 
No te puedo negar que cuando uno tiene que nombrar, ratificar o destituir a un magistrado, sigue habiendo un cosquilleo. Es decir: ¿estaré haciendo bien? ¿Hay fundamentos para tomar esta decisión? Es una responsabilidad enorme. 
 
¿Y le ha ocurrido alguna vez que luego se dio cuenta de que se equivocó?
 
Sí. Hay un gran descrédito del sistema de justicia. Entonces, no tenemos margen de error. Y cuando, en un par de ocasiones, nos hemos dado cuenta de que nos hemos equivocado, primero, es una gran frustración y, segundo, una autoexigencia. A veces hay una línea delgada en  tener la sensación de que ese es un buen magistrado o un malo.
 
Uno es un ser humano y no se guía solo de papeles. ¿Qué tanto juega la intuición a la hora de decidir?
 
Hay que confesarlo: mucho. Si bien finalmente la decisión tiene que ser lo más objetiva posible. Ha habido circunstancias en que uno, subjetivamente, siente que el magistrado no inspira confianza con sus declaraciones, su actuar, pero en los papeles dice otra cosa. Ahí tiene que primar lo objetivo.
 
Hipotéticamente, vienen dos magistrados con dos currículos idénticos, pero uno le produce confianza y el otro no. ¿Su voto se define por la intuición?
 
Si objetivamente estuvieran iguales en todo, cosa muy difícil, ahí sí tendríamos que llevarnos un poquito por una intuición, pero fundamentada en su actuar, en la forma cómo se expresa y responde. Pasa, pero es mínimo.  
 
Un aspirante a juez tiene muy buen currículum, pero demasiados signos exteriores de riqueza. ¿Cómo cuenta eso?
 
Cuando se ha dado, que es frecuente, a veces tiene una respuesta. Digamos, lo han recibido de herencia; se han casado con una persona acaudalada...
 
¿Como el caso del juez que tenía una propiedad en Miami?
 
Ajá, casos así. Pero hay otros, que son los menos, como el de un juez especializado en la sierra central que tenía tres departamentos en La Molina y no ha sabido explicarlo. Ese criterio ha sido lo fundamental para no ascenderlo.   
 
Suele decirse “el Poder Judicial está lleno de apristas” o “de fujimoristas”. ¿Qué se está haciendo para evitar eso?
 
Hay una prohibición expresa en la Constitución, pero, a veces, hasta le han perdido el sentido: no puede haber un magistrado inscrito en un partido político. Sin embargo, el Jurado Nacional de Elecciones encontró más de un centenar de fiscales que estaban inscritos.
 
Y también están las simpatías que no se traducen en un carné, ¿no?
 
Así es. La única forma de hacer ese control es por la calidad de sus decisiones. Si una persona tiene filiación con el partido negro y ha tenido que resolver un caso en el que está involucrado el partido negro, nos tiene que convencer de que su fundamentación es arreglada a Derecho. Sobre todo cuando lo favorece.  
 
Sus críticos dicen que usted formó a aspirantes a jueces y fiscales. ¿Qué garantiza que  ellos no tengan ventaja?
 
Yo quisiera darle otra lectura. Justamente el haber trabajado una década con abogados que han pretendido ser jueces o fiscales da un expertise que no tiene otro consejero. Al conocer sus necesidades, yo las recojo y las traigo acá como propuestas. Esto que se sigue señalando, de que habría un conflicto de intereses, es totalmente descabellado.
 
¿Cómo se cuida usted de la transparencia de sus decisiones?  
 
Mucho en el sentido de que, por ejemplo, todas las entrevistas son grabadas y se siguen por video streaming. Cuando nombramos a los jueces y fiscales supremos, en un momento en que hubo cien mil personas siguiendo las entrevistas. 
 
¿Qué le gustaría ver plasmado como desafío personal en su gestión?
 
Aunque pueda sonar personalista, quisiera que se hable de un antes y un después de nuestra presencia. Quisiera que no haya ni sombra de duda sobre la transparencia de los exámenes. Que las ratificaciones que se hacen cada siete años sean objetivas. Y, en el ámbito de los procedimientos disciplinarios, que sean predecibles. No que ante actos iguales el Consejo falle en forma diferente. El Consejo no debe ser temido por jueces y fiscales sino respetado.  
 
Jueces y fiscales tampoco deben ser temidos por la población, ¿no?
 
Eso. Yo, como candidato visité juzgados, fiscalías, Colegios de Abogados, y tienes razón: algunos eran déspotas, autoritarios. Son a veces como pequeños reyezuelos en su jurisdicción. Eso se va a evaluar. 

La ficha

Nací en Lima hace 47 años. Estudié en el Colegio Maristas, donde aprendí la búsqueda de la excelencia. Al acabar el colegio, me dediqué a la docencia. Estudié Derecho y me doctoré en la Universidade do Vale Do Itajaí (Brasil). He escrito dos libros. En abril del 2015 fui elegido por todos los colegios de abogados su representante ante el CNM y, al renunciar el presidente anterior, asumí el cargo. Hace dos semanas, fui elegido presidente del CNM por unanimidad. Soy el presidente más joven que ha tenido en su historia. 

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