“Hay un 70% del país que no quiere a Keiko Fujimori y está buscando alternativas”

Hernán Chaparro. Director de la encuestadora GfK.

Hernán Chaparro. Director de la encuestadora GfK.

Hernán Chaparro, director de la encuestadora GfK, siempre tiene una lectura interesante de la coyuntura electoral. Con cifras en la mano y con la experiencia de campañas anteriores, en la siguiente entrevista ofrece un repaso general sobre los principales candidatos presidenciales en competencia, identificando sus principales virtudes pero también sus límites.

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En su diagnóstico, Keiko Fujimori tiene un pocentaje de votos que, salvo un episodio dramático, mantendría sólido hasta abril. La lideresa de Fuerza Popular, según los sondeos, es respaldada un 30% de la población. Eso significa que hay un 70% restante buscando una alternativa. Nada está dicho.
 
Keiko Fujimori prescindió de fujimoristas llamados 'históricos'. La interpretación más obvia es que piensa ya en la segunda vuelta, dado su cómodo primer lugar en las encuestas. 
 
Ella -el fujimorismo en general- ha demostrado tener un voto duro que, además, ha crecido. Digamos que en términos de prioridades es entendible que ella se enfoque más en la segunda vuelta, el momento crucial en el que el fujimorismo, sin Alberto Fujimori a la cabeza, ha perdido.
 
¿Considera que ella es casi fija en segunda vuelta?
 
Hasta ahora. Por eso tiene lógica que se proyecte, aunque también es necesario que mantenga su atención en la primera vuelta. En el Perú hay un vínculo precario entre ciudadanos y candidatos, y si tuviese algún mal paso, la podría afectar. En todo caso, la probabilidad de que su respaldo actual no sufra mucho es altísima. 
 
Ser hija de Alberto Fujimori le juega a favor o en contra?
 
Es una buena pregunta. Cuando hemos evaluado los pros y contras de los principales candidatos, la gente que más critica a Keiko lo hace por su padre y, al mismo tiempo, quienes más la apoyan también lo hacen por su padre. Mi impresión es que las últimas movidas que ha tomado para distanciarse del pasado son consecuentes con aquello que el fujimorismo ha venido construyendo de manera discursiva en los últimos cinco años. 
 
Ella ya había pedido perdón en el 2011, ¿no?
 
El video está en Youtube, y nadie se acuerda mucho de eso. Por eso digo, Keiko ha ido insistiendo en el mensaje de que es la promesa de algo diferente.
 
Mucha gente especuló que con esta decisión de prescindir de los 'históricos' puso en peligro el 'voto duro'. ¿Es así?
 
Pienso que no. Si la propia Martha Chávez, que es la líder de ese voto duro, ha terminado diciendo que lo importante es el objetivo final, es decir, la victoria. Esa posición va a ser importante en la actitud de la gente más 'dura' y calmará mucho las aguas, imagino. Aparte, también se decía que estos históricos desplazados, Chávez, Cuculiza y Aguinaga, iban a terminar dispersados en las listas de otros partidos, sin embargo, nada de eso ha ocurrido finalmente. Eso fortalece la impresión hacia afuera de que Keiko sí está manejando las cosas. 
 
Pensando en que Keiko Fujimori ya es casi fija en segunda vuelta, y que ya perdió en esa etapa en el 2011. ¿Cómo le podría ir ahora? 
 
Hay una conexión entre las actuales corrientes a nivel de cultura política en el país y el rol que cumple el fujimorismo en ese escenario. En GfK hicimos un ejercicio de tipologías de cultura política, donde lo que se ve es que la mitad del país se ubica en el segmento que hemos llamado de 'conformistas desinformados', esto es...
 
¿Que les da lo mismo todo?
 
Es gente ya cansada de la política, cansada de que todos mientan. Es gente para la que lo público dejó de ser un espacio importante. Es decir, son personas que ni siquiera están interesadas de participar en un comedor popular. Así, es una mitad del país que tiene una convicción más individualista, construida sobre la decepción. Es un indivualismo estratégico, pragmático, que apoyará a aquel que le resuelva su problema. En Lima, eso se refleja en Luis Castañeda. 
 
¿Y a nivel nacional eso podría reflejarse en Keiko Fujimori?
 
No solo en ella, creo que Acuña también expresa eso. En todo caso, me parece que lo que representa el fujimorismo puede enganchar con esta gente que es, dicho sea de paso, la que menos está atenta a la campaña y la que, dos semanas antes del día de la elección, recién se pone a pensar: ¿y ahora por quién voto? Lamentablemente, la sociedad peruana está derivando hacia algo donde lo público es visto como un espacio de conflicto, de corrupción, donde cada quien opta por sus estrategias individuales. 
 
¿Qué demanda esta gente que es casi la mitad del país?
 
Seguridad en su barrio. Y es más tradicional. Es un segmento más orientado al resultado, sin importar el cómo. Son las personas más felices con la democracia, porque no les importa mucho. Hay otro dato interesante sobre Keiko Fujimori: en el análisis que hemos hecho, es quien tiene un vínculo afectivo con la gente mucho más fuerte del que tienen otros candidatos. Por supuesto, ningún afecto se construye de la nada: hay una historia que viene detrás.
 
Claro, es un vínculo afectivo casi heredado desde los noventas.
 
Así es. 
 
Vayamos donde Acuña. Cuando empezó a trepar en las encuestas, varios escribieron tratando de descifrar su encanto. He leído a varios destacando que el secreto descansa en su perfil de persona que vino desde bien abajo y ahora es millonario, como que los peruanos ven en él a un modelo a seguir. ¿Va por ahí? 
 
Paradójicamente, en algunos aspectos Acuña se parece más a Alberto Fujimori que la propia Keiko. 
 
¿Por su forma de entender la acción política?
 
Sí. Ahora, hay un tema previo acá, que tiene que ver con el vacío político existente. En las elecciones de 2014, Castañeda tuvo casi desde el comienzo un 50% de intención de voto y terminó igual. El vacío estuvo en la otra mitad de Lima, porque ni Susana Villarán ni Salvador Heresi se movieron mucho. Nunca cuajaron. Por eso, en los diez días previos a la elección, Enrique Cornejo los terminó rebasando. A lo que voy: lo que ocurrió en Lima podría dar una idea de lo que estaría pasando a nivel nacional. Dicho de otro modo: hay un 70% del país que hoy no quiere a Keiko Fujimori y está buscando alternativas. 
 
¿Y ahí podría entrar Acuña?
 
No solo él. Si se revisan las anteriores encuestas de GfK uno puede ver que desde el segundo hasta el quinto o sexto lugar hay casi un empate. Entonces, repito: hay un vacío entre quienes no desean a Keiko. Y están buscando a alguien. ¿Qué hay?  Dos ex presidentes como Alejandro Toledo y Alan García que están pagando los platos rotos de la distancia de los ciudadanos frente a la política. Un Pedro Pablo Kuczynski que puede revestir todavía cierto carácter de novedad pues, por último, no ha sido nunca presidente. Y un Acuña, que puede ser visto como una alternativa con un matiz más popular. 
 
¿Y su crecimiento tiene límites? Él subió el doble entre octubre y noviembre.
 
La foto de diciembre nos dice que su crecimiento ya no es exponencial. Falta ver lo que pase en enero, claro. Estos crecimientos exponenciales, un mes antes de las elecciones, ya no los para nadie. En noviembre o diciembre sí se pueden moderar porque te caen todos encima, con acusaciones, cuestionamientos y denuncias. 
 
Sobre Alianza Popular, los dirigentes del APRA y del PPC han defendido esta unión reivindicando que son dos partidos históricos que han depuesto diferencias pensando en el país. Yo no sé si acá, en donde el vínculo partidos-ciudadanos es tan precario, una explicación así puede ayudar a sumar. ¿Qué piensa? 
 
La verdad, no creo que ese argumento cale en la ciudadanía. Esa alianza le ha convenido al APRA. Es un tema hasta de psicología. Mientras García estaba solo, lo de los 'Narcoindultos' era una asociación automática, inconsciente. Al juntarse con Lourdes Flores, esta asociación con la corrupción se neutraliza, se difumina. No es tanto que Lourdes sume: mi hipótesis es que más ayuda a controlar los negativos. ¿Puede subir García? Bueno, dependerá de su propio juego, de lo que haga en campaña.
 
Lo planteaba porque esa explicación de los dirigentes del APRA y del PPC más parece pensada para justificar la alianza hacia dentro.
 
En nuestra tipología de cultura política identificamos a un 25% de 'críticos participativos', gente a la que le interesa la política aunque no le gusta lo que ve. Y hay un 21% de 'renegados insatisfechos' que están molestos con la política y por eso toman distancia de ella. A lo que voy: en ambos hay un porcentaje de gente que te dice que si hubiera partidos transparentes, más democráticos, participaría en política. La demanda es por transparencia y cero corrupción, pero en ese discurso de “somos los partidos históricos del Perú” no hay nada de eso.
 
A eso iba: apelan al gesto de Luis Bedoya en favor de Haya de la Torre en la Asamblea Constituyente de hace 35 años. Es una campaña con tintes románticos.
 
En el segmento más joven la historia los tiene sin cuidado. A esos 'renegados insatisfechos' les interesa el ahora. 
 
¿Y Kuczynski? De él suele decirse que tiene límites serios para crecer, que fuera de Lima será muy difícil que mejore su desempeño. ¿Esto es un mito o es una realidad?
 
Ningún mito. Lo que tiene está muy concentrado en Lima, en los sectores A, B y C. Hay un gran desfase con los niveles D y E que, a nivel nacional, son casi la mitad. Y esto no es por falta de actividad, porque yo tengo entendido que se ha hecho mucho trabajo en el interior.
 
No es por ausencia de trabajo político, entonces. Hay otras explicaciones.
 
Que yo recuerde, nadie ha ganado elecciones por ser el más hábil, o por tener un mejor plan de gobierno o por demostrar mejores capacidades técnicas. Las elecciones se ganan con un plan comunicacional, haciendo que el plan de gobierno aterrice a ideas fuerza, que logren conectar con los ciudadanos. 
 
Con sus demandas. 
 
Mi impresión ahí es que falta bajar ese plan a dos o tres conceptos, claros, precisos, que ayuden a enganchar a la gente. ¿Cuál es el gran gancho del mensaje de Kuczynski? No lo veo todavía. Me parece que ese es el gran reto que tiene el candidato por delante.

 

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