La sentencia del Loco David

Lucha de pericias en el preámbulo de la revisión de sentencias a los acusados de asesinar a Walter Oyarce en el estadio de la U, condenados a 35 años de prisión. La Corte Suprema tiene cuatro caminos. 

Lucha de pericias en el preámbulo de la revisión de sentencias a los acusados de asesinar a Walter Oyarce en el estadio de la U, condenados a 35 años de prisión. La Corte Suprema tiene cuatro caminos. 

Lo que más llamó la atención de la pena que en 2014 impuso la Corte Superior a David Sánchez Manrique y José Luis Roque –“Loco David” y “Cholo Payet”, respectivamente– fue su severidad: 35 años de carcelería. Es la máxima para castigar homicidios con alevosía. Ante la Corte Suprema, que resuelve un pedido de nulidad, el abogado del Cholo Payet, Alberto Borea, recordó que sentenciados por delitos de lesa humanidad recibieron penas menores. Aludía al Grupo Colina, cuyos principales integrantes purgan 25 años.

–Es que mi distinguido colega no conoce bien el Derecho Penal –retrucó el abogado de la parte civil, Luis Vargas Valdivia, mofándose de que Borea es constitucionalista–. En el momento en que sentenciaron al Grupo Colina la pena máxima era esa. Después la ley cambió, aumentándola. Esa es toda la explicación.

Crimen alevoso

Pero el punto de la defensa no es que la pena fue excesiva, sino que la Corte Superior no valoró las pruebas de inocencia. Peor aún, permitió cambiar la acusación, de homicidio con ferocidad al perpetrado con alevosía  –tienen las mismas penas–, luego de más de veinte sesiones, cuando solo faltaban dos audiencias para que finalizara el juicio oral. Ya había concluido la presentación de testigos y peritos. Según esta perspectiva, Sánchez-Manrique y Roque fueron sentenciados sin permitírseles preparar una defensa adecuada.

De acuerdo con la parte civil, la Corte Suprema tuvo razón. Los jueces avalaron la versión del Ministerio Público de que la acusación complementaria no se basaba en hechos nuevos. Así, no era necesario volver a escuchar a la otra parte. En realidad la fiscalía reinterpretó la acusación, haciendo que sus testimonios y sus pericias fueran más funcionales al cargo de alevosía: esto es, que hubo premeditación, ventaja, concierto para tirar al vacío, desde uno de los palcos de la U, a un Oyarce en estado de shock, inerme e indefenso.

La caída libre

¿Estaba Walter Oyarce en completa indefensión cuando cayó? Los testigos de la fiscalía sostienen que sí, porque el Cholo Payet lo tomó por las piernas, inmovilizándolo, y el Loco David lo empujó. La versión del primero, representado por Alberto Borea, sostiene que fue un tercero, Richard Valverde, o “Negro Ampilio”, quien lo echó al vacío, estando Oyarce subido en una saliente de la baranda que da a la cancha de fútbol, en una posición muy precaria. Los testigos presentados por el abogado del Loco David, José Urquizo,  aseguraron otra cosa: que estando en esa misma postura, Oyarce cayó por su propio impulso, al intentar patear al Cholo Payet, quien lo esquivó. Pero ambas manifestaciones coinciden en que David no se enfrentó con Oyarce. Estaba, aseguran, en la parte alta del palco desde donde cayó.

–Ni siquiera  vi lo que ocurrió –dijo Sánchez Manrique en la última audiencia ante la Suprema.

Un argumento del pedido de nulidad es que los jueces ignoraron arbitrariamente los testimonios exculpatorios de Sánchez-Manrique. Desecharon nueve testimonios de descargo, e invalidaron declaraciones de dos de los siete testigos del Ministerio Público que disentían con manifestaciones de los otros cinco. Cuando caía Oyarce, uno vio al Loco David en la parte superior, y otro lo tuvo al frente. El Ministerio Público dijo que no los llevó porque no pudo ubicarlos y la Corte Superior dispuso ignorar lo que declararon en la etapa de instrucción.

LUCHA DE TESTIMONIOS

Por otra parte, siempre según Urquizo, los testigos de cargo cambiaron sus versiones para uniformizarse finalmente en la incriminación al Loco David. Dijo también que los testigos de la fiscalía dieron distintas ubicaciones del lugar del enfrentamiento. Inicialmente los testigos se refirieron a un espacio entre los palcos C128 y C130. Luego cambiaron a C130 y C132. Lo hicieron, arguyó el abogado, para compatibilizar los testimonios con las pericias de parte. Para la parte civil, en cambio,  se trató de una mera confusión. La Corte Suprema deberá evaluar si estas contradicciones son o no sustantivas.

Al  referirse al enfrentamiento, los testigos de cargo no mencionaron una golpiza contra Walter Oyarce. Esto también fue remarcado por la defensa de Sánchez-Manrique. Lo hizo porque las pericias de la acusación revelarían que fue brutalmente agredido. La sentencia asume esta versión, al mismo tiempo que desecha las tesis de descargo. La Corte Superior no encontró calidad ni pertinencia en los peritajes que trajo al juicio la defensa de los acusados. Este es otro punto que la Sala Penal Transitoria deberá evaluar.

Lucha de pericias

El informe de necropsia practicado a Oyarce indica lesiones en el cráneo, mano, maxilar, y traumatismo en un ojo. Los peritajes de parte de José Pablo Baraybar y José Ráez establecen que las lesiones fueron registradas en tres tiempos. Antes de caer, fractura del pómulo derecho, posiblemente por impacto de un puño que le produjo un estado de shock. Luego,  fractura del antebrazo al chocar con un murete de cemento antes de llegar al piso. Finalmente,   lesiones en el tórax posterior, omóplato y cráneo. Según Baraybar la caída no fue por impulso propio. La lesión de los dedos de la mano derecha pudo deberse a un latigazo. Todo lo cual lleva a la deducción de que en el palco fue brutalmente golpeado.

Urquizo sostiene que para golpearse en el murete, distante 2.40 metros de la línea perpendicular de caída, Oyarce debió haber sido lanzado desde arriba por una fuerza superior a la forma en que los testigos de cargo describen la caída. ¿Con qué fuerza? Es un punto que omite la pericia, según el abogado. Los testigos señalan que Oyarce quiso agarrarse del borde de vidrio templado por sobre el cual habría sido empujado. Por lo tanto, debió caer en forma perpendicular.

La defensa presentó tres peritajes que refutaban la tesis de cargo: dos físicas y una forense, pero no fueron aceptadas por los jueces. Consideraron que los especialistas estaban poco calificados y que llegaban a conclusiones antojadizas. La Corte Superior tampoco permitió un debate entre los peritos de ambas partes. El menosprecio de estos peritos es una de las más importantes causales de nulidad en la larga lista que Alberto Borea presentó en la última audiencia. Vargas Valdivia, por su parte, no guarda formas al calificar la probidad de las pericias:

–Eran inconducentes, impertinentes e inútiles.

Cuatro caminos

Los magistrados tienen cuatro opciones. La primera es ratificar la condena, con lo cual Sánchez-Manrique y Roque continúan con sus 35 años. La segunda: declararlos inocentes, considerando suficiente lo que ya se vio hasta ahora para asumir que no hay pruebas en su contra. El tercer camino es anular el juicio, disponiendo otro. En esta opción un nuevo tribunal decidiría si los acusados lo afrontan detenidos o en libertad. Por último, la Corte Suprema puede considerarlos culpables disminuyendo la pena.

Es una decisión difícil, sobre todo si prima un criterio revisionista. En este contexto lo menos arduo resulta resolver si hubo o no alevosía. Pero la cuestión de fondo sigue siendo si hay suficientes pruebas para encontrar culpabilidad. A falta de un video, y ante testimonios encontrados, la prueba pericial termina siendo clave. Como ambas partes se han encargado de desacreditar los informes técnicos de sus oponentes, la situación obligará a cada magistrado a transitar meandros de la física y de la medicina forense para apreciar los argumentos científicos que llevan mayor razón.

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