Tres temas polémicos que necesitan ser discutidos en la campaña presidencial

Estos son, aquí están, los temas que no pueden faltar para hacer que el debate político para las elecciones del 2016 sea incluso más candente.

Estos son, aquí están, los temas que no pueden faltar para hacer que el debate político para las elecciones del 2016 sea incluso más candente.

Hablar de ellos es truculento. Dependiendo de qué se trate, equivale a pintarse una diana en el pecho y caminar por un campo de tiro o a recibir aplausos. Aún así, ignorar los llamados temas polémicos como la pena de muerte, el matrimonio gay o la legalización de las drogas no los hará desaparecer. LaRepublica.pe recopila, a continuación, puntos a considerar sobre estos tres tópicos, así como un poco de historia.
 

El matrimonio homosexual

Sus opositores dicen que no se le puede llamar matrimonio porque, físicamente, una pareja del mismo sexo no puede engendrar descendencia. Además de que "va contra la ley natural". Conforme estas discusiones prosiguen, argumentos como "protección de la familia", "decencia", entre otros, surgen para oponerse a la unión ante la ley de homosexuales y lesbianas.
 
El sentido común indica que, quienes deseen casarse, deberían hacerlo, pero la Constitución Política del Perú señala que solo puede llamársele matrimonio a "la unión estable de un varón y una mujer".
 
Entre el 2014 y 2015 se libró una encarnizada batalla en el Congreso para que el proyecto de ley de Unión Civil, propuesto por la bancada Concertación Parlamentaria, respaldado además por el Ministerio de Justicia. No era un matrimonio, pero se le acercó bastante al contemplar temas como herencia, beneficios del seguro de salud, de pensión, toma de decisiones en casos de vida o muerte, etc. La propuesta de este quinto estado civil no sobrevivió para llegar al pleno, pues la Comisión de Justicia del Congreso lo archivó.
 
Otros dos proyectos que compitieron con el de Unión Civil, también archivados, fueron de los fujimoristas. Martha Chávez propuso el proyecto de Sociedad Solidaria, según el cual la pensión de sobrevivencia se puede dar recién cinco años después desde que se establece la unión. Julio Rosas, por su parte, lanzó el proyecto de Atención Mutua, según el cual la herencia puede darse luego de dos años después que ambas partes firman un acuerdo; pero es una herencia a media caña, pues en caso de no existir testamento, la pareja solo puede heredar si no hay herederos legales como hijos, padres o hermanos menores.
 
El evangélico Julio Rosas, recordemos, llevó al Congreso la supuesta cantidad de un millón de firmas para oponerse al proyecto de Unión Civil, aduciendo que estas parten de la "reserva moral" del Perú.
 
 
Sea cual sea la posición de los políticos, no se puede negar que el Perú es un país homofóbico, donde se ataca a homosexuales simplemente porque al agresor le da la gana. Por ejemplo, en 2007 el travesti Edgar Peña pue cortado repetidas veces con una botella rota y una navaja, la Policía fue testigo de cómo lo perseguían, pero lo ignoró. Tuvo suerte de salir vivo. Además, una infografía de de The Guardian en 2014 pone a Perú entre los países de América Latina donde la ley no es clara en asuntos de igualdades.
 
 

La legalización de las drogas

La lucha actual contra las drogas en Perú se traduce en la disminución de los cultivos ilegales de hoja de coca, insumo vital para el narcotráfico. Aún así, este problema está a años luz de acabar, pues Perú es un paraíso para las narcoavionetas, que entran y salen del país y muy pocas son intervenidas.
 
Esto motivó que se apruebe el derribo de las avionetas sospechosas de transportar estupefacientes, pero la guerra armada contra las drogas no tiene que ser el unico metodo para evitar que esta sustancia perjudique a la población con sus efectos comprobados. Una posibilidad es legalizar su comercialización.
 
La lógica detrás de ello es que, cuando deje de ser una actividad ilícita, el tráfico de drogas ya no será un negocio rentable y no generará tanto dinero. Hay distinciones, pues algunos se mantienen a favor de la lucha contra las drogas duras (cocaína) pero están a favor de que se legalice la marihuana. Verónika Mendoza, por ejemplo, está de acuerdo con esto último.
 
No olvidemos que en 2011 Alejandro Toledo sugirió que despenalizar el consumo de droga es "una línea a explorar", de modo que el Perú no se convierta en un narcoestado. No pasó mucho para que sus opositores lo hicieran leña por ese comentario (PPK entre ellos, quien en esa campaña estuvo de acuerdo con legalizar solo la marihuana).
 
Como sabemos, Uruguay legalizó la marihuana y, según una encuesta del 2014, el 17% de estudiantes de secundaria la consumió, a diferencia de un 15% que prefirió el tabaco. También se ha incrementado el número de personas que cultiva marihuana en sus domicilios.
 
La ONG peruana Cedro se opone a la legalización de la marihuana por considerarla no solo nociva, sino una "droga de entrada", tras lo cual el usuario puede consumir las sustancias "duras". El Código Penal establece que es legal poseer drogas en las siguientes cantidades máximas: 5 g de pasta básica de cocaína, 2 g de clohorhidrato de cocaína, 8 g de marihuana, etc. De superarse estas cantidades, hablamos de posesión para el tráfico ilícito.
 
¿Legalizar las drogas en general serviría para hacer del narcotráfico un negocio no rentable? Hay quienes opinan que sí por lo expuesto anteriormente, otros que eso no funcionaría en Perú, que es el segundo productor mundial de hoja de coca (Colombia nos quitó la corona). De aquí, además, parten por aire, mar y tierra los derivados de esa planta para consumo en los cinco continentes.
 

La pena de muerte

Cada cierto tiempo, la propuesta de aplicar la pena de muerte surge cuando cierto crimen alcanza notoriedad, como el abuso sexual y posterior asesinato de menores de edad. Por ejemplo, en 2003 la niña Yuri Peso (8) fue secuestrada, violada y asesinada. Luego, la ataron de pies y manos y arrojaron desde el segundo piso de un inmueble. De inmediato, distintos frentes pidieron la pena de muerte para los criminales, castigo que solo se aplica en Perú por el delito de traición a la patria en tiempos de guerra externa (está en la Constitución). 
 
La Iglesia Católica, que tiene la confianza del 79% de peruanos, se ha opuesto en repetidas ocasiones a la pena de muerte, allí están las declaraciones del arzobispo Juan Luis Cipriani y del presidente de la conferencia episcopal peruana Salvador Piñeiro; aunque por ahí uno que otro siervo del Vaticano (lo estamos mirando, señor Bambarén) sí pide muerte para violadores de niños que maten a sus vìctimas, esto en una interpretación de palabras atribuídas a Jesús.
 
Pero ahora no solo se habla de ejecutar a violadores, sino a malandros avezados. El pastor evangélico y congresista Humberto Lay (aliado del candidato presidencial César Acuña) está de acuerdo en implementar la pena de muerte contra "el flagelo de la delincuencia", siempre y cuando las otras alternativas fallen.
 
De otro lado, los opositores esgrimen que la pena de muerte no ha sido efectiva para disuadir a criminales, pues en Estados Unidos todavía hay homicidios agravados a pesar de castigarse con la muerte; además de que es un evidente irrespeto a los derechos humanos del sentenciado. En el caso peruano, nuestra justicia está bastante lejos de ser perfecta y la pena de muerte es un método irreversible si se otorga mal. En el caso del "monstruo de Armendáriz" no hubo evidencia concluyente de que haya violado y matado a un niño, pero igual lo pasaron por las armas.
 
Perú está afiliado a la Convención de Derechos Humanos - Pacto de San José, que nos prohíble hacer que la pena de muerte se de para otros delitos, salvo el de traición a la patria. No faltan, eso sí, políticos que esgrimen argumentos para justificar el regreso a las ejecuciones, manteniendo al estado o no en la Corte.
 
Incluso la han propuesto los actuales candidatos a la presidencia. Cuando Keiko Fujimori aún era congresista, sugirió evaluarla en crímenes sonados como el de la niña Rominacuadripléjica tras ser baleada por asaltantes de cambistas; mientras que Alan García la propuso en su segundo mandato, aunque no prosperó en el Congreso.
 
Nota: Aplicar la pena de muerte en otros casos requiere una reforma constitucional.
 
Dato
 
Queda pendiente para un artículo posterior hablar de otros temas no menos polémicos, como la legalización del aborto, el estado laico, etc.
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