El autogolpe del 5 de abril atentó contra la democracia

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04 Abr 2012 | 20:22 h
Inés Flores.

Los argumentos que esgrimió Alberto Fujimori para disolver el Congreso solo fueron el pretexto para evitar la investigación que prosperaba en el Legislativo sobre los crímenes de Barrios Altos y de La Cantuta así como la fiscalización del Ejecutivo.

Así lo aseguran cuatro legisladores que aquel nefasto 5 de abril de 1992 fueron  secuestrados y tomados prisioneros en sus mismos domicilios.

“Ya se habían dado los primeros pasos para dar solución a los temas sensibles para el país en ese momento. Según   el económico-financiero, en agosto de 1990 Juan Carlos Hurtado empezó a enderezar la situación (hiperinflación) que había quedado del primer gobierno de Alan García con el paquete de medidas (conocido como el fujishock)”, asegura a La República el pepecista Felipe Osterling, quien entonces presidía el Senado y el Congreso de la República.

Osterling recuerda que el Legislativo delegó facultades al Ejecutivo para que aprobara decretos legislativos contra el terrorismo y para impulsar el campo económico.

El problema vino, agrega, cuando el Congreso observó que se había incurrido en excesos en el marco de esas facultades delegadas y se decidió tomar medidas de control del Ejecutivo.

Pero el detonante, añade Osterling, fue la denuncia de Susana Higuchi que involucraba a la familia Fujimori en la apropiación de donaciones.

“En el Congreso íbamos a investigar lo de la ropa donada así como al grupo Colina y lo que había ocurrido en Barrios Altos y La Cantuta. Esto llevó a que se liquidara el Congreso y el Poder Judicial”, anota.

PRESO EN MI CASA

Osterling evoca con claridad cómo fue tomado prisionero en su casa de La Molina la noche de ese 5 de abril.

“Estaba con mi hijo Rafael, mi esposa estaba en Londres. Apenas escuché a Alberto Fujimori decir que disolvía el Congreso, me vestí para ir de inmediato al Palacio Legislativo. Cuando abrí el portón, unos 15 efectivos del Ejército, al mando de un comandante, me detuvieron. El oficial me dijo: 'Usted no sale'.  Yo les repliqué que debía ir de todas maneras, entonces me encañonaron”, nos cuenta.

A las 5 de la tarde el comandante le comunicó que pensaban deportarlo, dos horas después le revocaron esa orden y le indicaron que iba a ser llevado a una prisión militar, decisión que también fue cancelada.

Seis días después le indicaron que ya podía desplazarse. Lo primero que hizo don Felipe Osterling fue ir al Congreso, pero los militares que habían tomado el Parlamento lo obligaron a retroceder.

A LA CAZA DE ALAN

En la casa de Alan García de Chacarilla se vivió una situación similar. 

Lo que pasó esa noche en la casa de García nos lo cuenta Jorge Del Castillo, quien en ese momento se encontraba ahí.

“Yo estaba con Alan García. No estábamos viendo el mensaje de Fujimori. Sabíamos que lo iban a pasar. Los policías que estaban afuera tocaron la puerta y dijeron que el Ejército estaba rodeando la casa y toda la manzana”, detalla.

Luego, relata Del Castillo, por altavoz dijeron: “¡En nombre del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, ustedes están detenidos...! ¡Salgan con las manos en alto!”.

“Pensamos cómo resistir esa fuerza. Alan se cambió rápidamente y salió por la puerta trasera. Me quedé allí aguantando todo lo que podía. Estos (militares) empezaron a disparar a la casa. Allí estaban los niños, los hijos de Alan. Pilar estaba de viaje. Yo también disparé al aire. No queríamos que se metieran por los techos. No sé cuánto pasó, se te hace una eternidad.  Entonces recibí la llamada de Alan indicándome que los haga pasar porque adentro estaban sus hijos", agrega Del Castillo, quien entonces era diputado y leal compañero del ex presidente.

Cuando Del Castillo salió a la calle se encontró con un centenar de soldados que estaban detrás de los reflectores que alumbraban la casa.

Al cruzar la puerta, según nos dice, se topó con un grupo de personas vestidos de civil y zapatillas blancas. Después supo que eran agentes de inteligencia que trabajaban en paralelo con el operativo militar.

A partir de este momento Del Castillo pasó las de caín. Lo detuvieron, amarraron y le cubrieron el rostro con una capucha de lona.

“Me subieron a un carro particular. Yo trataba de imaginarme dónde estaba, y me di cuenta de que pasábamos por la Costa Verde. Llegamos a un local. Era el cuartel Alfonso Ugarte en Las Palmas”, sostiene el ex legislador. 

A los pocos días lo liberaron, y supo que García estuvo a buen recaudo en varias casas. Un mes después, se reunió con él clandestinamente en una casa en Villa El Salvador.

EN UN BARCO

El destino del ex diputado por Izquierda Unida César Barrera Bazán fue diferente. Esa misma noche fue detenido en su casa de Comas por efectivos de la Marina de Guerra y llevado a un barco en el Callao.

Primero un contingente policial merodeó por su casa, pues supuestamente lo querían proteger de un posible atentado. Veinte minutos después llegaron los infantes de Marina y rodearon el conjunto habitacional donde vivía.

El oficial de la Marina que estaba al mando del operativo le leyó una nota en la que se indicaba que por disponibilidad superior Barrera figuraba entre las personas que debían ser detenidas, y la firmaba Nicolás De Bari Hermoza.

“Pedí tiempo para recoger mis cosas. Me comuniqué con Gustavo Mohme Llona, quien me dijo que La República ya había sido tomada. Me subieron a un carro portatropas de la Marina y me llevaron al terminal marítimo del Callao y de ahí al barco Elías Aguirre”, recuerda el actual dirigente de Patria Roja.

Estuvo poco tiempo solo. Media hora después escuchó las voces de Luis Negreiros (Apra) así como de los generales de la policía Fernando Reyes Roca y Edgar Luque, quienes también habían sido detenidos. A Reyes y a Luque los vinculaban con el Apra.

¿Por qué lo detienen? Barrera Bazán explica que él y sus compañeros de la izquierda habían denunciado que desde el gobierno se había iniciado una campaña intensa de demolición y de desprestigio del Congreso. 

“Veíamos venir el golpe. Algo raro se cocinaba en el ambiente. El primer año del Congreso fue un desastre para el fujimorismo. Se notó una alianza fuerte entre fujimorismo y aprismo. En el Congreso se había elegido una mesa directiva multipartidaria para recuperar los fueros del Congreso”, dice.

GRUPO COLINA

El congresista Javier Diez Canseco, quien ocupaba entonces una curul en el Senado por el Partido Unificado Mariateguista (PUM), no fue detenido porque se encontraba en China pero su casa y su oficina fueron allanadas por efectivos del Ejército.

“De mi oficina se llevaron  archivos, material de la investigación del grupo Colina que se había avanzado en el Congreso. Ya figuraban los primeros indicadores de los asesinatos de Barrios Altos y de La Cantuta. En mi casa entraron miembros del Ejército e hicieron destrozos en el baño buscando depósitos de armas porque decían que era terruco”, señala.

Diez Canseco relata que enterado del autogolpe, de China se dirigió a Estados Unidos, desde donde, junto con otros compatriotas, coordinó el viaje de Máximo San Román, ya investido como presidente constitucional, a la Organización de Estados Americanos para denunciar el autogolpe.

MEDIDAS

Se disolvió el Congreso hasta la aprobación de su nueva estructura vía plebiscito nacional.

Se reorganizó totalmente el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales y el Ministerio Público.

Se reestructuró la Contraloría General de la República.