Proyectos de hidroeléctricas amenazan con desplazar a asháninkas del río Ene

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@larepublica_pe

22 Oct 2011 | 22:30 h

Jonathan Castro.

Las recientes declaraciones del ministro de Energía y Minas, Carlos Herrera Descalz i, sobre la necesidad de construir varias hidroeléctricas en la selva peruana y la presentación al Congreso del Acuerdo Energético con Brasil por parte del Ministerio de Relaciones Exteriores, solo han despertado mayor preocupación en los dirigentes de los pueblos asháninkas. Ellos aseguran que sus tierras quedarán bajo el agua que contendrá las represas.


Ruth Buendía Mestoquiari, presidenta de la Asociación de Comunidades Asháninkas del Río Ene (CARE), señaló que “el desplazamiento de nuestras comunidades no es reparable como dice el ministro. Nosotros tenemos títulos de propiedad, tenemos chacras, casas, terrenos, donde nos desenvolvemos culturalmente. Es lo mismo que si te quitaran tu casa en Lima”.


Buendía Mestoquiari sostuvo  además que no tienen adónde ir, pues hacia el lado derecho del río Ene está la Reserva Nacional Asháninka y el Parque Otishi, y para el lado izquierdo se ubican las ciudades de Pangoa y Mazamari. “Espero que no piensen mezclarnos con los colonos”, sostuvo.

Concesiones hidroeléctricas

Los habitantes de las 17 comunidades de la zona se sienten amenazados y marginados en las grandes decisiones que afectan su destino. En los años noventa se vieron forzados a dejar sus pueblos por la guerra civil, especialmente los abusos cometidos por Sendero Luminoso. Ahora, la principal amenaza proviene de las grandes inversiones.

En un primer momento se enfrentaron a Pluspetrol y Repsol por los lotes 108 y 57, que estas compañías tienen concesionados en la zona para efectuar exploraciones petroleras. Actualmente, los proyectos hidroeléctricos se encuentran en la agenda del gobierno.

Como parte del acuerdo energético entre Brasil y el Perú, que regirá durante 50 años si es aprobado, el Ministerio de Energía y Minas realizó la oferta de 15 zonas en todo el Perú que tendrían potencial hidroeléctrico. En la cuenca del Ene, el Ejecutivo ha fijado tres proyectos: Pakitzapango, Tambo 40 y Tambo 60.

En diciembre de 2008, la empresa Pakitzapango Energía SAC, formada por Odebrecht y otras firmas brasileñas, obtuvo la concesión temporal del proyecto de hidroeléctrica Pakitzapango para realizar los estudios de factibilidad. El objetivo principal es construir una represa de 165 metros de alto en el lugar más estrecho del río, apenas 50 metros de ancho, denominado Pakitzapango. Ese lugar es conocido como “el lugar del águila”.

En varias oportunidades, ingenieros de la empresa quisieron ingresar a la zona para realizar los estudios, pero los nativos se los impidieron. La concesión temporal terminó sin poder cumplir su objetivo en agosto del 2010.

Lo que para los asháninkas significó un logro, se convirtió en una nueva pesadilla. En noviembre se concesionó, para la hidroeléctrica Tambo 40, otra parte del río Ene y parte del río Tambo. El proyecto ha sido otorgado a Odebrecht.

Si bien la construcción de la represa está proyectada en el río Tambo, los estudios de factibilidad se pueden realizar en cualquier parte de la concesión. Dado que el área otorgada llega justo hasta Pakitzapango, los nativos asháninkas temen que se retome el proyecto original.

Impacto negativo

Según estudios de CARE, con el apoyo de la Fundación Rainforest, se calcula que se inundarían 73 mil hectáreas y se afectaría con ello a más de 10 mil lugareños.

Solo la hidroeléctrica de Pakitzapango produciría más de 2 mil megavatios, el triple de lo que produce la hidroeléctrica de Mantaro. Pero, según advierte el biólogo Aldo Soto, es imposible que esa electricidad beneficie a las comunidades, pues requeriría de una gran planta de tratamiento eléctrico.

Horacio Zeballos Patrón, director de Gestión de Áreas Protegidas del SERNANP, ha señalado al Ministerio de Energía y Minas que la concesión del Tambo 40 debió ser consultada con su institución, debido a que afectaría a la Reserva Asháninka y la zona de amortiguamiento. Ese es trámite indispensable. Por su parte, CARE pide la anulación del Tambo 40 debido a que no hubo consulta previa. Los asháninkas esperan una respuesta clara de las autoridades.