Largo tiempo

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11 08 2015 | 18:30h
Hace unas semanas Alan García y Pedro Pablo Kuczynski sostuvieron un intercambio verbal a propósito del Himno Nacional. Al final, García se impuso, al quedar con la última palabra y enrostrarle a su rival su principal debilidad, su pasaporte norteamericano. Sin embargo, podría estar equivocado y PPK no se habría tenido fe, pero estuvo más cerca de la sustancia. Veamos.
 
San Martín desembarcó en setiembre de 1820 y el concurso del Himno Nacional fue exactamente un año después, en setiembre de 1821. Durante ese lapso hubo varias canciones patriotas que gozaron de inmensa popularidad. Entre otras se cuenta la famosa “La chicha” que celebra los potajes y bebidas nacionales en contraste con los desabridos europeos. Pero la más famosa de todas las canciones patriotas de esta época auroral era “Largo tiempo”. En realidad parece haber llegado junto a San Martín, porque una de sus estrofas alude a la expedición libertadora.
 
Es decir, “Largo tiempo” es anterior al Himno Nacional y no es una creación posterior de alguien que buscó corromper la canción peruana. Por su parte, el Himno Nacional fue compuesto por los conocidos Bernardo Alcedo y José de la Torre Ugarte. Ambos habían sido los creadores de “La Chicha” y su fama los catapultó al primer puesto del concurso que San Martín convocó para elegir la Marcha Nacional del Perú, como se decía en esos días.
 
Alcedo era el compositor y Torre Ugarte el poeta, autor de la letra. El primero se fue del Perú con el ejército de Chile y vivió muchos años en el país sureño. Mientras que el segundo era juez y murió relativamente temprano, en 1831. De ese modo, ambos desaparecieron de la escena peruana y nadie estuvo presente para defender la “pureza” de la canción ganadora del concurso de San Martín.
 
En esa primera época proliferaron versiones y no existía un estándar. Por ello, fue fácil que se impusiera una particular versión, que fue concebida de manera espontánea y anónima. La gente empezó a cantar el coro de “Somos libres” con la primera estrofa de “Largo tiempo”. Así, se mantenía la esencia de la canción ganadora que mantenía el coro y se hacía justicia a la mayor antigüedad y popularidad masiva de “Largo tiempo”.
 
Algún músico habrá percibido que estas dos estrofas encajaban muy bien. La una es triunfante y la otra el lamento quejumbroso, que permite la reaparición victoriosa del coro. Este efecto es crucial y armoniza perfectamente. Si la combinación pegó durante más de 180 años fue porque ambas estrofas se complementan y enriquecen mutuamente. El “esclavo oprimido” está ahí para ser puesto de lado por “Somos libres”. Esta armonía entre música y letra se ha perdido con el “dios de Jacob”.
 
Por último, Alcedo vivió en Chile casi 40 años, pero murió su esposa y carecía de descendencia. Era la época del guano y el Estado peruano tenía algo de dinero. Por ello, se animó a regresar y pedir una pensión. Se la concedieron, pero le pidieron precisamente una estandarización del Himno. En ese momento se había establecido entre nosotros un músico italiano que tendría larga influencia, Claudio Rebagliati, posiblemente el músico mejor formado de todo el siglo XIX.
 
Alcedo y Rebagliati trabajaron juntos y dejaron una versión del Himno cuyo original está depositado en el Museo Nacional de Pueblo Libre, que años atrás imprimió una versión facsimilar que se halla en muchas bibliotecas. Pues bien, en esa última versión se encuentra incorporado “Largo tiempo” y además la música está modernizada al gusto romántico propio de la mitad del XIX. Así, al final de su vida el creador del Himno incorporó “Largo tiempo” como parte de la composición. De este modo, esta estrofa no es apócrifa; por el contrario, fue legitimada por el compositor original.
 
Pero PPK se dejó estar, porque efectivamente García tiene razón en un punto crucial: es gringo y no conoce bien nuestras historias. Si sigue así, Alan puede acabar pasándolo y convertirse en una nueva versión de Lourdes.