Por qué voto por Keiko

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25 05 2011 | 19:00h

Por: Daniel Córdova

Mi amigo Gustavo Rodríguez publicó acá mismo las razones por las que no votará por Keiko a pesar de haber votado antes por Fujimori. Yo haré lo mismo, pero por razones inversas. Yo nunca voté por Fujimori y ahora voy a votar por Keiko.

Fui criado en un hogar de izquierdas. De hecho la mayor parte de mi familia paterna votará por Ollanta. En 1985, voté por Barrantes y, en 1990, por Henry Pease en primera vuelta (la segunda me pilló de vuelta a mi doctorado en Francia). En 1995, fui coordinador de Provincias en la campaña de Javier Pérez de Cuéllar, junto con Manuel Piqueras, entonces aún casado con Susana Villarán. En el 2000 vicié mi voto. Escribí “no al fraude” en la cédula de votación. En el 2001 y 2006 voté por Toledo y García, respectivamente.

A lo largo de este tiempo, fui convirtiéndome en un liberal clásico. Empecé de manera empírica, por el contacto con la empresa privada. Tenía una imagen errada –prejuicios familiares– del empresariado porque no lo conocía de cerca. No era consciente de las dificultades, los riesgos y el compromiso con el país de héroes como los pioneros de la minería, actividad tan desvalorada por quienes no la conocen. Luego vinieron las lecturas de intelectuales brillantes como los Premios Nobel Friedman, Hayek y North, aun hoy ignorados por economistas como Iguíñiz, Burneo y Jiménez.

Pude entonces valorar ex post la derrota del terrorismo y de la inflación durante el primer Fujimori, así como las reformas de los 90 que revirtieron el nacional-socialismo de Velasco. Enseñé historia económica en la universidad para concluir que fue este dictador militar el que sentó las bases estructurales de la catástrofe económica y social de los años 80 que hoy muchos se niegan a recordar.

No por ello dejé de condenar a la mafia montesinista, como condeno las dictaduras de Castro y Hugo Chávez, como condeno las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta, el Andahuaylazo y los abusos en Madre Mía, la matanza de Putis (1984), la matanza de los Penales (1987), la corrupción del primer gobierno de García y el financiamiento de Chávez a Humala, acciones estas últimas que no han sido grabadas pero que de haberlo sido darían imágenes tan terribles como las del SIN.

No puedo concluir nada para la segunda vuelta si hablamos de violación de DDHH y de corrupción porque de los dos lados hay severos problemas. Me remito entonces a las ideas, a los planes de gobierno y a los equipos que rodean a uno y otro candidato. Y concluyo que un eventual gobierno de Humala será desastroso económicamente y se hará cada vez corrupto, conforme el Estado vaya tomando más participación en la economía. Un eventual gobierno de Keiko, en cambio, será acertado económicamente y tendrá en los medios, el Congreso y el PJ un fiscalizador implacable que evitará cualquier riesgo de caer en el fujimontesinismo de los 90. Por eso voto por ella.