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Aráoz

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Por Mirko Lauer

Las encuestas muestran que Mercedes Aráoz está demorando en despegar. Seis por ciento en la última encuesta nacional urbana de Ipsos-Apoyo es bastante menos de lo que el Apra esperaba. Probablemente es tarde para cambiarla, y además la dirigencia ya se ha hecho la idea de que nadie les daría mejores resultados.

Siempre están las elucubraciones sobre posibles fórmulas de fantasía. Como una retirada a lo Carlos Roca y una participación exclusivamente parlamentaria. Pero son caminos nunca ensayados, y que más bien cortejan el desastre. De modo que la salida está por el lado de meterle más punche a la candidatura que ya existe.

Es cierto que las candidaturas todavía no están ni oleadas ni inscritas en el JNE. Pero el Apra ya da cierta impresión de estar arrastrando los pies, y la candidata exuda una cierta orfandad política. Seis por ciento en efecto parece la definición estadística del desgano, y el retorno a las cuasi-catacumbas de los años 90.

Aráoz está haciendo su chamba con entusiasmo: giras y declaraciones, marcación polémica a Alejandro Toledo, sapiencia administrativa dosificada en hilachas para el gran público, sobre todo el independiente, si todavía hay alguno. De vez en cuando aparece el Apra en escena, en la forma de un local, un espontáneo o una pancarta.

¿Es un acuerdo estratégico que Aráoz casi no aparezca junto a altos dirigentes del partido? ¿O es que eso interferiría con las ceremonias herméticas de designación de la plancha presidencial? ¿O simplemente no le perdonan haber tenido que preferirla como candidata? Además ahora está ese incómodo asunto del seis por ciento.

Pero esa cifra solo puede mejorar, siempre y cuando Aráoz deje el limbo de las tecnócratas desafiliadas y se constituya en efectiva candidata del Apra. Con tantos vástagos del FBT en la cancha, un poco de sincera imagen social-demócrata hayista podría hacer milagros. Lo cual a estas alturas significa más o menos recuperar apristas para ir superando el 10%.

No es tarea fácil, pues el electorado parece haber perdido todo sentido de adhesión partidaria o ideológica, y entrado al reino de la imagen personal pura. No es improbable que los votos perdidos por Keiko Fujimori en esta última encuesta hayan ido a Toledo, como los de Alex Kouri se mudaron un rato donde Villarán.

Pero allí está la hipótesis de Alberto Vergara, según la cual un electorado mosca elige racionalmente entre categorías definidas. En el 2006 fue entre librecambismo e intervención estatal, con ventajas para los ubicados más al centro del eje. Quizás la candidata Aráoz debería repensar su ubicación en el espectro ideológico, y avisarles a los compañeros, pronto.