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Mechita, tú bien sabes

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Por Fernando Rospigliosi
frospigliosi@larepublica.com.pe

El lanzamiento de Mercedes Aráoz como candidata del Apra fue decidido, de más está decirlo, por Alan García. Tan rápido como la puso, podría quitarla.

Por primera vez en su historia el Apra llevaría a un candidato presidencial que no pertenezca al partido. Ni en los momentos más difíciles el Apra dejó de tener un aspirante de sus filas como, por ejemplo, en la década de 1990.

Solamente cuando estaban ilegalizados y no podían intervenir apoyaron a aquellos que podían ofrecerles mejores condiciones, como sucedió con José Luis Bustamante y Rivero en 1945 o Manuel Prado en 1956.

Pero lo hicieron solo porque no tenían ninguna posibilidad de participar. Por eso, el respaldo a Bustamante y Prado no es antecedente comparable a esta inédita situación.

Lo único cierto: Aráoz no ganará

La candidatura de Aráoz ha suscitado un entusiasmo cándido en algunos, e interesado en otros. En todos los casos, el frenesí carece por completo de fundamento.

Algunos, totalmente desorientados, han llegado a sostener que la candidatura de Araóz le da alguna posibilidad al Apra de entrar a la segunda vuelta y ganar la elección. ¿García, que va a postular el 2016, podría querer que el Apra triunfe el próximo año? Hay que ser más que ingenuo para solo considerar esa posibilidad.

En el supuesto negado que Aráoz lograra levantar vuelo, el que la hundiría sería García. Por eso, la única cosa cierta que se puede decir de la elección del 2011 es que el Apra no va a ganar, no solo por el desprestigio que arrastra, sino porque Alan García no lo permitiría nunca. Y este caso, a diferencia de lo que ocurre con otros grupos, García puede sabotear a Aráoz no solo desde fuera –con Susana Villarán fracasó– sino también desde dentro.

Los impresentables

Lo que pretende García es un candidato que pueda arrastrar una bancada parlamentaria suficiente para defenderlo en el próximo Congreso y tener el peso necesario para hacer algunas alianzas protectoras. Es decir, lo mismo de 1990.

En la vitrina del Apra, las figuras eran aterradoras. El lanzamiento de Mechita del brazo con el tío George y Omar Quezada –¿no estaban suspendidos por involucrarse en casos de corrupción?– grafica lo que es ese partido hoy día.

El ya lanzado Javier Velásquez Quesquén –el perrito de Sipán, como lo llama Juan Acevedo– era un pésimo candidato con una deplorable trayectoria.

Jorge del Castillo era igual o peor. Aunque según Mario Ghibellini, tenía las mejores posibilidades de ganar la elección interna del Apra. Por eso García habría lanzado a Mechita, impidiendo las internas y sacando del juego al tío George.

¿Abandonado?

Otros despistados sostienen que la candidatura de Aráoz muestra que García no juega la carta de Luis Castañeda porque le quita votos a él. En realidad, no se sabe a ciencia cierta Aráoz a quién le quita votos. Eso se verá cuando se hagan nuevas encuestas.
Es verdad, se puede especular que le resta a Castañeda. Pero también a Alejandro Toledo. Y a Keiko Fujimori, otra candidata mujer.

En suma, la candidatura de Aráoz no significa ningún cambio en la estrategia de García: apoyar a Castañeda, en primer lugar, y a Fujimori en segundo término. Con cualquiera de los dos en Palacio de Gobierno el 2011 se sentiría cómodo y listo para regresar el 2016.

A esto hay que añadir que si los apristas tienen una larga tradición de acuchillarse entre ellos –solo la presencia de García los mantiene unidos–, con más facilidad apuñalarán a alguien de fuera del partido. ¿Resistirá Aráoz las zancadillas internas? Habrá que ver.

¿Es buena candidata?

Que Aráoz sea mejor que el tío George o el perrito de Sipán no significa que esté en condiciones de amenazar a los tres que, hasta ahora, marchan adelante.

El mote que le clavó García a Lourdes Flores el 2006, candidata de los ricos, le sienta perfectamente a Mechita, aunque ella diga que es del pueblo y no de la burguesía. Naturalmente, esto tendría que propagarlo alguien, como hicieron los apristas con Lourdes. En política, las cosas no caen por su propio peso.

El haber sido ministra de Economía es una buena carta de presentación para los inversionistas pero no para la mayoría. En el Perú, tradicionalmente los que ocupan ese puesto no son los reyes de la popularidad. Si no, que empiecen preguntándoles a militares y policías.

Tiene que arrastrar también con los pasivos del gobierno, que no son pocos. Entre otros el “Baguazo”, la mayor matanza en la historia del Perú en un asunto de orden público. Aunque en realidad ella tuvo poco que ver –la culpable es Meche, pero Cabanillas– igual le van a cargar ese desastre.


Finalmente, habrá que ver si a Mechita le ocurre lo mismo que a Carlos Roca.