La batalla de Changuillo

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@larepublica_pe

18 Jun 2004 | 14:00 h

Gregorio Martínez.- Estoy seguro de que el Perú entero, excepto Nasca, nunca ha oído hablar de la Batalla de Changuillo. Sin embargo, señoras y señores, en un pampón desértico del ignorado Changuillo se realizó el primer enfrentamiento entre las fuerzas patriotas y las realistas, después de que José de San Martín desembarcara en Paracas. Dicho histórico suceso, bautizo de fuego, ocurrió en la mañana del 15 de octubre de 1820. Todavía San Martín no había arribado a Lima, vía Ancón. Ante la llegada a Ica de los patriotas al mando de Alvarez de Arenales, el grueso del ejército realista se replegó hacia los Andes con el virrey Pezuela. Un menor contingente patriota, dirigido por el comandante Manuel Rojas, permaneció en Ica para combatir a la guarnición realista de Manuel Químper. Para eludir a los patriotas, Químper enrumbó al sur, por Ocucaje, siguiendo el antiguo camino de los incas que tenía pascana en Huayuri y conducía a Nasca. Rojas fue tras él. Cuando las fuerzas realistas de Manuel Químper bajaron de Huayuri, en la madrugada del 15 de octubre de 1820, y cruzaron el Río Grande, al instante fueron hostilizados por los pobladores de Changuillo, mayormente indígenas yungas y negros libertos o esclavos. Bien sabemos que con esa gente y otros de Acarí, poco después el británico William Miller formará su temido batallón de caballería, los húsares desarrapados y descalzos. Al ver la situación propicia, la vanguardia patriota de Manuel Rojas atacó de inmediato. Químper y sus huestes echaron galope con dirección a Nasca, dejando muertos y pertrechos. Ahora, azuzando un pintoresco patrioterismo de aldea, el congresista por Ica Carlos Ramos Loayza ha presentado un proyecto de ley que declara a Nasca como el lugar de la primera batalla. Claro, Nasca tiene mil veces más votos que el ignorado Changuillo. Sorprende la inopia del Congreso al aceptar el mentado proyecto de ley. Un representante de la Nación quiere crear batallas a través del Legislativo. Ya es un avance, diría un cínico. Antes las batallas se creaban por resolución suprema. Carlos Ramos Laoyza encontró su par en Wilfredo Gameros, autor de "Semblanzas geográficas y episodios de la independencia", donde con cándida ligereza llega a conclusiones adefesieras para alimentar su apetito protagónico. Una comisión presidida por un historiador emitió un informe ratificando a Changuillo como el lugar de la primera batalla. Pero el politiquia Carlos Ramos Loayza ha logrado la anulación de dicho veredicto. Sin duda, hacen falta las opiniones autorizadas. ¿Dónde están los historiadores de la independencia y la república? Heraclio Bonilla, Nelson Manrique, Manuel Burga y otros. Supongo que alguno dirá, con suficiencia y pedantería, yo no me ocupo de anécdotas historiográficas, soy un teórico de la ciencia social. Justo, de eso se trata. ¿De dónde salieron los caballos para la guerra? ¿De dónde el bitute para la tropa? Mientras tanto los necios hacen su agosto por anticipado. El libro de Gameros comienza con una acusación al profesor Julio Legario, primo del recordado arquero de Alianza Lima Teódulo Legario, el espectacular Pantera Negra. Cada año, Julio Legario solía llevar a sus alumnos a Changuillo. Gracias a su empeño, muchos nasqueños citadinos pudieron conocer algo del territorio oculto y mágico que es Nasca. Nuevamente la literalidad embaucó a los despistados. El parte de batalla que redactó el comandante Manuel Rojas está fechado en Nasca. Desde luego, allí fue donde pernoctaron sus fuerzas después de expulsar a Químper. Y, cierto, en Nasca también se produjo una segunda refriega, en la tarde del mismo 15 de octubre de 1820. Al día siguiente, Químper fue atacado por tercera vez en Acarí, cuando huía hacia los Andes. Es posible que Manuel Rojas ni siquiera recordara el topónimo Changuillo. Si al pueblo de Quinua le han arrebatado el honor de la batalla que se libró en su suelo, que no ocurra lo mismo con la Batalla de Changuillo.