Réquiem a Juan José Vega

Por José Carlos Vilcapoma (*).-

De cara al cielo, con mirada erguida y orgullo sin par por lo inca, de quienes decía eran sus antepasados, al que le sumaba el color de allende los mares, marchó a otra batalla. El hombre de la Guerra de los Viracochas, con frente chola, que embellecía su rostro barbado al estilo de los guerreros del siglo XVI, marchó admirando a Rumiñahui, el gran estratega de Atahuallpa, que inspiró su teoría, que la conquista no había culminado con la captura de Cajamarca, para decirnos que había que escribir la historia de los vencidos. Un militante peruanista cuyo punto de vista no le fue perdonado.
Las retamas del Mantaro, a donde acudió, innumerables veces, las cantutas en el viejo camino de Vitcos, en Vilcabamba, los ichus de Pasco, buscando las huellas de Huaricapcha, y los totorales de los Uros, en el Titicaca, entre tantos otros, se inclinarán reverentes y exhalarán sus perfumes para dejar pasar las huellas de sus pasos, a la sombra de sus crónicas, de quien siempre buscó reivindicar la historia de los pueblos. En tales recorridos su pluma era incesante y las fichas su compañera.
La historiografía tradicional del 60 no le perdonó que admirara al indio Don Felipe Huamán Poma de Ayala, de quien dijo era el agudo cronista y gran dibujante. Tampoco que a sus 28 años lidiara con las tradicionales posiciones hispanistas de Porras, por demostrar que los últimos incas de Vilcabamba habían tenido dignidad, desde Manco Inca, el rebelde, hasta Túpac Amaru I, muerto en 1571. La Guerra de los Viracochas, resultado de esta posición, apareció en Populibros de Manuel Scorza en 1963. En confesión sincera, se declaraba discípulo de personajes de la historia, más que de algún patriarca sagrado de su época. Esta posición, para algunos, era un pecado más.
No le tuvo miedo a esta etapa sangrienta, de la lucha y resistencia anticolonial. Fue el que escribió más páginas sobre José Gabriel Túpac Amaru, de quien decía fue "un hombre sin miedo y sin tacha, admirado por Bolívar y San Martín", que por su arrojo contra el Imperio Español debía considerarse el peruano más importante en la historia universal. En esta línea escribió, en 1967, la primera bibliografía sobre este personaje, en 1969 Túpac Amaru, en 1982 Tupacamaristas puneños, en 1983 Guerras de la gesta tupacamarista, en 1984 Diego Cristóbal Túpac Amaru, en 1993 El Proyecto Económico de los Túpac Amaru y en 1995 los dos tomos de Túpac Amaru y sus compañeros.
Más de un centenar de libros y artículos acompañan esta larga lucha, que no lo distrajo en escribir temas regionales o locales. Obras dedicadas a los Viajeros en Pasco, Pizarro en Piura, Los huancas aliados de la conquista, Cáceres en el Mantaro, entre tantos, dicen de por sí que el Perú era suyo, sin mencionar otras crónicas como La Relación de Quipucamayos, Garcilaso el Cronista o temas de Peruanidad e Identidad y de Folklore. Pocos saben que ha escrito hermosos textos de Historia Universal para la secundaria. Su último libro, Rodrigo Orgoños, el Mariscal Judío, demuestra cómo las comunidades judías de América Latina se habían identificado con los pueblos que los habían acogido.
Abogado, historiador, periodista. Sobre todo maestro, había pasado por casi todos los lugares. Fue además, alcalde de Miraflores, Director del Diario Expreso y El Comercio, desde donde publicó páginas en quechua, que nunca le perdonarían; Fue Subdirector Nacional de Cultura, al lado de José María Arguedas, y Rector de La Cantuta, Universidad a la que le fue siempre fiel hasta el último de sus días.
Con su partida también los instrumentos se agitarán más y más. Las tijeras de los danzaq Qory Sisicha y Jarjaria, sus amigos, las cuerdas de la guitarra de Roger Jerí, en el Mantaro, el piano de Manuel Calmet y las composiciones del Mocho Chávez quedarán al olvido. Manuel Acosta Ojeda no tendrá eco y Zuli Azurín ya no evocará la melodía del Alberja saruy. Era amigo del huayno, de la marinera y de la música negra. Su memoria se lleva la tertulia del Palermo; empero en el Juanito de Barranco todavía se escucha su alegre y marcada conversación. Los salones de todos lados seguirán esperando sus conferencias magistrales y sus alumnos los horizontales consejos.
Y nosotros, tus amigos, seguiremos caminando juntos, conversando en la soledad de tu ausencia, asidos de tu imagen. Amigos una forma misteriosa de ser feliz y hoy un dolor que sólo sienten los que lo son.

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