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Coronó la cumbre del Everest, el pico más alto del mundo Andinista peruano tocó el cielo

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El andinista peruano Máximo Hipólito Henostroza Zambrano, quien hace unos días coronó con éxito la cumbre del Everest óel pico más alto del mundo, ubicado en los montes del Himalaya, Asiaó, retornó ayer a su natal Huaraz, lugar en el que fue objeto de un emotivo recibimiento por la población local. "Lo hice por el Perú, para que el mundo sepa que aquí también somos capaces de sortear grandes retosÖ", precisó el destacado deportista, de 43 años de edad.

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Compromiso con su gente

Máximo Hipólito se inició como escalador de alta montaña a principios de la década del 70, cuando aun era un adolescente, animado por su padre. Sin embargo, recién en 1984 empezó a hacerlo como profesional, trepando la Cordillera Blanca repetidas veces. Desde 1992 hasta 1997 fue miembro del staff de escaladores de Byrd Polar Research Center, unidad del Estado de Ohio, EEUU. Ahora forma parte del staff de Mountain Experience. En Huaraz, su ciudad natal, el emprendedor montañista se comprometió a organizar un grupo de exploradores integrado sólo por peruanos, para llegar nuevamente a la cima del Everest. "Quiero compartir con mi gente todo lo que he aprendidoÖ", sostuvo.

Por EFRAÍN ROSALES

M áximo Hipólito permaneció 25 minutos en la cima del majestuoso pico, a 8,848 metros sobre el nivel del mar, haciendo flamear, orgulloso, el pabellón nacional.
"Jamás olvidaré ese instante, toqué el cielo con las manos, créanme, fue una experiencia casi divina", recordó con entusiasmo.
Desde las 7.24 de la mañana del jueves 25 de mayo pasado, la bandera bicolor reposa sobre los hielos eternos del Everest, enigmático nevado enclavado en la zona fronteriza de la república de Nepal y el Tíbet de la China continental.
Justo en ese momento, el audaz andinista se posó en la gélida cumbre y se convirtió en el primer peruano en alcanzar semejante logro.
"Hice realidad un sueño que anidé desde niñoÖ", indicó, recordando a su padre, don Humberto Henostroza, quien lo inició en el deporte de aventura.

Uno de los más temidos del Himalaya
El Everest es uno de los más temidos montes del Himalaya. Sobre su rocosa superficie, recubierta por gruesas capas de hielo, retiene a 21 hombres y mujeres que, en los últimos 50 años, pretendieron, sin suerte, llegar a la cima.
Durante el mismo periodo, otros tantos también murieron en el intento y sus cuerpos pudieron ser recuperados con gran dificultad por brigadas especiales, diestras en este tipo de operaciones.
De acuerdo con cifras oficiales de la Comunidad Internacional de Escaladores, son más de 70 las personas fallecidas, hasta el momento, en esa región del continente asiático.
"Agradezco a Dios por haberme permitido salir con vida. Nadie está seguro en terrenos tan inhóspitos como esosÖ", sostiene Máximo Hipólito.
El fue convocado para escalar las rocosas montañas, a principios del mes de febrero pasado, por el estadounidense Mack Ursino, promotor de este tipo de actividades.
"Había esperado con ansias una propuesta semejante. Antes hubo una posibilidad que no pude concretar por falta de recursos económicos".
La empresa Mountain Experience de Seatle, del también norteamericano Jason Edwards, se encargó de auspiciar la participación del andinista huaracino y le proporcionó los equipos necesarios.
En la exitosa expedición denominada "Mountain Experience Everest 2001" participaron, además, el propio Jason Edwars (42) y sus conciudadanos, Mack Tucker (43), Robert Kennedy (42) y Hilary Steap.
Igualmente los canadienses David Rodney (36), Leo Kelly (52), Derrel Kelly (25) y Francois Langlois (35) y 12 guías regionales.

El largo camino al triunfo
El 8 de marzo, Máximo Hipólito viajó a la ciudad de Seatle, EEUU, iniciando desde entonces el periodo de preparación, para emprender en condiciones óptimas la aventura.
Dieciocho días después, el grupo expedicionario se trasladó a las montañas del Hilamaya.
Desde el 26 de marzo hasta el 4 de abril, iniciaron el acercamiento al campo base del glaciar Khumbu, ubicado a 5,943 metros sobre el nivel del mar.
Veinticuatro horas después se establecieron allí y permanecieron hasta el 31 de abril, sometidos a una rigurosa etapa de aclimatación.

El 10 de mayo los expedicionarios se encaminaron al Everest. "Preparamos con mucho cuidado el ataque final, pero luego de 4 días, el plan abortó, quedándonos en el trayecto.
"Los fuertes vientos hicieron imposible el escalamiento", recuerda el peruano.
Recién el 24 de mayo, superados los inconvenientes climáticos, partieron dispuestos a todo. Lo hicieron a las 9.00 de la noche, desde el campo base que habían instalado a 7,925 metros sobre el nivel del mar.
Se atrevieron a escalar, pese a la oscuridad reinante, desafiando a la muerte. "No podíamos retornar derrotados. Conocíamos los riesgos y los asumimosÖ", señala Máximo con la emoción propia de los vencedores.
"Coronamos el Everest a las 7.24 de la mañana del día siguiente. Merecíanos llegar, el trabajo fue intenso", agrega, tras asegurar haber dejado flameando en el pico más alto del mundo la bandera peruana.
La expedición, que duró más de 2 meses, representó un desembolso económico de 450,000 dólares.