Multiculturalidad y migraciones peruanas Por Humberto Vargas Salgado (*)

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26 Mar 2001 | 14:00 h

Multiculturalidad y migraciones peruanas

Por Humberto Vargas Salgado (*)

....... E l Perú del presente sigue siendo, todavía, un país multicultural. Sin embargo, ahora, estamos asistiendo a lo que Fernando Fuenzalida y Waldemar Espinoza llaman miscegenación cultural, o lo que otros dicen sincretismo cultural, donde lo «cholo» está predominando en la sociedad peruana. La identidad cultural es más visible en las sociedades orgánicas simples rurales que en las sociedades mecánicas complejas urbanas. Dentro de este contexto pluricultural debemos subrayar la existencia de unos cincuenta grupos étnicos en nuestra amazonía, los quechuas y aymaras de la región andina así como los sectores «afro-peruanos», «asiático-peruanos», y «europeo-peruanos», principalmente costeños. Existen, asimismo, otras identidades menores, como las deportivas, religiosas y políticas.
Esta visión general de la multiculturalidad ñque se expresa en una variedad de identidades socioculturalesñ se complejizó, más aún, con el proceso migratorio, especialmente a partir de la segunda mitad del siglo XX. Los flujos migratorios a la Costa, de manera particular a Lima, fueron continuos y cambiaron, poco a poco, la matriz clásica urbana y sociopolítica de la capital y del propio Perú. Aparecieron muchas barriadas que respondieron a varias oleadas migratorias: La primera fue aquella que conquistó, con relativa facilidad, Lima (El Agustino, Carabayllo, San Martín de Porres); la segunda fue la de crisis y no de fácil asimilación a la metrópoli (Comas, Villa El Salvador, San Juan de Lurigancho); la tercera fue la de violencia (Huaycán, Horacio Zeballos, Raucana, Garayar).
Este fue el desborde popular que señaló José Matos Mar con nuevos rostros e identidades. La vieja identidad limeña aristocrática de abolengo y la nueva identidad financiero-comercial e industrial se fueron ubicando más en lugares como Miraflores, Surco, Casuarinas, San Isidro o San Borja, mientras que la otra identidad limeña «cholificada» o «andinizada» se asentó más en los distritos populares como los ya mencionados. Económicamente, una en el «Jockey Plaza» y la otra en «Gamarra» o «La Parada», con «tecnocholos» especializados en la industria textil, el comercio y las finanzas.
Cristianamente, unos enterrados más en La Planicie, Jardines de la Paz o Campo Fe y los otros más en cualquier camposanto distrital.
Unos bailando más «rock» y «baladas» en los lujosos salones de la Costa Verde, Barranco o Miraflores; los otros al son del variado «folclor andino», la «chicha» y la «tecnocumbia» en los amplios corralones y coliseos de los distritos de los Conos Este, Sur y Norte de Lima. A propósito de la «tecnocumbia» ñtan de moda y de mal uso políticoñ nos parece una expresión de esa identidad chola. Muchos escuchan y bailan este ritmo en el Perú con sus diversos matices; producto, indudablemente, de nuestra pluriculturalidad.
En Lima y en el Perú existe una especie de reconquista y refundación de los mismos por los grupos étnicos de la antigüedad; pero, ahora, con nuevos rasgos económicos, sociales, políticos y culturales. Probablemente, esto sea la Utopía andina de Wilfredo Kapsoli, Alberto Flores Galindo y Manuel Burga; el Socialismo mágico de Rodrigo Montoya o la Utopía chola que señalan otros investigadores. Somos, como diría Will Kymlicka, una ciudadanía multicultural, donde no funciona, a cabalidad, la llamada globalización.
Nuestra identidad cultural es esa diversidad cultural, por lo que debemos trabajar un proyecto político y educacional multicultural e intercultural para el Perú del siglo XXI en este tránsito de la «República Criolla» a la «República Chola».
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(*) Antropólogo, docente de la Facultad de Humanidades, UNE La Cantuta.