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Hace cinco años el INC fue advertido de las falsas piezas exhibidas en el Museo de Oro Museo

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Especial: Museo de falsificaciones; hace cinco años el INC fue advertido de las falsas piezas exhibidas en el Museo de Oro.


«P resento mi renuncia al cargo de investigadora técnica de la Dirección de Registro con carácter irrevocable...», así se inicia la dimisión presentada por la arqueóloga Huayta Montoya Uriarte el 1º de abril de 1996 ante el titular del INC.
«Considero que la situación absolutamente irregular del Museo Oro del Perú, que denunciáramos en forma conjunta cuatro profesionales de la arqueología del país, merece una actitud diferente de la que fue finalmente asumida por el Instituto Nacional de Cultura en términos generales».

....... R azones no le faltaban a Huayta Montoya. Su drástica decisión respondió a que los directivos del INC autorizaron la exhibición de 120 piezas en una exposición organizada en la ciudad de Boblingen, Alemania, pese al informe contrario sustentado por la arqueóloga:
«Conforme lo hice saber, el Museo de Oro del Perú carece de un inventario mínimo de las piezas con las que cuenta, carece de un registro sistemático y no tiene ninguna pieza registrada ante el INC. En dicho museo no labora personal profesional encargado del cuidado, conservación, restauración y/o investigación. Carece de un guión museográfico que pueda ilustrar al visitante. Por si esto fuera poco, se permite sin inconveniente alguno asumir públicamente una colección de piezas de manufactura moderna (tanto réplicas como falsos) como si fueran originales y, lo que puede resultar aún más increíble, se permite considerar a piezas recompuestas, re-ensambladas y/o confeccionadas tanto con materiales modernos como arqueológicos como si se tratasen de originales... En este sentido, seguimos sin entender cómo es que el INC no ha tomado hasta la fecha ninguna medida que permita corregir el carácter verdaderamente atípico del mal llamado Museo de Oro del Perú».
Cinco años después de la advertencia presentada por Huayta Montoya, las autoridades del Instituto Nacional de Cultura fueron las últimas en enterarse de la intervención realizada por Indecopi, sustentada a su vez por la investigación realizada por Paloma Carcedo Muro, experta en patrimonio metalúrgico de la Universidad Católica de Lima.
La mala fama dentro y fuera del país del Museo de Oro del Perú es un secreto a voces desde los años 80, cuando la exhibición «El Imperio de los Incas» presentada en Montreal, Canadá, provocó un escándalo debido a la presentación de piezas falsas.

La «joya» de la exhibición fue una momia de origen Nazca ataviada con joyas y corona de oro. Al respecto, Patrick Carmichael, arqueólogo de la Universidad de Calgary y experto en arte prehispánico peruano, declaró al influyente diario The Citizen que «no quisiera exagerar al decir que la momia Nazca es una falsificación, pero creo que se le podría denominar una reconstrucción imaginativa. Todas las joyas que adornan a la momia no pertenecen al mismo periodo, simplemente han sido despojadas de alguna colección de objetos y no tienen relación con la exhibición arqueológica correcta».
Por su parte, un informe presentado en el diario The Gazette, también de Montreal, cuestionó la exhibición y provocó la reacción de Jacques Ouimette (por aquel entonces presidente de la Sociedad de Eventos de Montreal), quien no pudo replicar las acusaciones de los expertos, limitándose a afirmar que «todas las piezas que provienen del Museo de Oro, de Lima, fueron autenticadas, aprobadas e identificadas de manera individual por el Dr. Fernando Cabieses, director del INC, y aprobadas con la firma del presidente peruano Alan García». Ahora sabemos, gracias a la valiente denuncia de Huayta Montoya, que ni el INC ni el ex mandatario aprista se habían preocupado por la autenticidad de las piezas exhibidas en la colección Mujica.
Otra perla fue el comentario que publicó Robert Sonin, considerado en Nueva York como la máxima autoridad en arte precolombino. Luego de recorrer el Museo de Oro del Perú escribió: «He visitado el museo privado de la familia Mujica Gallo en Lima, y me causó mucha impresión la cantidad de falsificaciones que existen en esta colección... tienen varios objetos de oro legítimos, sin embargo, el porcentaje de las falsificaciones está por encima de todo punto permisible para cualquier museo».
En el pequeño pero influyente círculo cultural del Perú no es un secreto las falsificaciones exhibidas en el Museo de Oro de la familia Mujica. No obstante, mantuvieron un sospechoso silencio a la hora de denunciar la estafa cultural presentado  

La respuesta a esta soterrada complicidad la tiene Patricia Lyon, del célebre Instituto de Estudios Andinos de California. Ella señaló que «el que se atreve a denunciarlo tiene muchos problemas. El principal es que los dueños de las grandes colecciones en las que existen imitaciones también son poderosos y tienen mucho dinero. Si lo denuncian tienen que soportar largas querellas judiciales y los arqueólogos no pueden pasar su vida en los juzgados. Otro problema es que museólogos y arqueólogos no consiguen trabajo si denuncian a los coleccionistas poderosos».
La intervención de Indecopi fue una tarea que debió realizar el Instituto Nacional de Cultura con las pruebas remitidas por Huayta Montoya en 1996. Sin embargo, sus autoridades poco o nada hicieron para controlar la enorme exhibición de réplicas y de piezas falsificadas.
Incluso, en el INC sabían que muchos de los falsos «mantos Paracas» o las piezas de «cerámica erótica», supuestamente de origen Moche, exhibidas en el museo, son elaboradas en el poblado de Pampalibre, ubicado en el valle de Chancay. «No se trata de réplicas ni de falsificaciones ni de copias ñes el comentario de un especialista que visitó el Museoñ. Lo que aquí se ve son burdas invenciones artesanales».
Esto sin contar las finas piezas de oro «adornadas» a su antojo por los responsables del mal llamado museo, un local visitado diariamente por cientos de turistas nacionales y extranjeros. Luego de recorrer sus instalaciones, sólo nos queda recordar que las tres normas mínimas recomendadas por UNESCO y que rigen todo museo: investigación, conservación y difusión, son letra muerta en el Museo de Oro del Perú.