El comandante Julio César Guerrero Por Juan José Vega

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29 Abr 2001 | 14:00 h

El comandante Julio César Guerrero ha sido el militar más culto en toda la Historia del Ejército del Perú, y el de mayor conocimiento bélico; sin embargo, es muy probable que la mayor parte de los lectores no lo conozcan. Ni los que visten uniforme. Y tendríamos que empezar señalando que fue el secretario del Mariscal Andrés A. Cáceres, de quien recogió sus famosas Memorias de la Guerra con Chile, en Europa, entre 1911 y 1914. Cáceres lo tenía allí de ayudante, conociendo su altísima capacidad. Nuestro personaje nació en la ciudad de Cajamarca en 1887 y escribió numerosas obras en castellano y alemán. Tradujo siete más sobre táctica y estrategia, entre ellas una del General Eric von Ludendorff, que fue quien lo invitó a asimilarse al ejército alemán. Ludendorff ejercía como Jefe de Estado Mayor en plena Guerra Mundial y sería más tarde autor del famoso libro "Guerra Total" y reconocido como el padre de las victorias alemanas. Por entonces Julio César Guerrero sumaba solo veintisiete años de edad. Esto no fue todo. Dirigió, en la misma Alemania, una revista militar; estudió Historia en la Universidad de Viena; y sería testigo de la derrota definitiva del corrompido ejército del Zar de Rusia, contemplándola desde las trincheras alemanas. Pero fue invitado, pocos años más tarde, a presenciar las maniobras del Ejército Soviético; viaje a Moscú que hay que contemplar también desde el ángulo que pocos peruanos llegaron a Rusia en aquellos tiempos, con absoluta independencia, Víctor Raúl Haya de la Torre y César Vallejo, entre ellos. Mariátegui, como se sabe, no quiso o no pudo viajar. Sus obras Entre las obras de Guerrero, que pueden llegar a la treintena según la voz autorizada de Alberto Tauro del Pino, mencionaremos las siguientes: La guerra europea mirada por un sudamericano; Batallas de la Guerra Mundial; Ligero estudio comparativo de las ametralladoras; De las nuevas armas: aviación, guerra química, carros de asalto; Ciudadanos y soldados; La Dirección política y la conducción del ejército; La defensa nacional y la nación organizada; El combate de noche y en tiempo brumoso; Belicología; El Chaco o la guerra boliviano-paraguaya. Sobre temas político-militares del Perú escribió notoriamente La guerra de las ocasiones perdidas, en referencia a nuestra derrota frente a Chile. Asimismo, El desastre de San Francisco y la Batalla de Tarapacá; y varios opúsculos. También una reseña sobre la Guerra del Pacífico. Y hasta fue novelista, con "Sayari" (1926), en su natal Cajamarca. Es increíble. Asimismo, tradujo del alemán otras obras, como Etnografía del antiguo Perú, por Walter Lehmann; De la guerra, por Karl von Klausewitz; Mis recuerdos de la guerra, por Eric von Ludendorff; La guerra del futuro, por Federico von Bernhardi; Ofensiva y defensiva y la cooperación entre las armas, por el mayor von der Leyden; y, finalmente, Para el estudio de la Táctica, por Konrad von Hoetzendorf. Nos asombra tanto esfuerzo. No obstante lo dicho, "este varón singular demoró casi diez años para ascender de teniente a capitán" ha escrito el mayor EP Alejandro Huarcaya, uno de los pocos analistas militares que recuerda la trayectoria de quien ñagregañ "brilló con luz propia y escribió con pluma limpia". No obstante, el General Presidente Sánchez Cerro pasó a Guerrero a la disponibilidad en 1931. Bolivia lo aprovecharía como asesor en la guerra que libró con Paraguay, contienda muy sangrienta que se extendió por dos años, con cien mil muertos. Para entonces, Guerrero ya era un simpatizante del ala izquierda del aprismo. Incluso durante su permanencia en Bolivia fue de los que organizaron una revolución contra la dictadura del Mariscal Oscar R. Benavides. Iba a llevar a la frontera cuatro mil fusiles y otros pertrechos. Pero el movimiento fue detectado por la policía benavidista, en Lima. Un precursor Supo prever la revitalización del sistema de guerra de guerrillas que competirían al lado de las grandes máquinas bélicas; lo cual, anciano, confirmaría especialmente en el caso de Vietnam, país sucesivamente victorioso frente a tres potencias mundiales: Japón, Francia y Estados Unidos. O actuando las guerrillas en respaldo de un ejército propio, como sucedió en la Unión Soviética, frente a los nazi-alemanes. Decenas de casos confirmarían sus intuiciones y teorías (Argelia, Filipinas, Cuba, Yugoslavia, etc.). Lo más interesante del asunto es que él se valió de deducciones e inducciones derivadas de las experiencias del Mariscal Cáceres frente a Chile y su secuela andina, cuando los diálogos entrambos en Berlín sobre La Campaña de La Breña Grande y La Breña Chica. Esta última contra el "Presidente" Iglesias, que había sido impuesto por las bayonetas chilenas. Guerrero avizoró, asimismo precursoramente, como el propio General De Gaulle en Francia, el agigantado valor del tanque en las guerras que vendrían (opiniones ambas que el Estado Mayor francés, para su mal, no supo recoger en las etapas de la Pre-Segunda Guerra Mundial). Hasta inventor resultó aquel peruano, pues innovó una brújula, pero el Perú no le hizo caso y la patente acabó en la industria alemana. Más todavía. En sus trabajos sobre el Incario se adelantó a José Carlos Mariátegui y a Víctor Raúl Haya de la Torre, fijando el sistema económico como un "socialismo de Estado", en una de sus varias obras aún inéditas en castellano. Negó que los Incas hubiesen vivido en el comunismo antiguo, y tuvo razón. Había estudiado Historia en la Universidad de Viena. Guerrero retornó al Perú cargado de glorias académicas y castrenses. Postuló a una representación parlamentaria por Cajamarca, su tierra, pero esos comicios fueron anulados. Al año siguiente, cuando las gravísimas tensiones con Colombia, el gobierno de Luis M. Sánchez Cerro no lo convocó. Ese mismo 1932 fue llamado por el Presidente de Bolivia General Enrique Peñaranda, a fin de que sirviera como Asesor Militar en la guerra que aquel país sostenía con Paraguay. En 1936 la colonia peruana asentada en La Paz lanzó su precandidatura a la Presidencia de la República para las elecciones convocadas por el General Benavides, pero aquellos comicios acabaron anulados por la dictadura. En esos tiempos Guerrero tenía un programa radical, precursor, en cierta forma, del que enarbolaría el General Juan Velasco Alvarado, una treintena de años más tarde, tratando de unir pueblo y ejército. Pero la principal acción de nuestro personaje fue ñcomo dijimosñ la de haber recogido la versión de la Campaña de La Breña de labios del propio Mariscal Cáceres en los años de Berlín, Viena y Barcelona. La Historia del Perú estaría incompleta de no haber realizado esta notable tarea el entonces joven teniente Julio César Guerrero. Habría de morir, olvidado, de avanzada edad en 1976. Nadie ni nada evocan su prestancia en el Perú. Apenas una callecita apartada lo recuerda en su Cajamarca natal. Así es el Perú, que debemos componer: "madrastra de hijos propios; madre de los ajenos", como apuntaba Garcilaso. Dígalo si no el caso del extranjero Fujimori Fujimori y del peruanísimo Guerrero.