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Cotidianidad y violencia sexual en el conflicto armado

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Textual

"Los abusos que sufrieron adolescentes, viudas y embarazadas han sido muy poco sancionados dado que la violencia sexual se dio en un clima de permisividad e impunidad".


Narda Henríquez (*).-

En una guerra hay personas concretas, rostros, nombres, acontecimientos que no debemos olvidar. Cada muerte cuenta, cada desaparición duele. Pero el conflicto no es solo aquel que se presenta en las usuales narraciones épicas sino que penetra en la vida cotidiana. En el caso peruano esta cotidianidad se desenvolvió en un contexto caracterizado por la ausencia de instituciones públicas cercanas y donde las poblaciones solo cuentan con sus propios recursos y capital cultural. Y es precisamente en el terreno de la vida cotidiana, muchas veces invisibilizado, donde se desenvuelven principalmente las mujeres. Durante las acciones armadas las mujeres sufrieron diversas formas de violencia, pero fue la violencia sexual, que incluía desde el asedio hasta la mutilación y la violación sexual, una práctica vejatoria que estuvo destinada principalmente a las mujeres. Esta práctica fue generalizada y tolerada entre los diversos sectores del conflicto y vista como una falta menor.

Si bien es cierto que hay continuidad entre las prácticas usuales de violencia sexual y las practicadas en períodos de conflictos armados, existen diferencias. En primer lugar se trata de prácticas realizadas en escenarios en donde están las armas de por medio; por tanto hay riesgo de vida, la propia o la de familiares. El poder de las armas equivale a la ley del más fuerte, se pueden tomar pueblos, casas y cuerpos, hay una apropiación de la sexualidad y una invasión del mundo privado de las familias. En segundo lugar, la violación sexual se dio en un clima de permisividad e impunidad. Las violaciones de adolescentes, viudas, embarazadas, han sido en muy pocos casos sancionados. No sólo fue un acto individual, sino parte de una trama de relaciones, en las que la permisividad de los superiores implica responsabilidades institucionales, sobre todo si tomamos en cuenta que en muchos casos estas violaciones se produjeron en bases militares o centros penitenciarios.

En tercer lugar, la violencia sexual durante el conflicto no fue un tema prioritario en la agenda de las organizaciones por los derechos de las mujeres que se concentraron inicialmente en iniciativas legislativas respecto de la violencia contra la mujer y los derechos sexuales y reproductivos. Por último, como lo ha constatado la CVR, las propias mujeres frente a la pérdida o desaparición de sus seres queridos muchas veces restaban importancia a las violaciones sufridas en carne propia. La violencia política se instaló en la vida cotidiana, las armas en la cotidianidad durante varios años. En medio de masacres y violaciones, enfrentamientos y huidas, las mujeres debieron seguir cuidando a niños y ancianos, produciendo mientras podían, cuidando sus tierras y animales. Aun cuando participaran en la autodefensa las mujeres siguieron a cargo del cuidado de las familias. Viudas o casadas debían llevar la comida a los ronderos, escapar a las cuevas cuando acecha el enemigo, vigilar, y, en algunos casos, aprender a usar armas mientras cantaban un qarawi .

* Catedrática, Universidad Católica