Pruebas de la falsificación de firmas de Code-Renovación

El partido de Rafael Rey falsificó firmas no solo en cantidades masivas, sino copiando hasta los errores del padrón de votantes. En por lo menos tres regiones se detectó el mismo patrón de falsificación, pero el fujimorato actuó de encubridor.

Rafael Rey y José Barba tienen mucho que explicar a las autoridades sobre la masiva falsificación de firmas de Code-Renovación. Haga click en la imagen para ver los documentos.

Datos

1. RESPONDE. Anoche Rafael Rey declaró vía telefónica al programa de César Hildebrandt y en Canal N. Dijo que La República intenta desacreditar la investigación que él realiza sobre la falsificación de firmas de Perú Posible y que había rencillas personales en su contra. “En 1999 yo pedí que se investigara este caso”, dijo. 2. LO ESPERAN. La comisión Villanueva y el fiscal Arturo Chalco lo citarán a declarar para que aclare la falsificación de firmas que la ONPE descubrió en 1999, cuando su partido se inscribió en el JNE para participar en las elecciones del 2000. 3. INVESTIGA. La comisión Villanueva aseguró ayer que una vez que se encuentren pruebas en Code-Renovación, como las que publica hoy La República, profundizarán las investigaciones.4. FISCALÍA. La Fiscalía ha iniciado la búsqueda del expediente de la denuncia que ONPE le presentó en 1999, para incluir las pruebas en la indagación que realiza el fiscal Arturo Chalco Cornejo.


FUE UNA FÁBRICA • El partido de Rafael Rey falsificó firmas no solo en cantidades masivas, sino copiando hasta los errores del padrón de votantes.
• En por lo menos tres regiones se detectó el mismo patrón de falsificación. Pero el fujimorato actuó de encubridor.

Flor Huilca y César Romero.

Rafael Rey Rey y José Barba Caballero unieron sus destinos electorales en la agrupación política Code-Renovación. Presentaron ante la ONPE planillones con la astronómica cifra de dos millones de “adherentes”.

Pero la ONPE le reconoció la validez de apenas 499 mil firmas. Como vimos en la edición de ayer, hubo tantos y tan reiterados síntomas de irregularidades, que hasta la ONPE de Portillo se consideró obligada a pedir que se investigue.

La entonces presidenta de la Comisión Ejecutiva del Ministerio Público y ex fiscal de la Nación, la muy notoria Blanca Nélida Colán, protegió a Rey y Barba concluyendo que las falsificaciones de firmas eran solo “una falla administrativa” y que el caso debería volver al Jurado Nacional de Elecciones, presidido por Luis Serpa Segura.

Ahí se archivó el expediente. Sin embargo, archivado o no archivado, las evidencias quedaron ahí, en blanco y negro, listas para ser recordadas e investigadas en serio.

Pero el expediente se dio por desaparecido. Con ello, más de uno creyó que las pruebas de falsificación masiva de firmas habían desaparecido.

La República ha encontrado, sin embargo, partes importantes de ese expediente. Este diario los pone hoy al descubierto.

Los documentos son parte de una investigación que realizó la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) en 1999, cuando Code-Renovación buscaba una inscripción como partido político.

La cantidad de irregularidades que se detectó en ese momento era tal que ni siquiera el paraguas de impunidad con que el fujimorismo protegió a Rey y Barba pudieron evitar que José Portillo Cambell pida que se identifique a los responsables.

Estos documentos desmienten, entre otras cosas, la explicación con la que José Barba quiso justificar los casos de falsificación en su descargo hecho el 24 de agosto de 1999.

Por ejemplo, Barba dijo: “Al no contar con un número suficiente de personas que recolecten firmas, nos hemos visto obligados a contratar a cientos de personas”, manifestando además que el trabajo de recolección de firmas, sobre todo en Lima, es controlado por los supervisores o encargados de grupo, los que lo pasan por un control de calidad, valiéndose de su criterio, para luego ser digitado y entregado al JNE, y que “aun así y a pesar del esfuerzo, no es posible evitar que sean engañados”.

La fábrica

Si la explicación de Barba fuera cierta, y hubieran sido enga-ñados por los recolectores callejeros de firmas, el patrón de fal-sificación hubiera sido aleato- rio, discontinuo y, sobre todo, imaginado. Con firmas y nombres inventados.

Pero si los planillones de adherentes corresponden casi con exactitud a listas de padrón electoral, ello quiere decir que los falsificadores trabajaron con el padrón a la mano. Es decir, en una fábrica de firmas. Como lo hizo Perú 2000 y como se acusa ahora a Perú Posible de haberlo hecho también.

El concepto de “fábrica de firmas” requiere: a) acceso al padrón electoral; b) local adecuado para la transcripción y falsificación; y, c) personal suficiente para falsificar masivamente.

En el caso de Code-Renovación, lo que está absolutamente claro, según los documentos que hasta el entonces gerente de Gestión Electoral de la ONPE, José Cavassa, se vio forzado a refrendar, es que tuvieron acceso al padrón electoral y que falsificaron masivamente.

Según el informe Nº 307-99-GGE/ONPE, Code-Renovación usó el padrón de las elecciones municipales de 1998 para copiarlos a sus planillones de adherentes.

En algunos casos, casi todos los votantes registrados en una mesa figuraron, falsamente, como adherentes de Code-Renovación. La copiadera fue tan escandalosa que hasta los errores se copiaron.

Por ejemplo, la página 53563 del padrón de adherentes de Code- Renovación consigna el nombre de John Walter Lázaro Juárez y su LE 18224558. Hasta allí nada parece irregular, pero la firma que figura en el padrón no pertenece a este ciudadano, ni siquiera como imitación o invención.

La firma corresponde a Johnny Aldo Farro Gamarra, quien en las elecciones municipales de 1998 fue presidente de la mesa de sufragio 091123, del distrito de la Esperanza, provincia de Trujillo, La Libertad, a la que pertenecía Lázaro Juárez, quien no votó en esa elección.

¿Qué ocurrió? Sucede que el presidente de esta mesa de sufragio, Farro Gamarra, en lugar de poner “no votó” en el casillero de los omisos, firmó por error en el lugar de los electores que no se presentaron a la votación. Por eso, su firma aparece en varios casilleros del padrón.

Obviamente, los falsificadores de Code-Renovación desconocían este hecho y, al momento de transcribir la lista de votantes del padrón de electores a su planillón de adherentes, consignaron también el nombre de Lázaro Juárez con la firma equivocada de Farro Gamarra, el presidente de mesa.

Es decir, no puede haber ma-yor demostración de que tuvie-ron por delante el padrón de electores para copiarlo, con todo, hasta con los errores.

¿Eso lo pueden hacer falsarios callejeros? Obviamente, no. Eso requiere una “fábrica de firmas”.

Pero si esto no es suficiente, otro hecho que llama la atención es que en la lista de adherentes de Code-Renovación figura también la firma de Miriam Gladys Ríos Correa. Ella es electora de la misma mesa que presidió Farro Gamarra. Fue también omisa, y el presidente de mesa firmó por ella en el padrón de votantes.

Sin embargo, como su nombre estaba a seis casilleros de la firma falsificada de Lázaro Juárez, los falsificadores de Code-Renovación le colocaron una firma diferente, que no corresponde, por supuesto, a la firma de Ríos Correa que figura en el Reniec. Esta es otra prueba clarísima de un esfuerzo sistemático de falsificación.

Acceso al padrón

Entonces, quedó absolutamente claro que Code-Renovación hizo gran parte de su masiva falsificación de firmas con el padrón electoral de las elecciones municipales de 1998.

Ante eso, y pese a la gran cercanía de Rafael Rey con el gobierno de Fujimori, a la ONPE no le quedó otro remedio que investigar internamente el caso y pedir al Jurado Nacional de Elecciones que lo denuncie ante la Fiscalía, puesto que, como dice su informe, “este hecho podría constituir un delito electoral”.

Lo interesante es que una parte importante de esta falsificación se descubrió en el lote de firmas dadas por válidas. Nada menos que un conjunto de 7,534 firmas supuestamente válidas resultaron identificadas como parte de esta copia masiva del padrón.

Otro detalle interesante, por lo que revela el modus operandi, es que los padrones elegidos para la falsificación correspondían en gran medida a provincias alejadas de Lima.

Varios de los casos identificados de falsificación masiva de firmas correspondieron a planillones de adherentes de Madre de Dios, Piura (Castilla, Piura, Tambo Grande y Cura Mori) y San Martín.

Están las pruebas, numerosas e irrefutables de la fábrica de Code-Renovación. Ahora faltan los testigos, que digan dónde y cómo se realizó la falsificación. ¿Los buscará Rafael Rey con la misma persistencia con la que busca a los Burga Cachay de este mundo?

Mañana veremos cómo, luego de que la ONPE se viera obligada a revelar la falsificación, el Jurado Nacional de Elecciones y la Fiscalía de la Nación se pusieron en acción para encubrir a Code-Renovación y permitir que el partido de Rafael Rey se inscribiera y pudiera participar en las elecciones del año dos mil.


Trece millones de firmas falsas en 17 partidos

1. A fines de diciembre de 1999, luego de que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) revisara sus firmas, el Jurado Nacional de Elecciones aceptó la inscripción política de Code-Renovación. Rafael Rey dijo entonces que fue el resultado de tres años de trabajo que le costó mucho esfuerzo y dinero.
2. El movimiento político de Rafael Rey presentó en total 2’270,335 firmas de adherentes, de las que se declararon hábiles solo a 837,439 rúbricas, que eran las que reunían todos los requisitos solicitados, lo que permitió que al final del proceso de revisión se diera por válidas un total de 499,005 firmas, al des-contarse las personas que aparecían respaldando a otros grupos políticos. La ONPE encontró que un millón 418 mil 331 firmas presentadas por Code eran no hábiles, es decir eran falsificadas, incompletas o no coincidían con las originales registradas en el padrón electoral.
3. Un reporte de la ONPE, del 19 de enero del 2000, indicó que las 17 agrupaciones políticas que solicitaron su reconocimiento ante el JNE para las elecciones de dicho año presentaron en total 22 millones 528 mil 349 firmas, un número muy superior al padrón de electores. De ese número se determinó que 13 millones 292 mil 56 firmas eran falsas, adulteradas o no coincidían con las originales. Las firmas válidas llegaron a solo 5 millones 276 mil 919 firmas. Para su inscripción, las agrupaciones políticas necesitaban tener 496 firmas de adherentes, el uno por ciento del padrón electoral.
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