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Aula Precaria. Misión de la universidad

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Por Luis Jaime Cisneros

Luis Jaime C isneros

En las últimas semanas varias universidades han convocado a ceremonias especiales para inaugurar el año académico. Unas han aprovechado también para despedir a la última promoción de egresados. Ambas ocasiones han servido para enfatizar cuál es realmente la misión de la universidad. En casi todas las ceremonias, se ha enfatizado la responsabilidad de ser ‘formadora de hombres’. Ciertamente esta afirmación no es una alegoría palabrera. No se forma a un hombre convirtiéndolo en receptor de un saber. Lo formamos si logramos desarrollar en él capacidad de aprender; capacidad para hallar soluciones a cada problema nuevo y capacidad de búsqueda, de creación e innovación. No se forma a un hombre convirtiéndolo en especialista. Acertamos en su formación si lo vamos ‘abriendo’ a distintas disciplinas, escrutando horizontes, asegurando de ese modo la posibilidad de que pueda ‘cambiar’ dentro de su profesión.

Hoy no podemos limitarnos a preparar sólo para una profesión, y menos para una determinada especialidad. Solo abriéndonos a las posibilidades de una cultura general asume su carácter formativo una universidad moderna. Tampoco se forma un hombre encerrándolo dentro de rígidos planes científicos o culturales, sin que tales planes incidan sobre el carácter y el sentido social. Cuanto más interdisciplinaria sea hoy una institución de enseñanza superior, más abierta estará a la crítica, a la acción personal y a los juicios valorativos. Cuanta más responsabilidad ofrezca a los estudiantes en su propio desarrollo material o intelectual, tendrá más carácter de universidad, porque será, por fin, una red de integración. Cada vez más, la universidad consiste en una realidad interdisciplinaria. Cada día resulta una red de enseñanza integrada, pero diferenciada. Lo que el alumno llama ‘profesiones diferentes’ son formas diversas de una misma vocación. Toda institución de nivel universitario debe imponer ese criterio si quiere realmente consagrarse a una tarea formativa.

Toda enseñanza superior debe aspirar a un objetivo básico: "asegurar al hombre el más completo desarrollo de su persona, según sus capacidades". Esto significa que el modo en que esos objetivos se realicen depende exclusivamente de las aptitudes y las aspiraciones de cada alumno. No implica, por cierto, que se busca obtener las mismas capacidades, en la misma medida, en todos los alumnos. Significa reconocer que, aun cuando los objetivos son claros y uniformes, habrá formas distintas de aplicación.

Se nos preguntará por qué decimos esto y ahora. Porque hoy el estudiante no puede ser un mero receptor de conocimientos. No es objeto de instrucción, sino agente; y tiene que estar comprometido con su diseño y ser responsable de la implementación de las estrategias de aprendizaje. No viene a que le demos instrucciones, sino a recibir formación. No nos corresponde imponer conocimientos, sino estimular la curiosidad y avivar el aprendizaje para provocar, de ese modo, el riesgo y la aventura del conocimiento. El conocimiento implica una aventura creadora. Por eso hablamos de ‘formación’. Ahora es cuando debemos comprender que el alumno aprende a convertir toda información en instrumento de formación y de su conocimiento. Sólo así se capacitará para tomar decisiones. Nuestra tarea es ayudarlo a ponerse en condiciones de desarrollar su propio plan de aprendizaje. No es tarea fácil, lo admito. Y menos ahora. Los muchachos vienen de una secundaria endeble poco propicia al estudio y la reflexión. Viven en un mar de oscuras dificultades. Educados para ‘pasar exámenes’, no advierten que la vida profesional a que aspiran está incorporada a esta etapa que se inaugura en la universidad. Es una vida de estudio y de reflexión, porque toda profesión comporta estudio y perfeccionamiento constantes, a fin de estimular el espíritu creador. Este cultivo de la ‘dimensión interior’ es el más rico y fecundo que la universidad ofrece. Hay que aprender a descubrirlo y a cultivarlo: las prácticas; la consulta bibliográfica en libros y revistas especializadas; la organización de grupos de estudio y de debate; los apuntes y la preparación de exámenes no pueden ser desde ahora trámites momentáneos sino operativos que hay que diseñar y con los que hay que vivir comprometidos. Eso es la universidad.

luisjaime.cisneros@laposte.net