Sendero pretende sorprender a comunidades con otro discurso

Ahora les piden que no les teman y dice que no tocarán a pueblos. Pero comuneros no olvidan que ellos fueron sus víctimas.

• Ahora les piden que no les teman y dice que no tocarán a pueblos. Pero comuneros no olvidan que ellos fueron sus víctimas.

Por María Elena Hidalgo.
Unidad de Investigación.
Fotos: Yanina Patricio.
Tambo, La Mar. Ayacucho.

Sin defensa. Comuneros de Huiscas mostrando una de las tres armas que cuentan para defenderse de Sendero Luminoso.

El miedo otra vez aprieta el corazón de la gente de este pueblo. Es el mismo miedo que hace más de veinte años los impulsó a escapar dejando atrás sus hogares, sus animales, todo lo que habían soñado. Es el miedo a Sendero Luminoso que ha regresado, pero esta vez con disfraz de cordero.

"Cuando los vimos, todo el miedo de antes volvió", dijo sollozando Adelaida Quispe Carbajal, que huyó en 1983 asustada porque los terroristas mataban a cualquiera que no compartía sus ideas. Los vio cara a cara en su pueblo de Huiscas, una de las 43 comunidades que componen el distrito de Tambo. Los subversivos visitaron su tienda, pero a diferencia de los años de plomo, en que robaban en nombre de la "guerra popular", esta vez pagaron cada centavo por el arroz, sal y aceite que se llevaron. Es la nueva estrategia de SL para ganarse a la población. Compran lo que quieren con el dinero que les provee el narcotráfico.

De pueblo en pueblo

Sendero en tres comunidades de Ayachucho. Haga click en la imagen para ampliar.

"Nos dijeron que no nos asustáramos, que no les temiéramos, que todo había cambiado", explicó Adelaida Quispe, sin ocultar su temor: "Nos dijeron que no iban a tocar al pueblo, que solo castigarían a los ladrones". Las incursiones se produjeron entre fines de junio y comienzos de julio de este año. La República visitó a las tres comunidades donde subversivos armados se hicieron presentes.

Con una conducta y lenguaje distintos, hoy los senderistas penetran en las comunidades para mezclarse con los pobladores de las comunidades y ganárselos para la "guerra popular".

Los campesinos estaban habituados a divisarlos por las alturas, pero no ingresaban en los poblados. Huiscas, Usmay y Chacco Pamparaccay son comunidades por las que las columnas de Sendero Luminoso deben desplazarse obligatoriamente para dirigirse desde su centro de operaciones en Vizcatán hasta la carretera San Francisco-Huamanga. Por esa ruta transitó el grupo terrorista que secuestró a 71 trabajadores de la constructora Techint, el 9 de junio de 2003. E hizo lo mismo la columna que el 16 de diciembre de 2006 emboscó y asesinó a cinco policías y tres civiles en la zona de Machente, en San Francisco.

En Huiscas los senderistas conversaron durante cuatro horas con la única profesora de la comunidad. Le entregaron material subversivo para que organice las "escuelas populares" que pretenden volver a sembrar a escala como en los viejos tiempos.

Listos para la guerra

Olvidados. Sus comunidades están conformadas por 'retornantes' que decidieron volver un vez pacificada la zona. La idea de abandonar sus tierras vuelve a rondar.

El miedo en Huiscas, después de la aparición de los senderistas, es comprensible si se tiene en cuenta que, luego de 16 años de haber escapado de la comunidad, la población que sobrevivió regresó en 1999 una vez que el Ejército pacificó la zona. Escaparon 50 familias pero solo 37 pudieron retornar. El resto –aproximadamente 61 pobladores-- murió en la matanza de Huayao, donde una parte de los huisqueños se había escondido de la persecución terrorista. Los senderistas pertenecen al grupo del camarada "Alipio", Ronaldo Huamán Zúñiga, ex lugarteniente de Oscar Ramírez Durand.

Según los pobladores, los senderistas les han pedido que les digan a los policías y militares que vayan a buscarlos porque van a recibir su merecido. Están dispuestos para el combate. El grupo cuenta con fusiles AK-47 y Galil, además de una ametralladora pesada que robaron al helicóptero Mi-17 que emboscaron el 2 de octubre de 1999, en Anapati, Satipo.

Juan Nolasco, poblador de Huiscas, se cruzó con los senderistas antes de que incursionaran en el pueblo. En un primer momento los confundió con policías debido a su vestimenta. "Les pregunté quiénes eran y dijeron que 'compañeros'. Les dije que no debían ingresar en las comunidades porque el gobierno nos va a marginar. Uno de ellos respondió que había 'soplones' entre la comunidad. Yo les contesté que teníamos que informar a la policía porque era nuestra obligación. Ellos me contestaron: 'Sí, díganles que vengan, díganles que andamos por acá, que vengan por nosotros que los estamos esperando. Pero ustedes tienen que venir detrás de ellos porque nos vamos a enfrentar', nos amenazó".

"¡Digan que estamos aquí!", también repitieron los subversivos cuando estuvieron en la comunidad de Chacco Pamparaccay. Se dirigieron directamente al colegio. Los varones de la comunidad al verlos los confundieron con los militares, por lo que todos fueron a la escuela para conversar con la "autoridad".

Redoble de tambores

Adelaida Quispe. En su tienda los terroristas pagaron por lo que llevaron.

"Nos dijeron que estuviéramos tranquilos y que buscaban nuestro apoyo. La comunidad les recriminó, les recordó que así empezaron en los años 80 y que luego trajeron sufrimiento. Ellos respondieron que esa era la política anterior y que ahora solo nos iban a cuidar y apoyar", relató el presidente comunal del Chacco Pamparaccay, Feliciano Yucra Quispe. Los habitantes de esta comunidad también son "retornantes", es decir, familias que luego de huir de la barbarie senderista regresaron a su pueblo.

"Nosotras rogábamos a Dios para que no entren en las casas. Llorábamos, todo el miedo de los años 80 volvió", narró la comunera Paulina Carhuas Lecche. La última vez que tuvo un encuentro con los senderistas fue en 1984, luego de lo cual Paulina Carhuas abandonó la comunidad y se refugió en Huamanga. "No quiero que se repita lo que pasó, por eso estoy pensando en volver a irme", explicó.

Luego de haber incursionado en Chacco Pamparaccay y haber pasado la noche en el colegio que habían tomado, la columna senderista se dirigió a la comunidad de Usmay. Allí buscaron a la enfermera de la comunidad, le compraron medicinas y le hicieron preguntas relacionadas con la planificación familiar. "La enfermera se encontraba en mi casa y la buscaron allí. Luego nos llevaron a la posta. Les pregunté si eran 'narcos' y me dijeron que no, que eran 'compañeros'. Ellos hacían preguntas sobre los métodos anticonceptivos y ella habló de las inyecciones. 'Esas inyecciones no sirven porque hacen daño', decían. Le pidieron a la enfermera que tratara de que no tuviéramos más hijos, que ella era la responsable", contó el comunero Alejandro Quispe Curo.

Los pobladores avisaron a la policía de las incursiones terroristas. La autoridad nunca se hizo presente. Eso aumentó el miedo y la sensación de abandono que asoló a las comunidades ayacuchanas durante la guerra interna.


Tambo, un pueblo que se salvó de morir

El miedo de las comunidades del distrito de Tambo, en la provincia de La Mar, es justificado porque los terroristas empezaron a incursionar las poblaciones en 1983 con la misma modalidad, y luego liquidaron a los comuneros que no se plegaban.

Entre 1983 y 1984, Sendero Luminoso tomó el control de las comunidades asesinando a las autoridades y reemplazándolas por "comisarios" y organizando a los campesinos en "comités populares". Al que se resistía, lo liquidaban "ejemplarmente".

Como consta en el informe de la Comisión de la Verdad, el distrito de Tambo fue uno de los más devastados por la guerra interna. Los pobladores de la provincia de La Mar estuvieron entre los primeros en rechazar a los senderistas, de allí que el alto mando terrorista ordenó el 'arrasamiento" de los "yana uma" (cabezas negras), como llamaban a los pobladores que formaban parte de las ronda contrasubversivas. El choque implicó centenares de víctimas.

Mañana: Pocas balas para enfrentar a Sendero.

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