Política

La Cantuta: tras las huellas de los estudiantes desaparecidos

Búsqueda incansable. Cinco universitarios secuestrados por miembros del destacamento militar Colina hace 30 años no se han hallado hasta ahora. Los familiares esperan recuperar sus restos en la exhumación que la Fiscalía tiene prevista realizar este mes en Cieneguilla. Solo así alcanzarán algo de paz.

Raida Cóndor, madre de armando. "Todas las noches pienso en él. Van a cumplir 30 años y no se encontró nada de él". Foto: Antonio Melgarejo/La República
Raida Cóndor, madre de armando. "Todas las noches pienso en él. Van a cumplir 30 años y no se encontró nada de él". Foto: Antonio Melgarejo/La República
María Elena Castillo

Raida Cóndor ha pasado los últimos 30 años buscando a su hijo Armando. Tenía 25 años cuando miembros del destacamento militar Colina lo secuestraron, junto a otros ocho jóvenes y un profesor de la universidad La Cantuta. Desde ese día empezó a caminar y tocar cientos de puertas para encontrarlo, pero hasta ahora no ha podido hallarlo.

“Cinco estudiantes siguen desaparecidos, entre ellos mi hijo. Espero que ahora sí podamos encontrarlo”, dice con cierta ilusión, pues la Fiscalía ha previsto realizar este mes una exhumación en Cieneguilla, donde en 1993 se encontraron restos calcinados y dos juegos de llaves, uno de los cuales era de su hijo.

Dora Oyague Fierro (21), Armando Amaro Cóndor (25), Felipe Flores Chipana (25), Heráclides Pablo Meza (28), Robert Teodoro Espinoza (24). Foto: composición/La República

Tiene siempre su foto colgada en el cuello, en la cartera, en su cuarto. La sala de su casa está llena de retratos y cuadros de Armando que forman parte de un proyecto de memoria en los domicilios de familiares de las víctimas de la violencia política.

Recuerda que el último día que lo vio, se iba a La Cantuta, donde estudiaba Electrónica, llevando una mochila y su zampoña. Se fue prometiéndole regresar el miércoles, pero a los segundos volvió. “Le dije: ¿qué pasó, papá? Él me respondió: Nada, he regresado a despedirme. Me abrazó fuerte y se fue”, relata Raida con voz entrecortada.

Lo siguiente que supo, por un compañero de universidad de su hijo, fue que la madrugada del 18 de julio de 1992 lo habían sacado de la residencia junto a otros estudiantes. Desde entonces día Raida no ha dejado de buscarlo en medio de su dolor, superando su cansancio.

“Fui a la Dincote, pero no lo encontré. A la comisaría, al hospital, y nada. Llegué a la universidad y fui al cuarto donde dormía. Me senté en su cama y cuando me agaché vi sus lentes, sus zapatos y el candado que habíamos comprado. Los recogí y me los llevé a mi casa”, precisa.

En La Cantuta conoció a los familiares de los otros secuestrados, con los que inició la búsqueda. “¡Qué los íbamos a encontrarlos si esa misma madrugada los asesinaron!”, dice apesadumbrada.

El primer año tenía esperanza de volver a verlo con vida. Pensaba que podría estar detenido en algún lugar y que en algún momento saldría libre. Pero no podía estar tranquila. “Había noches en que me echaba en el piso, pensando que tal vez él estaría durmiendo en el suelo. Entonces lo soñaba y me decía: ¿qué haces así? Y yo le respondía: esperando que llegues”, cuenta Raida, quien ha sido reconocida como madre del Bicentenario por su incansable búsqueda.

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Fosas de Cieneguilla

En julio de 1993 se formó una comisión investigadora del Congreso para investigar el caso La Cantuta. Su presidente, el parlamentario Roger Cáceres, recibió un sobre con un croquis de cuatro fosas en la quebrada de Chavilca, Cieneguilla; además había unos huesos calcinados.

Solo se exhumaron dos de dichos sitios de entierro, donde se encontraron cabellos, fragmentos de huesos y trozos de tela quemados. También hallaron dos juegos de llaves, en uno de ellos estaba la que encajó en el candado que Raida recogió en el dormitorio de donde sacaron a Armando. Otra llave abrió la reja y la puerta de su casa en el jirón Italia, La Victoria. Pero ni eso pudo guardar, porque se quedó como prueba en el Poder Judicial, donde terminó extraviándose.

“Ese día supe que Armando no iba a volver, que me lo habían matado. El mundo se me cayó”, cuenta. Tiene los ojos rojos llenos de las lágrimas contenidos durante años.

Prueba. En Cieneguilla hallaron las llaves de dos estudiantes. Foto: difusión

Cuatro meses después, en un terreno de Sedapal, en Huachipa, que da a la vía Ramiro Prialé, exhumaron un cuerpo completo, que resultó ser de Luis Enrique Ortiz Perea, así como un cráneo, y dos pies en cal viva, entre otros restos.

Al final, también se pudo identificar al profesor Hugo Muñoz y a los estudiantes Bertila Lozano, Juan Mariños, Marcelino Rosales. Sin embargo, aún no se ha podido hallar nada de Armando Amaro Cóndor, Dora Oyague Fierro, Heráclides Pablo Meza, Robert Teodoro Espinoza y Felipe Flores Chipana.

Carmen Oyague crió a su sobrina Dora desde que tenía cuatro años. Creció junto a sus hijos, como si fueran hermanos.

“Jamás imaginé perderla así. Quisiera poder encontrarla antes de que me vaya al más allá, y dejarla en el cementerio junto a sus amigos”, pide.

Hasta ahora no entiende por qué la secuestraron. Era una chica tranquila, estudiaba educación inicial, y llevan recién un mes en el internada de la universidad.

Carmen Oyague, tía de Dora. "Quisiera encontrarla antes de morir y dejarla en el cementerio junto a sus amigos". Foto: Antonio Melgarejo/La República

“La noche que la mataron soñé que se iba como por un túnel con una falda acampanada que aún guardo en su cuarto. Se iba en cámara lenta. Yo la llamaba y, de pronto, caí desplomada. Desperté llorando. No imaginé lo que había pasado”, indica.

Carmen y su familia han mantenido la habitación de Dora tal y como la dejó hace casi 30 años, la última vez que partió hacia la universidad.

Se enteró de la incursión al día siguiente, cuando leyó su nombre en La República. Desde entonces no han cesado de buscarla.

“¿Quién me devuelve la tranquilidad ahora? Solo me queda ir a su cuarto a llorar. Espero que ahora podamos encontrar sus restos para tener un poquito de tranquilidad”, refiere.

Lo mismo reclama Dina Pablo, tía de Heráclides, un estudiante de la especialidad de Física.

Crónica. La República, agosto 1993. Foto: Archivo La República

“Era un chico muy trabajador y estudioso, muy responsable. Vivió conmigo desde chico. Me decía mamá, el día que tenga profesión, te voy a mantener. Por eso tengo que estudiar, tengo que salir adelante”, recuerda.

Decidió quedarse a dormir en la universidad por la lejanía y porque no tenían dinero para los pasajes.

Dina recuerda que los viernes o sábados regresaba a su casa y la ayudaba.

“Para nosotros no pasan los años. Los familiares sufrimos por las personas que hemos perdido. Eran muchachos estudiantes, no los han encontrado en la calle haciendo algo malo, sino estaban en la universidad”, expresa entre sollozos.

Dina Pablo, tía de Heráclides. "Los familiares llevamos años sufriendo". Foto: Antonio Melgarejo/La República

Fosas pendientes

Gloria Cano, abogada de la Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh), que representa a los familiares de las víctimas de La Cantuta, remarca que algunos miembros del destacamento Colina que se acogieron a la colaboración eficaz, declararon que habían hecho cuatro fosas en Cieneguilla, pero en 1993 catearon varios lugares, pero solo en tres encontraron restos. “Esto hace presumir que aún hay una fosa adicional que no ha sido trabajada”, destaca.

Resalta que ese año la Fiscalía suspendió las diligencias, pero no protegieron la zona, poniéndola en riesgo pues años después fue llenándose con deshechos y más tierra por personas que estaban vendiendo terrenos cercanos.

“Esperamos que finalmente se realice la exhumación para ubicar los restos que faltan. Para los familiares es importante que lo hagan para poder cerrar sus heridas”, sostiene.

Agrega que, en el 2019, previo a la pandemia, el Equipo Forense Especializado (EFE) del Instituto de Medicina Legal trabajó un área en Huachipa, encontrando algunas falanges y otros huesos, sin embargo, no correspondían a los perfiles de ADN que tenían de los familiares. Aún está pendiente recoger las muestras de un par de familiares para culminar la diligencia.

Los familiares de los estudiantes que siguen desaparecidos tienen gran expectativa de hallarlos esta vez.

“Hay un Dios. Y no hay crimen perfecto”, dice Raida Cóndor. “Los negaron, dijeron que habían escapado, pero no fue así, los habían matado. Ahora solo queremos que nos los devuelvan”, pide, sin perder la fe.

Realizarán nueva exhumación

El fiscal Luis Valdivia, de la Segunda Fiscalía Penal Supraprovincial, lidera los trabajos de búsqueda y excavación que este mes se llevarán a cabo en Cieneguilla para buscar los restos que faltan de los estudiantes de La Cantuta. Durará entre 18 y 20 días.

Informa que estará a cargo del Equipo Forense especializado (EFE) del Instituto de Medicina Legal y contarán con el apoyo de la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas, que se asumirá el costo de la maquinaria para retirar la tierra que actualmente hay sobre las fosas y el traslado de los familiares. La Fiscalía cubrirá los demás gastos.

Peritos. Equipo Forense Especializado usa técnicas modernas.

El coordinador de las Fiscalías Supraprovinciales de Derechos Humanos, Daniel Jara, destaca el esfuerzo conjunto que están realizando para hallar a los desaparecidos.

Explica que se iba a llevar a cabo en abril del 2020, pero se suspendió por la pandemia.

Acota que el EFE ha hecho prospecciones y para determinar la zona han usado técnicas modernas, como el uso de drones, pues con los años ha cambiado, se ha tapado varias áreas con montículos de varios metros de tierra.

La clave

Si tiene información que ayude a encontrar a los estudiantes de La Cantuta, llame a la Dirección General de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Teléfono 204-8020, anexos 2921 y 2923.