Política

El día que Alberto Fujimori disolvió la democracia: a 30 años del autogolpe del 5 de abril

El traumático evento que vivió el Perú el 5 de abril de 1992 no solo censuró a todas las instituciones que generan balance de poderes, sino que además fue un duro golpe a la libertad de prensa y a la estabilidad del país.

Alberto Fujimori no solo cerró el Parlamento sino también las demás instituciones que definen el balance de poderes. Foto: composición Jazmín Ceras/La República
Alberto Fujimori no solo cerró el Parlamento sino también las demás instituciones que definen el balance de poderes. Foto: composición Jazmín Ceras/La República
Andrea Abanto

El autogolpe del 5 de abril de 1992, efectuado por el expresidente Alberto Fujimori, es en definitiva uno de los eventos más traumáticos de la política peruana. El acto de invalidar al Poder Legislativo, así como al Poder Judicial, al Consejo Nacional de la Magistratura (ahora Junta Nacional de Justicia), al Tribunal Constitucional, al Ministerio Público y la Contraloría bajo la justificación de “reestructurar” dichas instituciones, es una huella que 30 años más tarde permanece en la población.

He decidido tomar las siguientes trascendentales medidas. Primero, disolver temporalmente el Congreso de la República (…)” inició el mensaje de Fujimori.

“Segundo, reorganizar totalmente el Poder Judicial, el Consejo Nacional de la Magistratura, el Tribunal de Garantías Constitucionales y el Ministerio Público para una honesta y eficiente administración de justicia. Tercero, reestructurar la Contraloría General de la República (…)”. Con este anuncio televisado, el Perú se quedó estupefacto y atemorizados por lo que vendría más adelante.

Fujimori no tardó en hacer sentir el peso del control que ejercía sobre los organismos del Estado, y mientras él ordenaba el cierre de las instituciones que aportan a balance de poderes, mandó a perseguir a líderes del APRA y el PPC, a quienes arrestó u obligó a huir del país. Ese, fue el caso del expresidente Alan García, quien tuvo que buscar asilo en Colombia.

La represión contra los derechos humanos no se detuvo ahí, sino que además alcanzó a medios de comunicación para intentar censurarlos: el director de la revista Caretas, Enrique Zileri, quedó detenido, las oficinas de La República fueron intervenidas, y el periodista de investigación Gustavo Gorriti fue secuestrado.

“Lo que pasó ese 5 de abril fue un golpe de Estado que fue cuidadosamente planeado. No estoy del todo seguro de cuánto en los cálculos de Fujimori, pero de Montesinos sin ninguna duda, básicamente, desde el comienzo del Gobierno. Fue a buscar las condiciones para hacerlo posible. Fue incluso a tratar de manipular la situación y que esta pudiera agravarse para poder justificar la medida extrema de un golpe de Estado”, dijo Gorriti en entrevista con Paola Ugaz, el pasado 1 de marzo.

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Continuó la dictadura y represión

El día siguiente del fatídico anuncio, las Fuerzas Armadas se encargaron de sitiar a Lima con tanques y militares, quienes se encontraban supervisando las principales avenidas ante cualquier eventual disturbio, como si la represión fuera el mecanismo correcto para controlar a la población.

Tras el autogolpe ejecutado por el padre de Keiko Fujimori, lideresa de Fuerza Popular, quien actuó en complicidad con su asesor Vladimiro Montesinos, se instauró el ‘Gobierno de Emergencia y Reconstrucción Nacional’, que solo sirvió para continuar encubriendo actos de corrupción y perennizar su dictadura.

No fue hasta que la Organización de Estados Americanos hizo un llamado a Alberto Fujimori para que este convocase a elecciones del entonces denominado Congreso Constituyente Democrático, que dio como consecuencia la Constitución de 1993, aprobada por referéndum y la que permitió al exdictador reelegirse en 1995.

Alberto Fujimori usó y abusó de su poder como presidente del Perú, corrompió a la instituciones, sobornó a los actores políticos y manipuló a los medios de comunicación durante los años que se mantuvo en el cargo, hasta que su tiranía llegó a su fin cuando se difundieron videos de Vladimiro Montesinos sobornando a varias autoridades y políticos.

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El ocaso de Fujimori

El escándalo generado por el material audiovisual revelado era insostenible, tanto que el exmandatario decidió fugar de Perú bajo la excusa de una actividad política, el 13 de noviembre del 2000. No obstante, Alberto Fujimori nunca llegó a Panamá para su supuesta participación de X Cumbre Iberoamericana, sino que se instaló en Tokio, Japón, y haciendo uso de su nacionalidad para no enfrentar a la justicia peruana, el 19 de noviembre renunció por fax desde aquella ciudad.

Pese a todo el caos que generó el fujimorismo de entonces, el exdictador no se ha mostrado arrepentido. Inclusive, la última vez que se pronunció orgulloso sobre el tema fue en el 2017 desde el penal de Barbadillo, donde cumple 25 años de prisión por cometer delitos contra los derechos humanos, entre otros.

“Para hacer tortillas hay que romper huevos. Alguien tenía que hacerlo. Desde la cárcel les digo que ¡valió la pena!”, publicó en su Twitter.